Construir tu propio feminismo

¿Y si lo que digo es erróneo? ¿Y si mi duda tiene una solución obvia? ¿Qué pasa si lo que digo es totalmente bobo? Éstas y muchas otras preguntas más se forman en mi mente cuando estoy cerca de alguna mujer que está mucho más y mejor informada que yo. Más de una vez he dejado de expresar mi opinión y de contar mi postura porque temo que caiga en absurdos y locura, porque temo que mis ideas no sean las correctas. Sin embargo, ¿existe algo como “el feminismo correcto”? Porque yo creo que no. No creo que exista un único feminismo que todas, todos y todes deberíamos seguir. Sí creo que existen posturas —como aquellas que vulneran y revictimizan a minorías que igualmente son parte de la lucha— que son simplemente incorrectas e irreconciliables con un movimiento que, hoy en día, tiene como una de sus principales prioridades protestar por las vidas que se nos han arrebatado por el simple y sencillo hecho de pertenecer a mujeres.

Mi respuesta al predicamento que sola me puse es que no existe tal cosa como un feminismo correcto y único, que cada una de las personas que se unen al movimiento —que ojalá fueran todes— debe construir, en varias áreas, su propia versión del feminismo. Y es que existen obviedades (o cosas que tendrían que serlo), como el que no debería ser un peligro salir a las calles por el simple y sencillo hecho de ser mujer. Pero hay otro cúmulo de cosas menos definitorias y será una decisión de carácter personal en qué casilla se pongan; hablo de cosas como el si ves correcto, o no, que te abran la puerta del coche en las citas, pequeñeces en las que están aquellos puntos donde se pintan los límites que dan como resultado diversas ramas del feminismo y la mejor manera de decidir de qué lado te vas a parar es leyendo, informándote y preguntando.

Es innegables que, a causa de la inevitable cultura en la que nos tocó nacer, preguntar causa horror muchas veces, porque tontamente nos han metido la idea de que existen preguntas que ya se han hecho demasiado o que caen en obviedad, cuando realmente no existe tal cosa como una pregunta mala. Aunque sí que existen las preguntas tontas, ¿tiene caso acaso preguntarle al presidente López Obrador si en serio cree que las feministas son como nazis? Causa bastante miedo preguntarle a alguna morra algo sobre feminismo, no digo que no haya quien podría recalcarnos que nuestras preguntas son tontas, sin embargo, no ha habido espacio donde me sienta más segura que entre las morras feministas, que están dispuestas a informar y enseñar y, sobretodo, a comprender que dentro de la misma ideología existen muchísimas posturas distintas y respetables.

Uno de los ejemplos que más me gustan para explicar esto es el de aquellas mujeres que dicen que apoyan el aborto, aunque ellas jamás abortarían. El entendimiento de la individualidad ajena es un elemento sumamente necesario en cualquier lucha social, aunque a veces suene más como un ideal por lo difícil que parece lograrlo. Es imprescindible entender que existe en el feminismo una guerra en común, una guerra contra el patriarcado, contra los feminicidios, la violencia de género y, para resumirlo (tal vez demasiado y tal vez injustamente), el peligro de existir siendo mujer.  Pero además de esta guerra en común existe una serie de batallas individuales definidas por las historias personales de las diferentes mujeres que luchan.

No me alcanzan los términos para describir la guerra general que libramos contra una realidad que nos arrebata desde el momento en que nacemos, que nos vulnera desde que existimos. No alcanzan la furia y la tristeza para decir que, independientemente del feminismo que cada une de nosotres construya, el deseo de quemarlo todo y existir con justicia es una de las columnas del movimiento. De conclusión a toda esta enorme exposición de mis ideas, solo puedo decirle a cada une de ustedes que nuestro feminismo en diferentes áreas deberá buscar sus propias respuestas a preguntas perennes cuya respuesta correcta variará de acuerdo con el alma a la cual interrogues y que, sin embargo, esa misma libertad para escoger es uno de los tantos logros de nuestro movimiento, ese poder informarnos, poder cuestionarnos son uno de los grandes pasos que hemos dado. Continuemos quemándolo todo.

 

¡Hey! Estudio Derecho en el ITAM y tengo 23 años. Soy promotora de los Derechos humanos, y más particularmente de la salud mental. Me interesa mucho la filosofía, particularmente en cuanto a la formación individual del humano, tanto de manera colectiva como individualmente.

Siempre abierta al conocimiento de diferentes perspectivas de manera cordial y respetuosa. Nunca se sabe suficiente del mundo y siempre estamos construyéndonos.

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