Spotlight: la película que no se debe olvidar

Este mes, y con los premios Oscar retrasados hasta abril, he encontrado una manera de extrañar un poco menos las idas al cine de esta temporada. He estado reviviendo algunas películas premiadas que me han apasionado mucho, y es así como (recapitulando la que ya es la década pasada) me topé con Spotlight. Pocas películas me han dejado un impacto tan duradero como esta desde aquella vez que la vi en 2016 y no me gustaría perder la oportunidad de traerla al presente para poder hablar de ella.

Spotlight es una cinta dirigida por Tom McCarthy y con las actuaciones de Michael Keaton, Rachel McAdams, Mark Ruffalo y Liev Schreiber. Tom, quien venía de dirigir “The Cobbler” en 2014 (una comedia con Adam Sandler) le dio una dirección totalmente nueva a su carrera dirigiendo una película de drama periodístico.

La historia se desarrolla en el 2001, cuando Spotlight, un equipo especializado de “The Boston Globe”, investiga los escándalos relacionados a John Geoghan, un sacerdote acusado de abusar sexualmente de más de 80 niños. Durante el transcurso de su investigación los periodistas se darán cuenta que el caso de John no es un caso aislado, es de hecho, un problema sistémico lleno de secretos y encubrimientos por parte de la iglesia católica y un sistema de justicia corrupto. Es así como este equipo de periodistas será uno de los primeros en destapar una red de pedofilia, que no solo se extiende en la ciudad de Boston, sino en el resto del mundo.

Spotlight logró que hiciera algo que no hacía muy seguido; fui a verla al cine dos veces. Quedé impactado por lo impecable que me resultaba la película y el mensaje tan efectivo que transmitía.

Por un lado consigue un retrato respetuoso, y muy atractivo, sobre lo que es el trabajo periodístico. Situaciones que pueden sonar aburridas, como una junta de oficina o la lectura de documentos en una biblioteca, la película las toma y las convierte en los elementos de un magnifico thriller. El  público logra involucrarse con el resto del equipo y sentirse parte de ellos; compartir su urgencia y frustración.  Los diálogos nunca pierden la tensión gracias a una edición ágil y el reparto, que funciona tanto de manera individual como grupal, mantienen la credibilidad durante la película.

Por otro lado (el más importante), toma una temática increíblemente difícil de contar y consigue plasmarla de una manera sobria y balanceada.

Lo que podría resultar una película melodramática y de lágrima fácil, no es así, -y no porque no tenga momentos emotivos-. Simplemente, el film no pierde el tiempo manipulando las emociones del espectador con música triste o monólogos largos. En lugar de juzgar, expone. Se concentra en los hechos y deja que uno sea quien llegue a la indignación. La participación de miembros de Spotlight y sobrevivientes reales en la cinta consigue un relato digno y sensible sin llegar a ser morboso. Da un golpe certero de realidad.

La película ganó el Oscar a Mejor película y Mejor guion original. Según cuenta Sacha Pfeiffer (una de las periodistas de Spotlight), después de la exposición masiva que consiguió la película más víctimas se han presentado y alzado la voz. Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer.

Bernard Law, unos de los arzobispos mencionados en la película y encubridor de pederastas, fue ascendido a un alto nivel en una iglesia romana después de los escándalos en su contra y fue ahí donde se le protegió hasta su muerte en 2017.

Aunque resulte difícil de hablarlo, miles de niños y niñas siguen siendo abusados por cientos de clérigos. Que esto no deje de indignarnos y producirnos asco. Que la historia que se cuente en esta película no se olvide nunca. No permitamos que esto siga ocurriendo.

Spotlight no solo es una gran película en cuanto a técnica y narrativa, es un ejercicio de memoria colectiva. Si tienen la oportunidad de verla, permitámonos recordar.

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Me gusta escribir sobre las cosas que me apasionan. El cine es una de ellas.

Psicólogo, yucateco y a veces muy soñador.

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