Compartiendo cuerpo y deseo

Escrito por Rebeca Guerra Espitia

Hace unos días vi la película de Shortbus, que, aunque salió en 2006, no es algo que hubiera visto en ese tiempo. En ese año estaba entrando a la secundaria y estoy segura de que esta película me hubiera espantado y no dudo que pudiera causar la misma reacción en muchas de las personas adultas que la ven. La película comienza con tres escenarios distintos de personas en situaciones sexuales diversas: una de pareja, una individual y otra de una trabajadora sexual con su cliente, todas completamente explícitas y a mí parecer, muy divertidas.

La película nos lleva a un singular sitio de Nueva York, un lugar nocturno donde la gente se reúne a compartir un poco de su sexualidad y de sí mismos. Simplificándolo, es un lugar para orgías, pero si miramos más de cerca, no es sólo esto, también se proyectan películas de arte, hay mesas donde platicar, un círculo exclusivo de mujeres y hasta escenario para obras teatrales o actos musicales. El público es diverso y, desde mi perspectiva, bastante incluyente. La verdad es que yo estaba fascinada, aunque muchas personas pudieran tomarla como una película pornográfica, a mí me pareció una manera entretenida, y sobre todo real, de mostrar la sexualidad por lo que es: un enmarañe de situaciones, pensamientos, prácticas, deseos, culpas, personas, historias, emociones, frustraciones, pasados, presentes, alegrías, creencias, actitudes, añoranzas y más.

La sexualidad no son personas teniendo relaciones sexuales, ni nuestra preferencia genérica (conocida como orientación sexual) y tampoco nuestra identidad de género. La sexualidad nos atraviesa en cada uno de los aspectos de nuestra vida, se experimenta y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos. La sexualidad es un aspecto amplio dentro de la dimensión del ser humane y de su identidad, la cual incluye su sexo, su identidad de género, expresión de género, su preferencia genérica, los roles de género, los vínculos afectivos, el cuerpo, el erotismo, la intimidad, las relaciones sexuales, las emociones, los pensamientos, el amor y la reproducción. Son aspectos biológicos, sociales y psicológicos que interactúan en un marco histórico y cultural específico; un conjunto de fenómenos emocionales, de conducta y de prácticas que marcan de manera decisiva al ser humane en todas y cada una de las fases de su desarrollo. 

La sexualidad nos trae muchas interrogantes porque nos mueve desde lo más interno de nuestro ser, nos atraviesa, y a veces nos resulta más fácil darle la vuelta a esta confrontación con nosotres mismes y dejarla a un lado. En una entrada del blog que escribí anteriormente acerca de la Educación Integral en Sexualidad (EIS) hablé sobre la importancia del autoconocimiento. Al conocerse, une puede reconocer sus emociones, nombrarlas y expresarlas, a través de la comunicación puede actuar sobre ellas de manera consciente; también puede descubrir su capacidad para disfrutar y saber lo que le brinda placer, así como lo que no, para marcar límites. Esto nos ayuda a establecer como base indispensable la asertividad y a través de ella generar relaciones justas, basadas en el respeto, la igualdad y la responsabilidad.

Butler[1] nos dice que el cuerpo implica mortalidad y que esta mortalidad nos trae la posibilidad de vulnerabilidad y agencia. Nuestra piel está expuesta a ser tocada, pero también a ser violentada o expuesta. Nuestros cuerpos, al ser sociales, nos relacionan y a través de este somos dependientes del reconocimiento de les otres. Después, basándose en el trabajo de Jessica Benjamin, nos dice que el reconocimiento “implica que estamos viendo a le otre como alguien separade, pero estructurade físicamente en formas que compartimos. El reconocimiento no es ni un acto que uno performa ni está literalizado en el suceso en el cual nos «vemos» el uno al otro y somos «vistos». Tiene lugar a través de la comunicación, principalmente —pero no exclusivamente— a través de la comunicación verbal mediante la cual los sujetos son transformados en virtud de la práctica comunicativa en la que intervienen.” Un reconocimiento que sostiene nuestra viabilidad como seres humanes.

