Credibilidad e Institucionalidad

El sábado por la mañana desperté con el mensaje de una persona a quien estimo que, más o menos, decía lo siguiente: “Espero ansiosamente tus pensamientos sobre la caída de la credibilidad e institucionalidad del Instituto Nacional Electoral (INE)”. Más allá de la sorna con la que estaba cargado el mensaje, y de la sorpresa misma de que viniera así de alguien que no esperaba buscara iniciar un debate con ese aire de poca humildad, lo que más me sorprendió fue la facilidad de derrumbar y poner en duda completa y total a un instituto que todas y todos los mexicanos hemos ido construyendo durante ya veinticinco años. Toda institución es cuestionable y uno no debe dejar de escandalizarse ante cualquier paso en falso que se dé. Sin embargo, hay que entender que no existen tintes blancos ni negros, por lo que, al día de hoy, el INE es la institución mexicana con la mayor credibilidad e institucionalidad que hay. Es más, estoy seguro que es la mejor versión del instituto que hemos visto.

La credibilidad es como la confianza en una pareja: una vez que se pierde, es complicadísimo recuperarla. Es esa esperanza firme que se tiene de alguien o algo. En el caso de una institución, es todavía mucho más grande la cuestión: hablamos del impacto en millones de personas, por lo que es algo básico para poder sostener las decisiones tomadas con cierto nivel de legitimidad frente a los demás. En la materia electoral, esta credibilidad es de lo más frágil. Si bien la sospecha del fraude electoral siempre ha existido en el aire y es el enemigo número uno de esta fragilidad, en el caso del comentario detonador, no tiene cabida. La cuestión aquí es el registro de nuevos partidos políticos. Ahora bien, es importante tener en cuenta que al INE se le ha vapuleado siempre por los perdedores, buscando mancillar esta credibilidad y estos mecanismos que, a través del tiempo, se han maquinado para justamente fortalecer esta credibilidad.

En el caso específico, el INE le negó el registro a un conjunto de asociaciones políticas que buscaban conformarse como partido político, mientras que se lo concedió a una. Para este caso, los resultados en sí no son relevantes en el sentido de la confiabilidad (aunque en el político sí que lo sea). Justamente retomaré el caso de la asociación con tintes religiosos más adelante. Ahora bien, previo a su deliberación y aprobación por parte del Consejo General, la comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos (en donde hay consejeras y consejeros electorales, así como representantes de partidos políticos y del Poder Legislativo) aprobó la propuesta de resolución que se llevó al pleno. Y hago énfasis en las palabras deliberación y aprobación, ya que el INE en su génesis como Instituto Federal Electoral (IFE) fue construido en gran parte por la sociedad civil y la academia, dotándole de estos mecanismos que generan credibilidad y que son propios de la toma de decisiones en una democracia.

En antaño, las comisiones y el “debate” en plenos, dígase Cámara de Diputados o Senadores, por ejemplo, era un mero trámite de lo que el presidente dictaba. Hoy tenemos el resultado de una propuesta aprobada por una comisión, pero rechazada en gran parte por el pleno tras su previo debate y deliberación. Aprobada por el órgano más plural que ha tenido la institución en su historia y tomando una decisión, no de una persona, sino colegiada. Y es aquí retomo lo referente a la institucionalidad.

La institucionalidad, a grandes rasgos, es tener una planeación clara y exacta a priori de las estructuras y mecanismos para la toma de decisiones. Para que una institución nominal lo sea en la realidad, debe aceptar los resultados de lo establecido previamente en su conformación. Debe seguir las reglas dictadas con antelación y cada quien debe fungir el rol encomendado. En una institución, la decisión no es unipersonal, sino colectiva y derivada de un procedimiento previo del que todas y todos los participantes conocen con antelación. Aquí retomo el caso de la asociación con acercamiento religioso que obtuvo (¿recuperó?) el registro (hasta ahora) por parte del INE.

¿Cómo es que esta asociación obtuvo y el resto no su registro? Bien, cada registro es votado de forma individual por el Consejo General de INE, conformado por once consejeras y consejeros electorales. Al día de hoy, con la reciente entrada de cuatro nuevas personas, tenemos al Consejo General más diverso y plural de la historia electoral de México. Y no me refiero únicamente en cuanto a “cuotas” partidistas, sino en cuestión de género también. A grandes rasgos, en las votaciones en las que se decidió negar el registro, los votos negativos superaron siempre a los positivos por un margen amplio (siete contra cuatro el menos claro). Una decisión colegiada holgada en donde el consenso era pleno. Sin embargo, en el único caso de aprobación de registro, la decisión fue completamente cerrada, siendo de un único voto de diferencia con seis votos positivos frente a cinco negativos. 

Credibilidad e Institucionalidad
vía Cámara de Diputados

En política, la forma es fondo y, si bien el resultado tiene todas las características de ser anticonstitucional, en todo momento se ha seguido el procedimiento institucional y nunca se ha tomado una decisión arbitraria. Tener una resolución con votación cerrada, y con resultados no aceptables, no implica una pérdida de institucionalidad, sea el caso de la Sala Superior de la Suprema Corte, la Cámara de Diputados o el Consejo General del INE, por ejemplo.

Y es justo en este caso en donde esta institucionalidad sigue su proceso. Sí, proceso, porque justamente en las resoluciones que dicta una institución, suele haber siempre un mecanismo que permita verificar o enmendar el resultado. Ya sea una impugnación o la verificación de una ley por parte de la cámara revisora, las instituciones siempre tienen el mecanismo. En el caso del INE, es impugnar los acuerdos aprobados en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En el ejemplo, será esta institución quien dirima si hay o no inconstitucionalidad en el acuerdo. Asumir que lo dictado por el INE es algo definitivo es inocente. La legislación electoral tiene este recurso que ha sido utilizado muchísimas veces, muchas en contra de lo dictado por esta primera institución. Tanto las resoluciones negativas y positiva serán impugnadas por diversos jugadores que justamente buscarán la revisión de estas decisiones. El Tribunal Electoral, dentro de este camino de institucionalidad interinstitucional, será quien defina ya finalmente si el INE, a través de la decisión colegiada de su Consejo General, actuó o no de acuerdo con la ley vigente; ratificando o no lo acordado.

Espacio falta para argumentar, en principio, los conceptos mismos de credibilidad e institucionalidad. Muchas hojas más para poder asignarle o no estos calificativos a una institución. En este sentido, es importante revisar la historia y aprender cómo es que, tras varios sucesos y movimientos de la sociedad, hace veinticinco años surgió el IFE (hoy INE), siendo integrado por ciudadanos y no controlado por el gobierno. Presiones siempre ha habido y habrán, pero justamente esta institucionalidad con la que ha sido dotado el órgano electoral es la que lo ha mantenido entero. ¿Cosas que criticar y mejorar? ¡Demasiadas! No hay espacio en el Yucapost para terminar. Sin embargo, las áreas de oportunidad no deben vendarnos los ojos frente a la mejor institución que tenemos en México. Esta institución que, aún con sus fallas, ha permitido el traspaso del poder de forma pacífica y respetando la voluntad ciudadana en varias ocasiones ya. Nunca dejemos de reclamar mejoras y exigir mientras se mantiene una actitud vigilante frente a todas las instituciones, pero tampoco busquemos denostar y descalificar a la ligera sin antes revisar el dónde estábamos y contrastarlo con lo que hoy tenemos y debemos aún perfeccionar.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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