De inconstitucionalidades, luchas, resistencias y acompañamientos

El pasado martes 7 de septiembre, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucional sancionar a quienes deciden interrumpir su embarazo y, después de una discusión que empezó el día lunes y que a muchas personas nos tuvo al pendiente y con los nervios de punta, se obtuvo un fallo histórico a favor de los derechos humanos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Si bien desde ese día hemos estado con las emociones a flor de piel por la alegría del enorme avance y por la pauta que se establece de ahora en adelante, en este texto me gustaría darle cabida no sólo a la explicación de lo ocurrido en la SCJN, sino también (y sobre todo) al recordatorio de toda la lucha y resistencia que hay detrás de lo ocurrido y que acompaña al hecho de que, en tan sólo lo que va del año, se haya despenalizado el aborto en tres estados del país.

Primero que nada, ¿qué pasó? Como ya muchas organizaciones, colectivas y personas nos han hecho favor de explicar a quienes no nos dedicamos al derecho (y que nos revolvemos con el lenguaje que éste suele utilizar), La SCJN declaró por unanimidad, con diez votos, la inconstitucionalidad del artículo 196 del Código Penal del Estado de Coahuila, el cual sanciona con uno a tres años de prisión a las mujeres y personas gestantes que deciden abortar. Es decir, en dicho estado se despenalizó el aborto al declarar que éste no debe ser considerado un delito sujeto a enjuiciamiento y presión, sino, más bien, una opción voluntaria para quien se somete a él.

En segundo lugar, ¿hasta qué nivel esto aplica para todo el país? La modificación al Código Penal sólo aplica para Coahuila, sin embargo, tal y como lo explica el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), “con esta sentencia, las y los juzgadores, tanto locales como federales, tienen la obligación de aplicar los argumentos expuestos por la Corte en esta decisión para resolver los casos que conozcan, y tanto legisladoras como legisladores de las entidades donde aún se restringe y castiga el ejercicio de la autonomía reproductiva cuentan con criterios avalados por el máximo tribunal para despenalizar el aborto clandestino”. Es decir, la despenalización se dio para Coahuila, pero las bases de la discusión y la conclusión de la SCJN sientan un precedente para todas las entidades del país. Así pues, en Coahuila, las personas encarceladas por haber abortado deberán recuperar su libertad y, las que estén en otros estados, podrán ampararse bajo los mismos criterios expresados en el pleno de la SCJN.

Ilustración: @sofiaweidner

Después de este mini resumen (que espero haya sido claro y no tan revoltoso) hay muchas cosas que me gustaría reconocer y celebrar. Por una parte, la discusión que se sostuvo entre los y las ministras de la SCJN fue, sin duda alguna, de otro nivel. Por mi parte, confieso que quería anotar cada frase que decían para tatuármela en la frente o para imprimirla y pegarla en cada rincón del país. Y es que, al dar las razones por las cuales el penalizar el aborto era inconstitucional, se habló de muchos otros temas que día a día conforman la discriminación que las mujeres y personas con capacidad de gestar sufrimos; desde la estigmatización de nuestra sexualidad, pasando por el reconocimiento de la autonomía de nuestros cuerpos y temas que normalmente no se tocan —como las violaciones ocurridas dentro del matrimonio y concubinato— hasta la discusión de que el capítulo entero sobre el aborto debería ser declarado inconstitucional, cuestionando así a, prácticamente, todo el sistema que rodea a la estigmatización del aborto.

Otra cosa importantísima que hay que reconocer es el uso del lenguaje utilizado en la sesión, ya que cuenta como un claro ejemplo de que la manera en la que nombramos las cosas es relevante a todos los niveles. De entrada, el uso de “mujeres y personas con capacidad de gestar” que reconoce dos cosas: 1) no todas las personas que gestan son mujeres y 2) no todas las mujeres pueden gestar. Y, por mucho que esto le cale a la comunidad transfóbica y nb-fóbica, la realidad es que el avance en derechos humanos que tuvimos gracias a esta discusión no sólo se da por la despenalización del aborto, sino también por el reconocimiento de muchas realidades que convivien diaramente en lo público y privado y que, a pesar de ello, no siempre son reconocidas ni, mucho menos, visibilizadas y aseguradas en temas de salud pública. Hombres trans, queers, personas no binarias, etcétera, también pueden tener la capacidad de gestar y, por lo tanto, nombrarles en estas discusiones importa para su dignidad humana y salud reproductiva.