En nuestros vínculos, afectivos, sexuales y amorosos es necesario reconocer a la persona que tenemos frente a nosotres y que esta nos reconozca a nosotres; como una persona con la que me voy a relacionar, construir una experiencia humana, sea de una noche o sea por la milésima noche. Estimular conversaciones claras de lo que nos gusta, de lo que no, por ahí sí, por ahí no, así sí, así no, ahora sí, ahora no. Que sea algo que se construya con la persona o personas con las que se comparte ese momento, desde las palabras, pero también desde la toma de consciencia de la respiración, las vibraciones y movimientos del cuerpo del otro; desde la consciencia y la conexión, desde el reconocimiento. No terminan de servir los contratos de consentimiento, dar consentimiento afirmativo por cada paso, como se ha sugerido o de “buscar los signos lógicos, manejarte con cautela. No se trata de fórmulas mágicas sino de que realmente te importe lo que le pasa a la otra persona: no hay tecnicismo que valga frente al que está educado para no mirar a la mujer [o persona] que tiene enfrente.”[2]

Hay que tomar este enmarañe de lo que implica nuestra sexualidad y todo lo que la rodea (el enlistado que mencionamos arriba) y verlo de frente, conocernos, analizarnos, comprendernos, sanarnos; y desde ahí poder comprender la complejidad también de la sexualidad de le otre: respetarla, acompañarla dese la compasión, la generosidad y responsabilidad. Lo podré decir fácil, pero no lo es en lo absoluto (ni como persona que se dedica a eso). Es un trabajo interno que nunca termina, es algo que debemos hacer constantemente y que cuesta mucho trabajo, pero con tan solo ya estar parades en el querer reconocerme y reconocer a le otre ya estamos del otro lado.

Aunado a esto, es esencial la existencia de condiciones simbólicas y materiales, que nos garanticen una educación (EIS) para todes donde la sexualidad se viva a través del dialogo, de lazos afectivos justos e igualitarios, del placer y del goce, no desde el pudor, la vergüenza o lo que los mandatos de género nos imponen, que existan las condiciones sociales para que esto pueda suceder y un sistema económico que nos reconozca como una vida digna de vivir. Trabajar hacia un proyecto histórico de los vínculos, como dice Rita Segato[3], lejos del proyecto histórico de las cosas, ponerle un limite a la cosificación de la vida. Es decir, no consumir a la otra persona, (ejemplificando en este tema) por el placer que me va a brindar, por su utilidad, por su vulnerabilidad, por la finalidad orgasmo, sino por la experiencia mutua que vamos a crear en esos instantes, por la interconexión, el cuidado mutuo y el reconocimiento de la humanidad del otre y su deseo. El proyecto histórico de los vínculos insta a la reciprocidad, que produce comunidad, desde donde se producen los cambios “en las grietas del patriarcado y capitalismo”[4].

“Ser libres, ser pares. Para eso, tenemos que romper, pero también inventar: esta civilización nueva que vamos a crear (prefiero no decir “parir”) sale de nuestra imaginación política, pero no solo de ella. Nos brota del cuerpo. Nos mueve la bronca, nos mueve el dolor, pero sobre todo, nos mueve el deseo.”[5]


[1] Butler, Judith (2004). Undoing Gender, Nueva York, Routledge.

[2] Sohaila Abdulali (2018). What We Talk about when We Talk about Rape. Nueva York. The New Press, p. 8.

[3] Segato, Rita (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Prometeo Libros. p.16.

[4] Tamara Tenenbaum (2019). El fin del amor. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Libro digital, EPUB. p. 77

[5] Ibid.


Me gusta que me digan Becka. Estoy cursando la Maestría en Sexología Educativa en el Instituto Mexicano de Sexología A.C. (IMESEX)Soy coordinadora de Educación Integral en Sexualidad y Género, este es un ámbito de la formación socioemocional dentro de la educación media superior de la SEP. Disfruto mucho de hacer yoga cada mañana y del té negro. También tengo un gatito negro llamado Vincent. 
Creo firmemente que la Educación Integral en Sexualidad puede cambiar al mundo.

Redes sociales Instagram y Facebook: @beckahguerra

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