Cuando amar se convierte en una revolución

Karla Gil

 

Estamos en un momento de la historia en donde cuestionamos todo lo que nos enseñaron que era incuestionable. Y en cuestiones de amar y sentir, ya no hay una verdad absoluta y un modelo perfecto que seguir. Cada quién va leyendo, aprendiendo y construyendo sus propios vínculos afectivos a su manera. Hoy en día, hay quienes se mantienen cómodos en la monogamia, quienes experimentan con el poliamor, quienes viven en asexualidad y quienes no tienen idea de lo que hacen. Todas y cada una de estas posturas son válidas. A fin de cuenta, el sentimiento es el mismo, pero la manera en que se vive es decisión de cada quién.

A mí me tomó un año de terapia, dos corazones rotos, mil películas, un viaje, cien libros y un par de artículos académicos, para saber de que manera quiero vivir mi vida amorosa. Aún está en construcción y, a veces, creo que siempre será una obra en estado permanente de remodelación.

Como ya mencioné, una de las mejores cualidades que nuestra generación tiene es la rebeldía de cuestionarlo todo.  Uno de los últimos casos que ha atraído nuestras miradas es el de la relación entre las celebridades de Camilo y Evaluna, él de 26 años y ella de 22, quienes contrajeron matrimonio en febrero de este año; lo cual de primera mano ya resulta peculiar. Tal vez en el pasado hubiese sido de lo más normal, pero es bien sabido que, para las juventudes actuales, el matrimonio ya no forma parte de nuestras prioridades y se ha vuelto una práctica poco común a esta edad.

Pero, sin duda, lo que más cautiva nuestra atención en este caso es la excesiva cursilería expuesta por la pareja en sus redes sociales. Aunque hay teorías conspirativas que afirman que esta “pareja” fue armada para publicitar las carreras de ambos artistas -la cual se respalda con el hecho de que ambos cantantes grabaron un dueto y dos videos musicales que utilizan imágenes inéditas de su boda y luna de miel- por tanto, no debemos idealizar dichas actitudes románticas, puesto que son falsas. También se dice que estos poseen una relación tóxica. Que, al estar tan inmersos en su relación, pierden su individualidad; y que Camilo es un machista al exhibir tantas muestras de cariño públicamente para marcar a Evaluna como su propiedad. Por último, están quienes dicen que su relación es real, sana y aspiran a vivir el amor de esa manera. A fin de cuentas, todas son especulaciones y la verdad solo la saben la pareja y su círculo íntimo.

Personalmente, como la optimista empedernida que soy, me gusta pensar que se encuentran en el mejor escenario: donde se aman de manera sana, libre e intensamente. Quiero creer que toda esa cursilería que abunda en sus redes sociales es su manera de vivir el amor, documentándolo y compartiéndolo con su emblema “Amarte es mi revolución”. ¿Por qué decido creer esto? Porque yo ya viví algo parecido.

Yo siempre amo con mucha intensidad y he tenido la fortuna de ser correspondida con la misma fuerza. Yo se lo que es tener una pareja que te mira como si fueses perfecta y que ame cada centímetro de tu cuerpo; porque yo también le miré así. Me escribió canciones y con su guitarra me dio serenatas. Cantamos juntos (aunque yo no canto). Y como a mí no se me daba bien la música, yo le escribí poemas. Y como mis palabras no eran suficientes, en una carta le escribí todos los versos de poemas, canciones y textos de otros autores en los que yo lo encontré.

Nos cambiamos el nombre tantas veces y nos terminamos llamando de maneras tan ridículas y melosas que prefiero mantener en secreto. Le conté mis sueños y yo siempre estaba en disposición de apoyarlo en los suyos. Le tomé fotos y videos durmiendo, comiendo, cantando, respirando, existiendo. Algunas las publiqué y otras las guardé para mí. Pensé que no había persona más hermosa que él. Él hizo lo mismo conmigo.

Mis amigos y amigas se hartaron de la cursilería que derrochábamos en los primeros meses; mientras que a él le daba pena ser cursi conmigo frente a los suyos. Al poco tiempo, aprendí a dominar el arte de resistirme a darle un beso cada minuto. Fue difícil, pero era necesario. No había día sin que nos dijéramos “Te amo” mil veces. Afortunados de habernos conocido tan jóvenes, seguros de que teníamos el resto de nuestras vidas para ser felices juntos.

Y así, en un día de estos, fijamos la fecha de nuestra boda sin decirle a nadie. Aunque ahora dicho evento está cancelado.

Hoy ya no estamos juntos, pero sigo creyendo que soy muy afortunada de habernos encontrado para vivir el amor de la manera en que más me gusta: libre, sana, profunda e intensamente. Sin reprimirnos, siendo totalmente nosotros mismos. Obviamente no todo fue perfecto, pero todos nuestros problemas los supimos resolver, hasta que llegamos a ese punto en el que ambos sentíamos que debíamos terminar, incluso diría que hasta nuestra ruptura fue bastante fácil y natural.

Ahora, este es un mensaje para todos los que quieren hacer del amor una revolución:

Sabemos que el mundo está lleno de injusticias y es responsabilidad de cada persona hacer de este un lugar mejor desde su posición o, al menos intentarlo, para evitar el sentimiento de culpabilidad que da el no hacer nada; aunque nunca lleguemos a ver los frutos de nuestra lucha.

Por ello, mientras elaboran estrategias para proteger al medio ambiente o buscan soluciones para la hambruna mundial; van a las manifestaciones feministas o por los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+; estudian las múltiples formas de discriminación o el desarrollo de una enfermedad para encontrar la cura; crean consciencia sobre el maltrato animal o la importancia de la salud mental; cuando hagan todo esto, no se olviden de amar, ya sea de manera sencilla, mesurada y a través de pequeñas acciones. O de manera exagerada, intensa con actos cursis y escandalosos. De la manera en que más se sientan cómodos y libres.

¿Por qué?

Porque el sistema nos quiere en silencio, oprimidos y oprimidas, apagados y apagadas; sin esperanza. Ser felices es nuestra revolución. Amor(es) revolución.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

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