Cine de clichés- La chica cool

Ella no es como las demás.

Le encanta la comida chatarra, la cerveza y los videojuegos. Recuerda el nombre de cada integrante de los Cowboys y sabe más de mecánica que un ingeniero.
Nunca se enoja, no es sensible ni emotiva y, por alguna razón inexplicable, despierta cada día más joven y sexy que el anterior.

Si te suena familiar es porque, según Hollywood, es la chica que deseamos ser. Una chica cool.

Este personaje es un cliché recurrente en géneros dirigidos a audiencias masculinas; películas de acción, superhéroes y una que otra comedia romántica. Si se hiciera un salón de la fama para chicas cool, Megan Fox en Transformers (2007), Olivia Wilde en Drinking buddies (2013) y Mila Kunis en Amigos con beneficios (2011) formarían parte del top 10.
¿Qué tienen en común estas protagonistas? Son misteriosas, sensuales sin intentarlo y talentosas en actividades estereotípicamente varoniles; mecánica, cervecería y negocios respectivamente. Son mujeres relajadas, con poco interés relaciones estables y, de alguna manera, atraídas a personajes masculinos inadaptados o emocionalmente distantes.

Y lo más importante: no son reales. Son fantasías creadas por hombres, perpetuadas por un sistema que considera que este es el epítome de una mujer deseable.

En las palabras inmortales de Gillian Flynn, autora de Gone Girl:

“Ser una chica cool significa que soy una mujer sexy, brillante y divertida que adora el fútbol, el póquer, los chistes subidos de tono y los eructos, la mujer a la que le gustan los videojuegos y tomar cerveza, la que ama los tríos y el sexo anal, y que come hot dogs y hamburguesas como si fuesen la comida más exquisita del mundo, mientras sigue siendo talla 2, porque las chicas cool son, por sobre todas las cosas, sexys. Sexys y comprensivas.”

Este extracto del monólogo es una especie de justificación para las acciones de Amy, protagonista de la trama. En la película del 2014, acompañamos a Amy Dunne en un rally del infierno contra su marido Nick Dunne, quien la engaña con una estudiante universitaria después de un periodo de ausencia emocional. El filme expone lo demandante que es cumplir con las exigencias del papel, el desgaste que provocan los esfuerzos y el cambio que surge en una relación cuando la mujer detiene su actuación; en el caso de los Dunne, resultando en la infidelidad de Nick con una “versión” más joven del cliché.

Claro, no hay que olvidar Amy es una psicópata, pero tiene un punto. Una vez que la chica cool desaparece, debemos enfrentarnos a la vivencia mucho más compleja de una persona real.

Ahora, en defensa de Nick, es importante decir que no es el único culpable; los clichés que vemos en pantalla se vuelven parte de nuestra vida, de nuestro comportamiento y eventualmente de nuestras relaciones, por lo que es importante notar su efecto en las audiencias.
Personajes así no existen para que nos identifiquemos con ellas. Lejos de empoderar, son un amargo recordatorio del estándar impuesto a las espectadoras.

Si seguimos la narrativa de estas tramas, con quién debiéramos conectar es con el protagonista masculino, quien nos presenta a estas mujeres a través de su mirada como alguien superior, mejor que el resto, no como todas las chicas.

Este estereotipo trae consigo una misógina comparativa en la que el personaje que presenta características estereotípicamente femeninas —interesada en su imagen, sensible y comprometida— es inferior a la chica cool.
En El cisne Negro (2010), vemos como Nina, interpretada por Natalie Portman, quien es inteligente, calculadora e intensa, es presentada como la contraparte indeseable de Lily, Mila Kunis, una mujer descuidada, relajada y desinhibida; como si la primera fuese de alguna manera incorrecta. Lily es objeto de deseo, no solo en la mirada masculina, sino por parte de la misma Nina, quien se tortura envidiando sus atributos.

Tal es la imposibilidad del estándar que incluso en las películas solemos ver los estragos del rol. La misma Mila Kunis en “Amigos Con Beneficios” (2011) sufre al darse cuenta de que ha perdido el desinterés y ahora es una mujer en búsqueda de una relación formal. ¡Como si eso tuviera algo de malo! Y es que precisamente el problema con la chica cool es que plantea dos grupos de atributos: unos deseables que debemos procurar y otros desagradables que debemos eliminar.

Ahora, el que haya cineastas que abusen de las características del cliché no significa que las mujeres no podamos disfrutar de los videojuegos y los negocios, o que ser fan de la cerveza y el fútbol americano sea parte de un acto de conquista. Identificarnos con cualquiera de sus atributos no nos convierte en el estereotipo, y el no compartirlos no nos impide ser personas deseables e interesantes.

Christine en Lady Bird. IAC Films, (2017)

Las mujeres, como todos los seres humanos, somos complejas, con gustos variados y personalidades impredecibles. Nuestras características no están ligadas a ninguna fantasía particular, así que ¿por qué la chica cool lo está? Delimitarla de esta manera la convierte en una mera colección de atributos, y ella es mucho más que eso.

Hoy en día, el cine comienza a mostrarnos nuevas versiones del personaje, en papeles multifacéticos: una fuerte y confiada Capitana Marvel en Avengers (2019), una soñadora intrépida como Christine en Lady Bird (2017) e incluso una madre moderna en Amy por la forever cool girl, Mila Kunis en Bad moms (2017).

La chica cool evoluciona hacia alguien complejo y dinámico, lejos de la perspectiva de los hombres. Estas líneas no son una petición para eliminarla de nuestras pantallas, son una invitación a ampliar su definición.

Seguirá siendo desafiante, atractiva e intrépida, pero de maneras que trasciendan la mente masculina; y, a través de películas con mujeres frente y detrás de cámaras, la veremos tomar papeles inspiradores que reflejarán verdaderas experiencias femeninas, enamorando espectadores con un genuino sentido de identidad.

Nos tocará seguir su camino, celebrar su desarrollo y continuar exigiendo su diversidad, dentro y fuera de pantalla.

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Comunicóloga. Busco entender al mundo desde las letras y escribo sobre lo que me encuentra. Feminista de izquierda, socióloga frustrada y frenemy del cine de terror.

Comparto palabras románticas en Pluma Intrusa, proyecto de copy creativo.

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