De Luis y de mí

Por María Sabine Santana

Hemos escuchado muchas veces la frase de que “el interés tiene pies”. Gracias a Luis aprendí que además de pies, el cariño tiene manos, dedos, ojos y voz. El cariño pide disculpas cuando se equivoca y se vulnera cuando hay que hablar de las cosas que hacemos mal. 

Luis y yo somos amigues desde agosto de 2019, cuando él volvió de su intercambio en Siena. En la primera fiesta del semestre, yo estaba intrigada. A pesar de llevar años en la misma escuela, en la misma generación, nunca habíamos cruzado palabra, más que mensajes directos mientras él seguía en Italia. 

Los días siguientes no los recuerdo muy bien. Ese fin de semana fuimos a cenar. Nunca me había reído tanto en una cena. Hablamos de cine, de arte, de Italia, de la historia de su familia, que resultó ser la historia más extraña del exilio español.

Esa noche, justo pasando debajo del puente del periférico intersección con Picacho Ajusco, pensé muy claramente: “qué feliz soy de que ahora tendré en mi vida un amigo para ver películas de terror”. Yo no era consciente de que para Luis, esa cena había cido una cita. Y ahora podrían creer que ese sería el principio de una historia un poco triste o un poco caótica. Esa historia clásica sobre cómo una persona le rompe el corazón a otra, o de cómo un hombre no puede cuidar la amistad de una mujer. La casualidad más bonita de ese año de mi vida es que no lo es, es el inicio de una historia que me enseñó la clase de persona que quiero ser

Le escribí al siguiente día. Le expliqué que yo no estaba lista para tener una relación nadie y que le ofrecía mi más comprometida amistad. Pasaron algunos días en silencio. Llegué a temer que Luis nunca querría o nunca podría ser mi amigo. 

Un día me pidió hablar en la reserva natural de El Colegio. Me leyó un cuento precioso sobre una serpiente que vagaba en un túnel, sola, hasta que después de mucho tiempo se encontraba con otra. El cuento resultó ser sobre mí. Me explicó que, por motivos que no revelaremos en este relato, lo que sucedió esa noche había sido algo muy especial para él. También me contó que después de que le dije que no podía construir una relación romántico afectiva, tuvo algunos malos días. 

Una tarde entendió que esa ansiedad en realidad no la provocaba yo ni ninguna otra persona, me dijo que entendió que necesitaba sanar viejas y profundas heridas, trabajar más en él mismo y pacificar su vida. 

Una noche movimos las mesas y las sillas de un salón del Colmex, prendimos un proyector y metimos sillones. Nos robamos snacks de un evento del Seminario Permanente de Política Pública y nos acompañamos en mi primera vez viendo “Psicosis”. Yo recuerdo esa noche como una de las más felices de mi vida en la universidad. Y sé lo que pensaban todos los ojitos que nos observaban, pero no, esta no fue clase de historia. 

Durante todos esos meses yo salí con tantas personas que era francamente estúpido. Una escena: yo evitando encontrarme en la biblioteca con un ex colmeca que me hizo llorar de la culpa en un taxi, recogiendo un café que me mandaba un psicópata al que yo le seguí dando el beneficio de la duda hasta que me bloqueó de todas partes, para después tomármelo al lado de alguien que seguía conmigo aunque ya me había dicho a la cara que él sabía que yo no lo quería. Como dijera Taylor: a circus ain’t a love story

A lo largo de esos meses, al mismo tiempo que dejaba regados pedacitos de mi alma en todas partes, aprendía a diario cosas nuevas de mi amistad con Luis. Aprendí que el cariño que se cuida, no se destruye, solo se transforma. En esos meses yo peleaba en otro frente una batalla por conservar y cuidar el cariño que le tenía a otra persona. 

Vía tumblr

Me imaginaba que yo podía ser igual de madura e igual de cariñosa que como Luis había sido conmigo, y que la otra persona lograría quererme y respetarme tanto como yo a Luis. Lamentablemente no lo logramos del todo. La irresponsabilidad y el miedo me obligó a alejarme poco a poco hasta que el cariño inmenso se esfumó y quedaron restos tristes de lo que pudo haber sido un amistad de por vida. Y Luis estuvo ahí cuando eso pasó

También estuvo ahí, en una calle de la Roma esperándome mientras yo temblaba de miedo porque la persona con la que estaba saliendo era un hombre muy violento. Esa noche Luis pasó por mí para ir a cenar. Él era la única persona que sabía dónde estaba en realidad. Mis amigas pensaban que estaba con él, mi mamá pensaba que estaba con mis amigas, y yo estaba ahí, temblando de miedo

Luis y yo hablamos mucho tiempo de los chismes de la vida y la academia, después hablamos de nosotres. Le dimos sentido a nuestro cariño, nos explicamos lo que sentíamos y concluimos que todo lo que teníamos lo teníamos porque lo habíamos decidido.

Me hubiera gustado entender en ese momento que esa era la forma en la que se hablan las cosas, que así se veían la salud y el cariño. Para mi desgracia, me costaría todavía mucho tiempo entenderlo. Esa noche volví a ese departamento en la Roma. Recuerdo la presión en mi pecho cuando toqué la puerta porque no sabía si D me abriría. Cuando sí lo hizo, le dije que la única razón por la que había disfrutado mi cena era porque sabía que volvería con él. Así de tanto miedo le tenía

Luis no es perfecto. Ha hecho cosas que me han lastimado, pero cada vez que me ha pasado ha vuelto a pedirme disculpas y cada vez hemos mejorado. Esa forma suya de decir que lo siente me dice al mismo tiempo que me quiere. 

Estructura de una disculpa de Luis:

  1. Decir que necesitamos hablar. 
  2. Pedir disculpas, explicando el comportamiento específico por el que las pide. 
  3. Decirme “te quiero”.
  4. Preguntarme cómo me siento.
  5. Prometer que no pasará de nuevo.

Aprendí de su forma de decir “lo siento”. Yo no soy perfecta. Yo he hecho cosas que lo han lastimado. Y lo lamento. Y se lo digo. Y le digo que lo quiero. Y le pregunto cómo se siente. Y nos prometo que no pasará de nuevo.

Todo esto me hace preguntar ¿qué es ese valor subyacente que nos trae siempre de vuelta? Y recuerdo lo que me dijo cuando nos conocimos: “mi más grande deseo es ser una casa, una hogar, para todas las personas a las que quiero”. Y es eso, así se siente para mí el cariño duradero, con esta vara mido mis afectos

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