De Ignacios y procesos de confianza

Hace unos días, estalló en redes sociales el tema sobre cómo el creador de contenido detrás de “Ignacio en deconstrucción” plagió el trabajo que Cynthia Híjar y Carmina Warden hicieron con “Nacho Progre”. Y, después de estar pensando mucho en este tema, de ver el comportamiento horrible de Miguel (dicho creador y plagiador de contenido), y de leer tantos comentarios misóginos en contra de Cynthia y Carmina, decidí escribir este texto para reconocer en voz alta que, si bien estoy lejísimos de odiar a los hombres y si bien reconozco en mi feminismo la enorme oportunidad (y necesidad) de escucharles y de aprender con ellos para construir en colectivo mejores escenarios, mi confianza hacia este sector de la población está fragmentada en muchos pedacitos (y con justa razón). Y que, aunque entienda que las personas somos muy complejas —con aciertos y errores, con decisiones que tienen consecuencias positivas y negativas en otras personas, con subidas y bajadas en los procesos de deconstrucción, etcétera, etcétera—, sí me dan ganas de decir, de vez en cuando, que la vara está bajísima y que es muy cansado recordarlo.

Vayamos por partes y establezcamos la agenda de este texto:

  • Contexto de lo que pasó con el Nacho real y el Ignacio no completamente deconstruido.
  • Recordatorios sobre la interseccionalidad, la complejidad de las personas y los procesos de aprendizaje.
  • El coraje y la decepción.
  • Mi relación —personal— con los hombres y reflexión sobre el tema.

Contexto de lo que pasó con el Nacho real y el Ignacio no completamente deconstruido.

Antes que otra cosa diré que, aunque brindaré un muuuuy breve resumen de lo ocurrido, es mejor que vayan a las redes sociales de Cynthia Hijar (Feminastty), ya que ésta es su historia y se ha dedicado a documentarla completita, así que mejor escucharla directamente.

“Nacho progre” es un proyecto que nació en 2016 en facebook y que alcanzó más de 60,000 seguidores. Esta página se dedicaba a subir cómics sobre un hombre llamado Nacho (por macho) y Progre (por progresista) y que hacía apología a aquellos vatos de izquierda que, aunque muy listos en temas de justicia social, son personas que replican violencias contra las mujeres y que, a pesar de ello, suelen recibir montones de reconocimientos y aplausos por su “inteligencia” y demás. Supongo que la mayoría de nosotres, en algún momento de la vida, hemos conocido a algún “Nacho Progre”: en la escuela, con esos que se roban las respuestas que decimos bajito y que ellos gritan; en nuestros grupos de amistades, con ese vato que se la vive hablando de comunismo mientras cuernea a su novia en una relación cerrada; con aquellos que se la vive “mansplaineando” a otras; y un largo etcétera.

Por su parte, hasta donde tengo entendido, “Ignacio en deconstrucción”, es un proyecto que empezó en 2019 y que se ha dedicado a subir contenido sobre “nuevas masculinidades”, en el sentido de que da explicaciones sobre comportamientos machistas y propone cómo combatirlos y cambiarlos. Empezó en facebook y, más recientemente, en instagram alcanzó hasta 30mil seguidores y, en tik tok, casi 200mil.

Lo ocurrido fue que, en 2019, Cynthia mandó un mensaje a la página pidiendo que le cambiaran el nombre, diciendo que lo que estaba haciendo no estaba bien. La respuesta que obtuvo fue, supuestamente, de un grupo de mujeres que la admiraban mucho y nada —ni el proyecto, ni el nombre— cambió.

Posteriormente, hasta hace unos días y debido a la publicación de un cartel en el que se mostraba a “Ignacio en deconstrucción” como invitado a un programa para hablar sobre nuevas masculinidades, Cyn se enteró que este proyecto seguía existiendo y que, además, había crecido. Desde entonces, se ha dedicado a poner en evidencia cómo existe una apropiación creativa detrás y a contar su historia. Por su parte, Miguel, a los pocos días, subió un video diciendo que vendrían nuevas cosas para su proyecto y, entre muchas palabras, comenzó a gaslightear a Cyn y a Carmina, a minimizar la gravedad del asunto, a “victimizarse” y, por supuesto, a evadir la responsabilidad de pedir disculpas y buscar la reparación del daño.

Desde entonces, Cynthia ha continuado contando su versión de la historia y ha mostrado diferente contenido sobre los comentarios misóginos en defensa de miguel y, también, sobre distintas pruebas de cómo él mismo reconoció en el pasado que el personaje estaba basado en Nacho Progre, a pesar de que nunca les dio crédito.

feminastty

Recordatorios sobre la interseccionalidad, la complejidad de las personas y los procesos de aprendizaje.

Este párrafo nomás es para hacer un pequeño paréntesis que aclare que no quiero ponerme en la posición de “todos los vatos son horribles, todas las mujeres somos buenas, en eso consiste el patriarcado”, porque eso es falso y porque, además, sería un argumento sumamente reduccionista. Estoy consciente de que las mujeres podemos replicar violencias hacia otras personas (el ejemplo más claro, sin duda, es lo que hacen las horribles terf con la comunidad trans) y que esto es algo que debe ser mencionado y cuestionado de manera fuerte y constante, sobre todo por quienes nos nombramos feministas.

