Rebelión en la distopía pt.2

Katniss o sagittaria sagittifolia es una planta, cuyos tubérculos pueden ser utilizados como una gran fuente de comida. La protagonista del New York Time Best-Seller, Los Juegos del Hambre, recuerda cómo su padre, un minero fallecido cuando ella tenía once años en una explosión, le mencionó en una de sus cazas que, si se podía encontrar a ella, nunca padecería de hambre. Katniss Everdeen vive en Panem, cuyo nombre en latín significa “pan”. En las primeras páginas de este libro, podemos apreciar cómo toda la vida de Katniss gira entorno a la comida, a obtenerla, a consumirla, a conservarla. Inclusive cuando su amigo, Gale, se llega a quejar del Capitolio, el gobierno totalitario que reina sobre ellos, reflexiona sobre lo inútil que es para ella conocer la verdad detrás de la historia de la pasada rebelión fallida que llevó a las Juegos del Hambre, cuando esto no la ayudará a poner comida sobre la mesa.

En la primera parte, mencioné el aire de superioridad que percibía de George Orwell, especialmente dentro de sus trabajos distópicos literarios. Al realizar una investigación más profunda me tope con una cita de una de las críticas de Orwell, Beatrix Campbell, en donde resume mi desdén hacia el autor de 1984 de manera muy puntual al decir que éste cree que la clase trabajadora —el proletariado como le llamaría Karl Marx— es la clase revolucionaría, pero no lo siente. A pesar de todos sus experimentos sociales, Campbell percibe, al igual que yo, que Orwell no considera al proletariado como una clase pensante, sino como personajes secundarios de la rebelión. Orwell también decía que el proletariado era la clase que había permanecido más humana, pero insistía en describirles casi como animales. Su admiración hacia estas personas era la que se le tiene a una hermosa gacela. Admiración de su ignorancia por que la deja conformarse con su situación y ser más feliz que él. Admiración de sus pezuñas poderosas que podría usar para dominarlo, pero solo en defensa propia. Nunca hará nada para dejar de ser cazada. Solo se librará de esta condición si un humano decide no cazarla y convence a los demás cazadores de no hacerlo.

Sorprendentemente, nunca se deja de tratar de él. Y, dejando a Orwell en paz por un segundo, nunca se deja de tratar de nosotros y nosotras si somos de clase media o alta. Se trata de nuestro sufrimiento al ver a estas “criaturas” físicamente poderosas y vastas en números negarse a la rebelión por su supuesta falta de conciencia. Somos Winston Smith viendo a la mujer “prole” por la ventana, pensando que es más feliz que él, que como ella hay miles en el mundo, pero sin poder ver más allá del vientre que él siente va a crear a más soldados para la rebelión que ansía, más no líderes.

Es curioso que el proletariado para Winston Smith sea representando mediante una mujer.

Al volver a leer la novela de los Juegos del Hambre, con el contexto Orwelliano en mente, me di cuenta de que Katniss es exactamente la “prole” que los autores distópicos, como Orwell, nunca imaginaron. Es una hija del distrito minero, sector al cual Orwell le tenía particular admiración. Antes de su tiempo en la arena de los Juegos del Hambre, no está activamente buscando incitar una rebelión, pero está consciente que el Capitolio le miente. Ha crecido lo suficientemente fuera del sistema como para verlo de manera objetiva. La cuestión aquí no es la que creían Orwell, de que el proletariado no es consciente, sino de por qué, aun estando conscientes, no actúan.

Hambre.

Según la pirámide de Maslow, la cual explica el comportamiento humano dadas nuestras necesidades, en el nivel más básico, se encuentra la necesidad de alimentarse, seguida por la necesidad de la seguridad física, económica, de vivienda, etc. Sin antes ser satisfechas todas estas necesidades, no se puede subir a las otras como las de autorrealización, la estima y lo social. Entonces, si nuestros y nuestras protagonistas fuesen parte de una clase en donde esos dos primeros niveles son cubiertos, claro que tendrían la oportunidad de plantearse cuestiones de autorrealización y estima, las cuales vemos en los protagonistas de clásicos como 1984 y Un Mundo Feliz. No porque tengan alguna consciencia mucho más elevada, sino porque sus necesidades básicas se están satisfaciendo.

Podemos ver cómo estás cuestiones empiezan a surgir una vez que Katniss es llevada al Capitolio y recibe, por primera vez en su vida, comidas completas e interminables. No solo está sobreviviendo, pero puede comer hasta deshacerse de su hambre, la cual la impulsa hacia sus acciones del día a día antes de llegar al Capitolio. Sin embargo, la necesidad de seguridad física sigue constantemente en riesgo. Sus acciones son motivadas por satisfacer estas necesidades. Por esto, vemos que, incluso al salir de la arena de los Juegos, su prioridad no es la rebelión, sino su supervivencia y la de sus seres queridos. Durante su gira de los distritos, se da cuenta que inclusive dentro de la arena tenía más oportunidades de acercarse a la rebelión. Allí, ella daba por perdida su vida y, aunque sus necesidades básicas no estaban satisfechas, las podía hacer hacia a un lado a cambio de darle una despedida digna a Rue. Todo esto bajo la creencia de que sus seres queridos estaban a salvo. He ahí otra cuestión.

