Después de la fantasía

La trilogía romántica de Richard Linklater (Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes de la medianoche) había sido una que siempre ansié ver. Siendo una amante de las películas románticas de los noventa, sabía que la historia de dos jóvenes pasando una velada en Viena iba a ser el tipo de cursilería bien escrita que tanto suelo disfrutar.

¿Y qué es lo que hace un buen romance cinematográfico? Como cualquier buena película, te vende una idea. En este caso es la fantasía del romance perfecto entrando a tu vida en el momento menos esperado. En la primera parte de la trilogía Antes del Amanecer, ese romance perfecto cobraba vida en uno de mis actores favoritos, Ethan Hawke, diciéndole todo lo correcto al personaje de la francesa Julie Delpy, quien, por su parte, era la dosis perfecta de feminista, ecologista, y un toque de manic pixie dream girl.

La primera entrada de la trilogía no busca ser realista, sino creíble. ¡Y lo es! El dialogo, el 90% de su guion, es estilizado pero honesto. Se ven los frutos de la colaboración entre actor, guionista y director, con una participación equitativa entre las mujeres y los hombres del equipo. El resultado es una conversación, nunca un monólogo, imperfecta, llena de las incomodidades que surgen entre extraños, pero con una familiaridad que deja que ambos personajes revelen sus deseos y arrepentimientos durante el curso de una sola noche.

Al llegar al final, cuando por fin amanece, estás llene de esperanza y ansiedad. ¿Se volverán a ver en la fecha acordada? ¿Cambiarán de opinión al salir de la burbuja que crearon y llegar a sus vidas verdaderas?

Pudo haber acabado ahí. La película por sí sola funciona y terminó, como bien anticipé, siendo una de mis favoritas. Sin embargo, lo que hace que estás películas pasen de ser un romance más a una observación casi científica de una pareja es justo su estatus de trilogía.

Brincamos 9 años en las vidas de Jesse y Céline, pero no en tiempo cinemático, sino en años verdaderos. Esta vez nos encontramos en Paris, la natal de Céline. A diferencia de la película anterior, la locación no es imparcial a los personajes, no se trata de que conozcan una nueva ciudad junto a una nueva persona. Esta vez, es más difícil crear la burbuja y no dura mucho una vez que la obtienen.

Jesse porta un anillo de matrimonio y, a comparación de la película pasada, la relación no ha terminado, es más, hay un hijo de por medio. Además, la razón que los vuelve a juntar —el libro que Jesse escribe sobre su velada en Viena— no es el gesto romántico que piensa que es. Céline expresa lo extraño que fue leer sobre ella, cómo recuerda algunos detalles diferente. La fantasía empieza a mostrar grietas al toparse con el argumento que plantea la segunda película de la trilogía: ¿y si estas personas existieran fuera de la burbuja?

No se juntaron después de Viena. Lo cual sería el final más lógico para ambos. Para Jesse, lo más interesante en su vida fue aquella noche. ¿No sería esa la realidad para tú y yo? La vida de Céline tampoco ha sido perfecta. Su carrera la ha defraudado, al igual que sus relaciones amorosas. Su abuela murió. Y, a pesar de mostrarnos desde el inicio su inclinación hacia el feminismo, ha ido a buscar a un hombre (el cual ella sabe que es casado) esperando encontrar un poco del romance de Viena.

No hay que confundirnos, la segunda película aún vive en fantasía y termina con una esperanza de que nuestros protagonistas vivirán felices por siempre aún más fuerte que la película anterior. ¿Qué pasará con el matrimonio de Jesse? ¿Con el hecho de que viven en continentes diferentes?

¡Qué importa, viva el amor!

Hasta ahorita, la falacia más grande se mantiene casi completa. Vemos las grietas, pero ¿esto se trata de amor no? ¿Mínimo sobre romance?

No hay que confundirnos, la trilogía de Linklater vista en su totalidad, no es una historia romántica más, sino un arduo descenso en el horror de la realidad de las relaciones humanas contemporáneas.

La tercera película deja de pretender desde un inicio. Si te gusto el final de la última vez, Linklater te forza a ver la consecuencia directa de las acciones de nuestros protagonistas: el hijo de Jesse.

Éste no vive con Jesse, ya que aprendemos que se mudó a Europa, y que el divorcio no terminó como nos lo pintó Jesse, ya que su exesposa lo odia y le ha peleado la custodia arduamente. Jesse se ha convertido en aquello de lo que se quejaba y sutilmente dolía en la primera película: un padre ausente.

Cuando nos volvemos a topar con Céline, ésta contempla aceptar un trabajo con el gobierno del que tanto se quejaba por razones económicas, en oposición total a su idealismo de años anteriores. Al ver el asiento trasero de la pareja, nos damos cuenta el porqué. Céline es madre de hijas gemelas, y este estatus maternal ha opacado cualquier otro rol en su vida. Después de esos, escuchamos como el grupo de amigos con los que viajan la tratan primero como madre y luego como esposa. ¿En dónde ha quedado Céline?

Esto no es una crítica hacia ninguno de estos roles los cuales son amorales, sino una observación específica del personaje de Céline, quien nunca expresó un deseo de ser ambas y quien aprendemos durante el curso de la película se encuentra atrapada en estos roles que quiere para ella, pero que simplemente no encajan con su persona. Esta fragmentación es evidente en el guion, el cual, por primera vez, pareciera no ser consistente con la caracterización de sus personajes, representando a Céline de una manera volátil que la hace ver como una loca y llevando a Jesse a llamarla así varias veces a lo largo de la película.

¿Y el Jesse romántico y comprensivo?

La película hace un gran trabajo de destrozar las personas fantasiosas que conocimos en la primera vez, ya que esa instancia era solo un momento, y ahora vemos la acumulación de décadas de errores y consecuencias. Culminando con el hecho de que sí, el príncipe azul fue infiel, y probablemente ella también. Sí, él se arrepentía de haberla escogido sobre su hijo (una decisión que por fin entiende), y sí, ella piensa que su exmujer es una perra, negándole la empatía de la sororidad. Por fin tenemos el final que siempre quisimos para nuestros personajes; terminan juntes, con una familia. Sin embargo, más que esperanza, te llena de horror verles dentro de la jaula que crearon, a la cual llaman “relación”.

No quiero galardonar a la trilogía más de lo que se merece. No es perfecta, ni posee una genialidad fuera de este mundo. Ni siquiera sé, hasta el día de hoy, si me gusta en lo personal. Es pesimista, trata a Céline con mucha más injusticia que a Jesse. Y es la historia de terror más engañosa que jamás hayas visto, porque te niega cualquier migaja de satisfacción, lo que, a fin de cuentas, estabas buscando al empezar a ver la primera película. Pero es honesta.

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Stephi. Soy feminista, tengo 21 años y estudio Comunicación en la Anáhuac Mayab. Procuro leer tanto como lo hacía en la primaria y ver todas las películas y escuchar todos los álbumes que pueda antes del Apocalipsis.

Sigo aprendiendo y no pretendo dejar de cometer errores. Solo espero que sea uno diferente cada vez.

Bi.

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