Cine de clichés: La chica final

Llegamos al desenlace de la trama, el showdown final entre asesino y sobreviviente. Una chica, torturada, cansada y ensangrentada, porta el arma con la que dará fin a su perseguidor. ¿Cómo se llama la película?

Los estereotipos en el cine de terror son comunes y abundantes, presentes a lo largo de su historia como fórmulas seguras a las que los cineastas aluden para mantenernos al borde del asiento, y una de sus manifestaciones, ampliamente explotada, es el cliché de la chica final: un personaje femenino que persiste y sobrevive a diferencia de sus compañeros, quienes suelen experimentar muertes dolorosas ligadas a algún aspecto de su personaje.

Es un recurso cómodo y popular, pero más allá de su papel en pantalla, ¿cuáles son los valores que refleja? ¿Es un símbolo de empoderamiento femenino o un reflejo de actitudes conservadoras?

Carol J. Clover acuñó el término en 1992, identificando su nacimiento en los slasher films de los setentas, época que nos presentó personajes como Laurie de Halloween (1978) y Sally de The Texas Chainsaw Masacre (1974). Si bien no podríamos decir que los personajes son iguales, Sally siendo femenina y extrovertida a diferencia de Laurie, asexuada e intelectual; ambas cumplen las características intrínsecas del cliché: pelean y resisten hasta que logran escapar asistidas por un personaje masculino. Sally es salvada por un conductor transeúnte y Laurie por el Dr. Loomis, psiquiatra de Michael. En palabras de Clover, portan una “mirada de investigación activa”, reflejo de su carácter inteligente y curioso.

Su victoria puede ser metafórica, ambigua o incluso dolorosa —sobreviviendo solo para sufrir las consecuencias de los horrores que haya enfrentado— pero es un símbolo de triunfo, esperanza y fortaleza que desafía las habilidades de su oponente. Como audiencia, nos hemos acostumbrado a la damisela en apuros, joven indefensa que necesita rescate, pero ¿cuál es su justificación? Según Clover, encontramos la respuesta en nuestra percepción del género.

“Las muestras de fuerza y enojo pueden pertenecer al hombre, pero el llanto, la cobardía, los gritos, los desmayos, los temblores y las súplicas de misericordia pertenecen a la mujer.” (Carol J. Clover, 1987)

El personaje deberá conectar con la audiencia, y considerando las reacciones emotivas que tendrá, los cineastas optaron por papeles femeninos. Una de los “ventajas” de esta elección, si queremos verlo así, es que nos permite experimentar los horrores de la trama desde la mirada de una mujer, forzándonos a empatizar con el personaje y su género, algo especialmente importante al considerar que mucha de la violencia que vemos en pantalla prevalece fuera de ella.

Y aunque este personaje puede ser un vehículo para la empatía, también normaliza los abusos que las mujeres experimentan, dotando de especial culpa a quienes no siguen la norma conservadora. Notamos esta función comparativa en las cualidades que el personaje abraza y rechaza, en donde nos muestra un rol positivo y uno negativo, un qué hacer y qué no hacer de acuerdo con valores de la época.

La chica final suele ser virginal, o en rechazo del sexo y su propia sexualidad, contrario al resto de los personajes, que suelen morir al principio de la trama por su “promiscuidad”, como ocurre en la primera entrega de Halloween. Es “diferente” a sus pares: introvertida, tímida, masculina o intelectual; y no demuestra interés en actividades sociales como fiestas, alcohol o drogas, lo que le permite estar despejada y alerta, lista para enfrentar los terrores que la esperan. El cliché se convirtió en sinónimo de pasividad, presentando a una criatura inocente e indefensa intentando sobrevivir.

Podríamos identificar a Scream (1996) como una de las películas que revolucionó este universo. Un meta comentario que critica el terror y sus claros lineamientos, en donde la protagonista Sidney, una mujer sarcástica y aguerrida en contacto con su sexualidad, juega con las reglas y las rompe a su gusto.

Otro filme autoconsciente es La Cabaña del Terror (2011), una comedia slasher en donde los protagonistas experimentan los horrores clásicos del género, controlados por una instalación subterránea. La cinta nombra varios estereotipos y hace hincapié en la comparativa mujer promiscua (la primera en morir) y mujer virginal (la sobreviviente).

Películas como estas han pedido la muerte del cliché a gritos y, aunque no han logrado asesinarlo, han abierto las puertas a interpretaciones nuevas en donde los personajes no aguardan sumisas, sino que se dirigen hacia su oponente buscando justicia y, en el proceso, rescatan su propia libertad.

Películas como The Invisible Man (2020), Ready or Not (2019) y Midsommar (2019) nos presentan protagonistas fuertes, dispuestas a enfrentarse a cualquier obstáculo hasta alcanzar una revolución personal. Sus arcos narrativos son mucho más complejos y particulares, y ellas son mucho más que víctimas.

Encontramos otro personaje interesante en Tomasín de La Bruja (2015), cuyas ataduras parten precisamente de su virginalidad. El miedo de su familia hacia su sexualidad se vuelve un obstáculo en su recatada época, hasta que Tomasín descubre que en ella se encuentra la llave de su realización y felicidad.

Si bien la chica final ha crecido, no debemos considerar su evolución como una victoria definitiva. Es importante recordar que, en el cine, particularmente el de terror, la blanquitud es una característica prácticamente obligatoria para llevar un papel protagónico. La interseccionalidad del cliché deja mucho que desear y denota una necesidad latente de historias más diversas.

Laurie y Michael en Halloween (1978)

Filmes como Nosotros (2019) de Jordan Peele o Assassination Nation (2018) de Sam Levinson muestran perspectivas diferentes, aterrorizándonos con efectivos comentarios sociales sobre las problemáticas de sus respectivas minorías, la comunidad negra y transgénero respectivamente.

Aún y con este crecimiento, debemos abandonar la idea de que los clichés son moldes por llenar. Pueden ser guías que seguir o inteligentes herramientas narrativas, mas no deben habilitar perspectivas excluyentes. Mientras la chica final del pasado era definida por su victimización, ahora encontrará fuerza en su complejidad e interseccionalidad. Su determinación generará empatía e inspiración en lugar de lástima, y planteará visiones complejas y únicas, enraizadas en la amplitud de la experiencia femenina.

 

 

 

Bibliografía:

Carol J. Clover. (1987). Her Body, Himself: Gender in the Slasher Film. University of California Press.

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Comunicóloga. Busco entender al mundo desde las letras y escribo sobre lo que me encuentra. Feminista de izquierda, socióloga frustrada y frenemy del cine de terror.

Comparto palabras románticas en Pluma Intrusa, proyecto de copy creativo.

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