Por otra parte, también sé (cómo dije arriba) que las personas somos complejas, al igual que nuestros procesos de aprendizaje. En ese sentido, considero que nuestros errores no nos definen por completo (ni nuestros aciertos) y que nuestro camino en la deconstrucción es lento, eterno y lleno de retos.

El coraje y la decepción.

Si bien, Miguel es un hombre que tiene derecho —como cualquier otra persona— a equivocarse, creo que el principal coraje proviene de la enorme contradicción de vender “deconstrucción” cuando, por su parte, está violentando a mujeres y aprovechándose de su proceso creativo para lucrar —sin consentimiento— con él. ¡Claro que todas las personas somos contradicciones con piernas! Es cierto. Pero si él mismo, en videos pasados, ha explicado la importancia de la reparación del daño, del pedir disculpas de manera sincera, de la necesidad de que los hombres se responsabilicen por sus actos, ¿por qué le está siendo tan difícil aceptar este gran error y hacer lo que ellas consideren justo?

Me pone la piel chinita el coraje de verlo hablar a la cámara de manera bajita y con la mirada triste porque parece sacado de un libro llamado “10 pasos para actuar de manera machista”. Y es que muchas de nosotras lo hemos vivido: el vato que es súper seguro de sí mismo, que se cree con superioridad moral para dar lecciones a otros, al que le encanta defender a mujeres y al mismo que le encanta ocupar todos los espacios disponibles, es también ese que, al momento de cometer actos violentos, se hace chiquitititito y pone carita de gato con botas; NO para pedir perdón, si no para justificarse y decir, con toda la audacia del mundo, que no se le está comprendiendo, que no es así como lo pintan, que la otra parte está siendo exagerada o tergiversada. ¡Qué ganas de que utilizaran toda esa seguridad y energía para en serio pedir disculpas, para responsabilizarse y para predicar con los actos!

Mi relación —personal— con los hombres.

No quiero ocupar la experiencia de estas morras tan increíbles para sólo hablar de mí y convertirlo en un problema mío. Sólo me gustaría decir que esta historia me recordó algo que llevo mucho tiempo pensando: entre tanto dolor, es muy difícil conciliar la confianza en los hombres y, de manera particular, en aquellos que se hacen llamar aliados. Y no es porque sean más malvados, o algo similar, sino más bien creo que es porque “bajar la guardia” suele ser peligroso, e incluso, muy costoso.

Yo amo y confío profundamente en muchos hombres. Y —aunque decir eso suene como las personas homofóbicas que a veces se esconden tras un “pero incluso yo tengo amistades homosexuales”, jajaja— mi punto es que no quiero que eso cambie. No quiero estar enojada eternamente con ellos o tenerles resentimiento por lo que el patriarcado de manera sistemática causa. No quiero sentirme en un eterno caparazón cuando se trata de tejer lazos de confianza. Y, como mujer cis-heterosexual, tampoco quiero dejar de relacionarme sexoafectivamente con ellos. Más bien, lo que me gustaría (aunque sea utópico) sería que no existieran estas decepciones por sus actos —basadas en una educación y cultura patriarcal, machista y misógina— o que, al menos, fueran menos constantes, menos fuertes; que aquellos con los que nos relacionamos de manera romántica, sean responsables, sinceros y empáticos; que aquellos con los que tenemos proyectos, sepan reconocer nuestras capacidades e ideas y que nos den crédito siempre y ante todas las personas; que contemos con paternidades presentes, responsables y tiernas; que más hombres se avienten la chama de romper el pacto patriarcal; que sean consistentes con su proceso de deconstrucción; que sepan pedir disculpas.

Eventos como el de Miguel con Cynthia y Carmina son muestra de que nos queda mucho camino por recorrer y resistir. Y que, si bien hemos avanzado, el progreso es lento y, muchas veces, frágil.

Lo importante, una vez más, es reconocer que nos tenemos a nosotras, que entre todas nos respaldamos y apapachamos; y, además, ¿por qué no decirlo? que contamos con otras personas, entre ellas vatos, que entre menos alardeo, continúan su proceso de aprendizaje, despacito, pero constante, haciendo posible que más espacios sean verdaderamente seguros. La confianza, el amor, la responsabilidad, el respeto, y muchas otras cosas más (todas, de hecho) deben construirse en colectivo y, si aspiramos a ello, nos quedan montones de paciencia que regenerar y montones de nuevos aprendizajes que coleccionar.

Ilustración: angecano

Finalmente, y a modo de cierre, no puedo dejar de reconocerle a Carmina y a Cynthia (a quien le tengo un cariño muy sincero) lo mucho que les admiro por toda su paciencia y por la enorme lucha que han tenido en estas semanas. Son enormes; ellas, su trabajo, su amor y su resistencia.

Tengo 22 años, soy feminista y estudio Economía en El Colegio de México.
Me encantan las ciencias sociales, aprender sobre desigualdad y cuestionar todo desde lo estructural y sistemático.
Creo firmemente que todo aquello que se hace desde la empatía resulta mejor.

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