Colonialidad del saber: la academia vs la autoafirmación

En un ensayo final de la maestría, un profesor (doctor marxista ampliamente reconocido en la academia madrileña y los programas de discusión política de radio) me comentó lo siguiente: “tu texto no es objetivo y parece simplemente una auto-afirmación”. Esto fue, claramente, porque mi postura estaba en contra de lo que este “distinguido” señor pensaba. Dolió su juicio en forma de retroalimentación, pero, sobre todo, me dolió más que repitiera los axiomas que la academia (y en específico las humanidades y las ciencias sociales) se repiten constantemente: la ciencia es y debe ser objetiva.

Esta máxima de la academia, a pesar de ser muy extendida, sigue siendo una mentira. ¿Cómo? ¿Una mentira? ¡Pero nuestros ensayos y papers están escritos en tercera persona y hacemos un uso desmedido de frases impersonales para demostrar que estamos siendo objetives!

La objetividad no es una forma de separarte de tu “objeto” o “sujete” de estudio, la objetividad no es una forma de hacer una mejor investigación. La objetividad es la estandarización y universalización del conocimiento y punto de vista de los hombres blancos burgueses y europeos a partir del siglo XVIII. Así es, la objetividad parte de la imposición de un tipo de conocer, entender y sentir al mundo llamado racionalidad. Esta racionalidad se hace pasar por natural y única, es incuestionable y parece que es ahistórica. Sin embargo, la razón es sólo una parte de la diferencia colonial que brinda “civilidad”, es decir, las personas que razonan son civilizadas, las personas que no razonan son salvajes o bárbaras. Y, claro está, las personas “civilizadas” son las mismas que establecieron esta base y jerarquizaron los conocimientos.

Al final de cuentas, la academia (cuya base es la racionalidad occidental) es la auto-afirmación de un grupo minoritario de personas europeas, blancas, burguesas y cis-heterosexuales. Entonces, ¿por qué mi ensayo está mal por ser una auto-afirmación? ¿No es el conocimiento científico de la academia una auto-afirmación de la macro-cultura occidental? ¿No es lo que busca la academia al final de cuentas: respuestas y explicaciones al entorno y a nosotres mismes?

Boaventura de Sousa Santos (2009, p.29) en Epistemologías del Sur apunta que “las ciencias sociales no son objetivas porque el científico social no puede liberarse, en el acto de la observación, de los valores que forman su práctica en general y, por lo tanto, también su práctica como científico.” En pocas palabras, intentar llegar a la objetividad y negar el conocimiento producido por les otres (el cual difiere de los estándares eurocéntricos del saber) es una forma de evidenciar la colonialidad del saber.

¿Y qué es la colonialidad del saber? Es un patrón de poder que domina, dicotomiza y jerarquiza las formas de ver, ser, pensar y sentir el mundo. Es la forma de negar saberes por no estar escritos (inferiorizando el conocimiento oral). Es el modo en el que CONACYT suspende becas a mujeres embarazadas. Es el famoso Publish or Perish (del que ya nos iluminó Alonso), en donde la cantidad siempre va a primar. Es medir nuestra inteligencia del 1 al 10. Es que une profesore emérite gane 150 mil pesos al mes, mientras que une profe de asignatura gane 4 mil pesos. La colonialidad del saber es pensar que existe una sola forma de pensar y no cuestionar lo que se nos ha enseñado que es incuestionable (como los valores judeo-cristianos y las normas morales que constriñen la vida).

Eréndira Derbez (@erederbez)

Sin embargo, me parece que, a pesar de esta contradicción (cómo la academia niega su propia auto-afirmación y su estructura colonial), existe una contradicción aún mayor: el querer generar conocimiento que sea validado por esa misma academia. Y ese no es simplmente un destino auto-impuesto, es también la forma en la que el sistema se estructura: si quieres ser escuchade/leíde tienes que seguir las reglas del juego. Algo similar al Juego del Calamar, pero versión investigadores SNI III.

En fin. Dejemos de acumular conocimiento como si de trofeos se tratase y comencemos a aceptar que los saberes se pueden desaprender. Y también comencemos a aceptar que la auto-afirmación de la macro-cultura occidental es parte fundamental y fundacional de la academia y los saberes modernos.

Mujer morena, activista y feminista decolonial y antirracista veracruzana. Maestrante en Teoría y Crítica de la Cultura en la Universidad Carlos III de Madrid. Internacionalista formada en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y la Universidad de Pretoria en Sudáfrica. Profesora adjunta en la UNAM e integrante y co-fundadora de la Colectiva Feminista “Dignas Hijas”. Escribe sobre sexualidad y América Latina a partir del estudio de la cultura desde un enfoque decolonial, con el fin de desmitificarlas y evidenciar estereotipos racistas, misóginos y coloniales. Además, menea la cola con funk y reggaetón.

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