No solo se tienen que satisfacer las necesidades básicas de la persona para que esta pueda subir a los otros niveles, sino la de sus seres queridos. La cláusula del párrafo anterior también aplica aquí, ya que se pueden sobrepasar estas necesidades si es evidente que la vida del ser querido esta destinada a ser perdida o ya lo está, lo cual la lleva a la idea de suicidio dual con Peeta en sus primeros Juegos (ambos ejemplos ya mencionados, siendo de los momentos rebeldes más importantes para Katniss).

Entonces, las necesidades básicas de Katniss casi nunca están lo suficientemente satisfechas durante los libros como para llegar a las cuestiones que la incitarían a poner a la rebelión como su prioridad. Sin embargo, la rebelión surge y ella es su símbolo. De esto nace un nuevo conflicto que ni Orwell ni Huxley tocaron, ya que nunca llegaron al punto en donde sus personajes estuviesen en medio del proceso de rebelión. Suzanne Collins lo cita como la “teoría de la guerra justa” y fue en esto en lo que se basó para su serie.

Esta teoría explora cuándo y bajo qué circunstancias es justo entrar en guerra. El trato que se le da al proletariado del mundo de Panem es claramente injusto y cruel, eso no lo pone bajo discusión, pero sí explora las diversas maneras en las que se puede ejecutar una rebelión mediante lo que muchos le han criticado a la serie —aunque yo se lo atributaría más a las películas— por ser cliché. Claramente me estoy refiriendo al triángulo amoroso entre Katniss, Gale y Peeta. Sin embargo, cuando se le preguntó a Collins sobre este triángulo, ella explicó que, más que una cuestión amorosa, lo veía como un conflicto entre dos puntos de vista dentro de la teoría de la guerra justa. Gale, quien ha sufrido por hambre toda su vida, aborda la rebelión con métodos de violencia extrema, alineándose con la que se convierte en la líder de la rebelión, la presidenta del Distrito 13, Alma Coin. Ésta, al haber crecido en el Distrito perdido, no ha sufrido hambre en sí y ha vivido demasiado lejos del Capitolio como para generar el punto de vista objetivo que tiene Katniss al ser parte de y, simultáneamente, ser olvidada por el sistema durante la mayoría de su vida. Al fin y al cabo, Coin es la cabeza de un gobierno, de igual manera que el Presidente Snow lo es. Es una cuestión de El Partido y La Hermandad de 1984. En la primera parte, expliqué lo poco que importa si es Gran Hermano o Goldstein al que idolatras.

Entonces, ¿la respuesta es la diplomacia que representa Peeta, el hijo del panadero de la clase mercantil del Distrito 12, quien tampoco ha sufrido hambre?

Orwell y Huxley relatan que la rebelión se convertirá en un nuevo gobierno totalitario, siguiendo la dialéctica amo/esclavo de Friedrich Hegel que dicta que “los subyugados” se convierten en “los subyugadores”. ¿Qué punto de vista evitaría este ciclo?

Cuando Alma Coin pide que se ponga a votación el implemento de unos últimos Juegos del Hambre, esta vez hacia las hijas e hijos del Capitolio, Katniss se percata que, años atrás, alguien había estado en su misma situación y había decidido que sería tratada como un animal de caza.

Katniss no empieza su camino hacia la rebelión por una necesidad de realización mayor o estima, como lo que busca Winston Smith en 1984. Katniss siempre busca salvar a su hermana, a la única persona que está segura de amar. Katniss llega al pronunciamiento de Alma Coin como nueva presidenta de Panem, la rebelión triunfante, con su hermana muerta, en gran parte, gracias a Gale tras ser consumido por venganza, con la sanidad de Peeta dañada de manera casi irreparable tras ser torturado por orden de Snow.

Katniss, sin más nada que perder, una cazadora nata, deja volar una flecha al corazón de quien fuera a convertir a su rebelión en un nuevo Capitolio.

NY TIMES

“Hope Lies in the Proles” por John Newsinger

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Stephi. Soy feminista, tengo 21 años y estudio Comunicación en la Anáhuac Mayab. Procuro leer tanto como lo hacía en la primaria y ver todas las películas y escuchar todos los álbumes que pueda antes del Apocalipsis.

Sigo aprendiendo y no pretendo dejar de cometer errores. Solo espero que sea uno diferente cada vez.

Bi.

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