Compañere: más allá de la autocorrección de Word

Mientras escribía la palabra “compañere” en Word para empezar, noté que la misma plataforma me pidió que cambiara la palabra a “compañero” o “compañera”. Claro, ese error se soluciona fácilmente, agregando la palabra al diccionario y uniéndola a mis palabras frecuentemente usadas. Sin embargo, el señalamiento de esa corrección fue el último suceso que marcó mi impresión por la controversia que rodeó el video de una persona no binaria que pidió se respete su identidad, precisamente, como compañere. La condenación del lenguaje inclusivo no es nueva entre entidades con un ethos de prestigio hispanohablante, como la RAE, el mismo correcto de Word o, incluso, entre autores con fama como Mario Vargas Llosa. En un nivel personal, la educación que he recibido, en varias ocasiones, me ha enseñado que “compañeras y compañeros” sería un discurso suficientemente incluyente, con argumentos que desmeritan la apertura a otros pronombres por una falta de formalidad. Y así, un discurso ha sido construido dentro del español; un discurso que construye la identidad de ciudadanes de países enteros en el binarismo de hombre y mujer; un discurso que, en palabras del artículo Género no binario escrito en este mismo blog–, “limita y encasilla la experiencia humana en dos opciones únicas y opuestas” como consecuencia “de la colonización, el imperialismo y la evangelización europea y católica”; un discurso que ha oprimido y borrado a las identidades que salen del sistema sexo-género.

            Con este trasfondo, la controversia alrededor del video tiene consecuencias y discursos materiales, como los famosamente expresados por cierto comentarista en Telefórmula. Estos discursos han causado que la idea de un lenguaje incluyente sea el invento de una generación —una moda que debe ser tomada a la ligera— en vez de una resistencia material en contra de un canon que, más allá de los genitales que alguien pueda tener, obliga a todas las personas a actuar de una determinada manera bajo la sombra y el título de un género específico. Como lo explicó el profesor y activista Lucas Platero Méndez para el periódico El País:

Alguien no binario […] “es quien dice que no es binario”. No hay más. “Son personas cuyas vivencias exceden las normas cotidianas y que tienen una mirada propia sobre su cuerpo, las relaciones que establecen y su estar en el mundo, de manera que buscan maneras habitables de poder ser y obtener reconocimiento de su entorno” […]. “La diversidad de formas de entender el género no hace sino reactualizar la importancia que tiene el género y el sexo en nuestra sociedad”, […] “Entender que hay condicionamientos sociales que dan forma al género no es lo mismo que decir que dicha construcción social no tiene un peso en la vida, aunque seas una persona disidente de tales normas. Saber que es una construcción social no te exime de la discriminación o del castigo por salirte de ellas”.

La filósofa Judith Butler ha afirmado que “la distinción entre sexo y género no existe como tal”. Además, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) ha reconocido que “el género es una construcción social que corresponde a las características que la sociedad atribuye a las personas de uno y otro sexo”, así como que esas determinaciones “crean conductas de feminidad o masculinidad que cambian según la época”. Sin embargo, el género aún es visto como un canon biológico y permanente que debe regir la manera en la que un ser humano se comporta. El artículo 4° Constitucional establece que toda persona tiene derecho a la identidad, y la misma Suprema Corte ha entendido que los derechos a la identidad personal y sexual constituyen derechos inherentes a la persona como parte del desarrollo libre y autónomo de su personalidad y como parte de su integridad física, psíquica y moral. A pesar de ello, en México, todavía suceden fenómenos como la cirugía correctiva para personas intersexuales y la falta de respeto hacia los pronombres que una persona prefiere utilizar, así como el video viral del compañere lo evidenció recientemente.

Como personas que utilizamos pronombres dentro del binarismo sexogenérico, debemos prestar atención a las diferentes identidades que existen alrededor de nosotres. Más allá de lo que reglas coloniales del español nos puedan dictar, debemos adaptar nuestro lenguaje a las luchas sociales que nos rodean y al cuestionamiento de los cánones de géneros que la heteronorma nos ha impuesto. Sólo así, podremos abrir paso a mayor tolerancia e inclusión dentro de nuestras instituciones y nuestros vínculos afectivos.

Él/He

Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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