Y, por otro lado, la forma en la que nunca se habló de “bebés”, sino de fetos y productos, sin esa carga romántica que, muchas veces, las personas anti-derechos, basadas en la religión, le otorgan a los embarazos. La discusión llevada a cabo por las y los ministros de la SCJN presenta un ejemplo clarísimo y sumamente importante de que lo personal es político, al igual que el lenguaje, y de que, más allá de las creencias personales, los órganos de justicia están para asegurar la dignidad humana sin distinción alguna de raza, género o clase.

Todos estos avances dignos de alegría (y de las ganas de querer ir al ángel de la independencia y a todas las plazas públicas del país a agitar nuestros pañuelos verdes) son resultado de una larga lucha de mujeres y personas con capacidad de gestar que día a día resisten, acompañan y buscan mejorar los espacios que habitamos y en los que nos desarrollamos. La discusión del pleno de la SCJN fue impresionante, sin duda alguna; y sí, cada ministro y ministra hizo una chamba muy importante que pasa a la historia para permitir a niñas, mujeres cis y personas con capacidad de gestar el acceso a un futuro más justo. Pero ésta no hubiera sido posible sin el trabajo de muchas personas: de todas las que gritan y defienden la autonomía de nuestros cuerpos, de las que abortan, de las que acompañan abortos, de las que informan, de las que pelean por la mejora de los espacios, de las que presionan a quienes legislan y un largo etcétera más. Lo que pasó en la SCJN y los avances en CDMX, Oaxaca, Hidalgo y Veracruz respecto a la despenalización y legalización del aborto, es el resultado de una profunda lucha colectiva. ¡Es por nosotras y para nosotras, mujeres y personas con capacidad de gestar!

Lo ocurrido esta semana, tanto en Coahuila como lo que resulte sobre la discusión de Sinaloa, es para celebrar de muchas maneras. Abracemos esta alegría tan enorme que da el transitar en un país un poquito más justo y recordemos, con esa misma felicidad, que, aunque queda mucho por lograr, nuestra lucha sí tiene frutos. Reconozco, con toda sinceridad, que el día a día resistiendo es cansadísimo y frustrante y que a veces pareciera que, por mucho que intentemos, nada o muy poco mejora… pero, como dice Jorge Drexler en mi ted talk favorita, “las cosas sólo son puras, cuando se miran desde lejos” y, en ese sentido, a lo que quiero llegar es que, cuando alejamos un poquito el lente y ponemos en perspectiva nuestra lucha, la de las ancestras y la de las personas que vendrán y habitarán estos espacios, sí estamos avanzando, sí estamos mejorando el lugar que habitamos y sí estamos asegurando que nuestros derechos y el ejercicio de ellos sean asegurados a mayores y mejores niveles. La lucha es larga y cansada, sin duda alguna, pero definitivamente estamos logrando que valga la pena y, en el camino, nos vamos encontrando entre nosotres para que la resistencia se haga más ligerita y amorosa.

Sé, también, que en este mismo camino del que hablo hay mucho odio y que, a veces (quizá muchas) el desánimo por el feminismo, por ejemplo, se vuelve demasiado grande como para aguantarlo, pues los discursos antiderechos son muy muy enormes como para darles cabida y hacer como que no nos afectan. Y, reconociendo esto, no quiero convencer a nadie de que haga más chiquitos esos sentimientos complejos, sino, más bien, quiero intentar decir que, en conjunto, nuestras voces y luchas que van en contra de dichos discursos, son más grandes y que, definitivamente, el aguantar, exigir y ser críticas con el movimiento y, en general, con nosotres mismes, está teniendo frutos.

Ilustración: @sofia.probert

Por mi parte, no me queda nada más que agradecer por lo que está sucediendo. De manera personal y como mujer cis hoy me siento más segura de que, si un día necesito abortar, estaré bien acompañada, no únicamente por toda la banda que amorosamente me rodea, sino también por las leyes. Y, del mismo modo quiero decir que, mientras logramos que el aborto sea seguro, legal y gratuito en todo México, en toda América Latina y en todo el mundo, aquí estaré para acompañar a quien lo necesite.

Finalmente, dejo aquí una lista de organismos, colectivas y personas a las cuales recomiendo seguir para estar más enterada y entender mejor estos temas. 🙂

Tengo 22 años, soy feminista y estudio Economía en El Colegio de México.
Me encantan las ciencias sociales, aprender sobre desigualdad y cuestionar todo desde lo estructural y sistemático.
Creo firmemente que todo aquello que se hace desde la empatía resulta mejor.

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