Consejos para el nuevo Secretario de Hacienda

El 9 de julio de 2019 fue uno de los días más agitados para la actual administración federal. Tan solo a primeras horas de la mañana, un artículo de opinión de Carlos Loret de Mola, titulado “Y cuando despertamos, el huachicol seguía ahí”[1] ya anunciaba el día que se vendría para la Cuarta Transformación. Horas después, en su tradicional mañanera, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reconocía que son ciertos los rumores sobre su problema de hipertensión. Finalmente, más tarde, el Dr. Carlos Urzúa, ex Secretario de Hacienda, daba a conocer su renuncia con una carta más preocupante que su propia renuncia, por lo que, así, el ejecutivo federal tomó la decisión de “ascender” al entonces Subsecretario Arturo Herrera al cargo titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Los retos que el Dr. Urzúa plasmó en su carta de renuncia resumen las malas decisiones que se han tomado en escasos siete meses del inicio de un sexenio. Influyentismo, falta de preparación, extremismo y políticas sin sustento, entre otras, fueron las principales causas por las cuales la SHCP perdió a uno de los mejores elementos del gabinete federal. Por esta razón creo necesario externar en este espacio una serie de sugerencias al nuevo titular de dicha Secretaría de Estado, con el fin de repensar el camino tomado por el bien del país.

Las cosas como son

Debemos iniciar con un balde de agua helada para decir las cosas sin falsas ilusiones. Si algún lector piensa que México algún día se va a parecer (en cualquier aspecto) a un país nórdico, la realidad es que nunca lo vamos a ser. Quizá las primeras líneas de este párrafo hagan enojar a más de uno por la simplicidad de mi aseveración o por la rudeza de mi comparación; sin embargo, debemos entender que el gobierno no puede proveernos todo, sino una estructura en donde nos podamos desarrollar libremente. Es decir, un Estado capaz es aquel que nos brinda la oportunidad para tener éxito o fracasar en un ambiente de derechos y obligaciones inherentes a la condición de ser un ser humano, no más ni menos.

A diferencia de las libertades y oportunidades que se dan en los países nórdicos, México vive en un sistema paternalista, en donde se parte de la premisa de que el gobierno debe proveer una alta cantidad de bienes para el desarrollo de los individuos. En este aspecto, durante más de un siglo, hemos vivido en un descontento por no tener lo suficiente, causado (irónicamente) por el mismo exceso de alimentar esta vía. Permítanme ser más claro a través de un ejemplo: es fácil pensar que el gobierno es el que debe brindar las oportunidades de empleo, no obstante, en realidad es el sector privado el que genera tales posibilidades, mientras que la autoridad debe proveer un marco de libertades con sus respectivos límites para obtener riqueza y consecuentemente bienestar.

De esta forma, si hemos de iniciar con una breve sugerencia es aquella que parte de ser honestos en las expectativas y realistas en los pronósticos. Los castillos en el aire nunca duran más de lo que mínimo para ser borrados y, en muchas ocasiones, la economía tiende a basar su estabilidad presente con base en la certidumbre de su futuro, por ello la necesidad de ser certeros en las metas de corto, mediano y largo plazo. Este punto no implica un descontento per se, sino, antes que cualquier cambio en la política fiscal, una nueva mentalidad en la SHCP.

Servir sin caer en el servilismo

Una parte de la carta de renuncia del Dr. Urzúa alegaba la falta de preparación e incluso un conflicto de interés entre funcionarios que se encargan de ver por el control económico del país. En muchas administraciones públicas, sino en todas, uno de los principales retos se basa en un aumento de los ingresos del gobierno, principalmente a través de la recaudación, mismos que sirven en su determinado caso para un fin en particular: redistribuir la riqueza de diferentes formas para tener un bienestar social deseable. Es por lo anterior que muchas veces el aumento de contribuciones o aprovechamientos suena tentador; sin embargo, hay una forma más directa de alcanzar tal objetivo: aplicar la ley.

El servicio público es uno de los espacios en donde mayor preparación debe existir para sortear los obstáculos y problemas que se atraviesen en un país con 125 millones de personas. No estamos hablando de una compañía transnacional o de una consultora estrella, sino de un ente con cerca de 20 billones de pesos en su Producto Interno Bruto. Por ello, la preparación que una persona acumule debe ser debidamente valorada y aplicada al servicio del país antes que del presidente.

Medidas para fondos de la salud

Las medidas asistencialistas siempre han causado un debate entre la manera de erogar el presupuesto público para las personas que más lo necesitan. Partamos de lo anterior: el sistema de recaudación de impuestos debería fungir como un canal de redistribución de la riqueza para que, con base en una medida progresiva, es decir, que los que más tienen paguen más impuestos, puedan subsanar la desigualdad en la población. Así, el sector de la tercera edad ha tenido un repunte en la relevancia de dicho gasto con gran razón debido a que, dentro de pocos años, México va a comenzar a transitar de ser un país joven a ser un país viejo. El reto de este panorama no se va a centrar en las conocidas transferencias directas del gobierno (entrega de efectivo), sino en la visión que el gobierno tenga para comenzar a fomentar las herramientas financieras, de infraestructura y logísticas para soportar un país con una población en su mayoría de la tercera edad.

Maduración del federalismo

Los estados y municipios de la República deben madurar. El sistema federal con el que cuenta México resolvió crear un Sistema Nacional de Coordinación Fiscal para que el gobierno federal sea el encargado de recaudar, pero también de distribuir el gasto a través de un sistema de aportaciones y participaciones a las diferentes entidades locales. De lo que los estados erogan, 86% es distribuido por el gobierno federal y el restante es parte del esquema local. El fin de este esquema en el plano administrativo ha sido tener una mejor logística en el cobro de impuestos para no generar confusiones en el pago. No obstante, también hay que decir que el cobro de los impuestos trae consigo un costo político, por lo que muchas veces estos mismos estados optan por pasarle el problema al gobierno federal y dejan escapar consigo una posibilidad de crear ventajas comparativas en sus estructuras fiscales para llevar productividad a su región.

Repensar el modelo económico

Arturo Herrera tendrá ante su encargo la posibilidad no solo de detener las malas decisiones en el plano económico, sino la responsabilidad de convencer al presidente o a quien sea necesario de los cambios que se deben detener y de los que se deben promover. El mejor modelo económico que puede tener México estará basado en la transparencia de las erogaciones, en un sistema progresivo de la distribución del gasto público y, antes que una austeridad republicana, en un manejo eficiente de la inversión pública. Pensar en el debate entre el neoliberalismo y un sistema de bienestar no va a servir de nada si en el plano práctico de la política pública se pierden de vista las necesidades del país.

Fuentes

Producto Interno Bruto a precios corrientes, últimos trimestres.

[1] https://www.eluniversal.com.mx/columna/carlos-loret-de-mola/nacion/y-cuando-despertamos-el-huachicol-seguia-ahi

Rodrigo Núñez, 21 años.

Estudiante de economía en el ITAM y derecho en la UNAM, coordinador del área de transparencia del Centro de Estudios Alonso Lujambio y asistente de investigación del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Escribo sobre economía, derecho e historia.

Me interesan los deportes y la política.

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