Cine de clichés: Manic Pixie Dream Girl

En los anales de la crítica cinematográfica, espacio que ha nombrado muchos clichés, estereotipos y flojos esfuerzos narrativos, hay ciertos casos en los que una reseña se ha vuelto más memorable que la película reseñada. Y, a su par, existen casos en los que las críticas han tergiversado su significado, convirtiéndose en términos más dañinos que la falla que estaban develando. Uno de estos ejemplos está en el cliché de la “Manic Pixie Dream Girl”.

Si te suena familiar, quizá lo hayas escuchado como un descriptor para personajes como Sam en Garden State (2004), Summer de 500 Days of Summer (2009), o Clementine de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). Esta expresión suele acompañar a los personajes femeninos conocidos por su personalidad extravagante, filosofía de vida reveladora y gustos particulares (puntos extra si tienen el cabello teñido).

Son imperturbables, indiferentes al qué dirán y a las adversidades cotidianas, levantando la cabeza siempre con gran humor. Y, como el resto de los clichés analizados, son otro ejemplo de fantasía masculina mal escrita.

Este término, acuñado por Nathan Rabin en el 2007, surge de su crítica a la película Elizabethtown (2005), de Cameron Crowe, en donde conocemos a Claire, una extravagante azafata que desarrolla un interés particular por Drew, un triste y solitario empresario que visita su ciudad natal después de la muerte de su padre.

La película —una comedia romántica protagonizada por un personaje femenino efervescente con un gusto musical impecable y absoluta positividad, quien únicamente persigue la felicidad de su interés romántico— se convirtió en un éxito en taquilla y un fracaso entre la crítica, y, si bien no comete ningún pecado capital, su fatal desacierto está precisamente en la construcción de Claire.

Su única función es animar a Drew, regalarle un mixtape expertamente curado, mandarlo a un viaje por carretera y enseñarle que, a pesar de las dificultades, la vida puede ser fantástica. No sabemos nada de su pasado, de sus metas a futuro, su motivación o sus dificultades. No es una persona, es una visión mágica que llega para resolver la vida de su enamorado.

En Claire encontramos la pura esencia de una Manic Pixie Dream Girl: una mujer extravagante, impulsiva, actuando bajo sus propias reglas y apareciendo en la vida de un hombre deprimido con la única función de devolverle las ganas de vivir.

En las ya inmortales palabras de Rabin “La Manic Pixie Dream Girl es esa criatura cinematográfica burbujeante y superficial que únicamente existe en la imaginación febril de directores-escritores sensibles para enseñarle a hombres conmovedoramente melancólicos a abrazar la vida y sus infinitas aventuras y misterios.”

Estas falsas amalgamas humanas tienen una manera de vestir particular, escuchan música “alternativa” o poco popular y se dejan guiar por extrañas teorías y principios, todas características que apuntan que “no son como todas las chicas”. No les importa la opinión de los demás y a través de esta seguridad e indiferencia cambian la vida de las personas, especialmente la de los hombres a su lado, que suelen ser solitarios deprimidos, sin aspiraciones personales o emocionales, quienes después de este encuentro cósmico emergen listos para enfrentarse a los retos de la vida con una perspectiva fresca y renovada.

La reseña de Nathan a Elizabethtown fue acertada al denunciar el recurrente cliché, criticando al escritor y el personaje que había creado, sin juzgar las características del personaje como tal. Pero las audiencias comenzaron a identificar estos rasgos en otros personajes y a categorizarlas incorrectamente como MPDG. Eventualmente, el término comenzó a utilizarse de manera despectiva contra cualquier personaje femenino excéntrico, convirtiéndose en una manera de desestimarlas por razones superficiales como teñirse el cabello, vestirse de manera particular o ser graciosas.

Si bien el cliché comparte características con el estereotipo de una mujer excéntrica, al estar basado en él, existe una característica que separa ambas entidades definitivamente: la agencia, el ser una persona individual, propia e independiente, más allá de la pareja que esté a su lado. Y es que, irónicamente, los personajes que encarnan estas características suelen parecer destinadas a algo más grande que los hombres a los que inspiran.

Quizá el mejor ejemplo de esta errónea clasificación se encuentre en Summer, de 500 days of Summer.

La película, un fan favorite, nos presenta a Tom, un romántico miserable quien piensa que no será feliz hasta haber encontrado al amor de su vida, y a Summer, una mujer cínica y libre, sin interés en una relación. Es atractiva, con un sentido de la moda particular, buen gusto musical y una personalidad efervescente e inmutable.

Si siguiéramos las características superficiales de una MPDG, Summer sin duda entraría en la categoría. Pero a lo largo de la trama ella continúa mostrándonos que no está ahí en función de nadie más que ella misma. Ejerce su autonomía, independientemente de las emociones de Tom. Es su propia persona, con fallas, metas, aspiraciones e intereses. 

Marc Webb, director de la película, ha dicho que efectivamente Summer tiene elementos del cliché: es una versión inmadura de una mujer porque esa es la versión que Tom quiere ver, y al ignorar su complejidad, su consecuencia es el corazón roto.

Lejos de solo ser una oportunidad para una crítica narrativa, también es importante notar las consecuencias que estas fantasías pueden tener en la percepción de la audiencia: a más de 10 años del estreno, gran parte del público (especialmente masculino) aún considera a Summer como la villana.

Y es que las historias del mundo nos han acostumbrado a pensar que estos personajes fantásticos aparecerán en nuestra vida para enseñarnos cómo vivirla al máximo, reduciéndolas a meras herramientas para avanzar nuestra propia trama.

Ruby Sparks

Para contrastar esta concepción errónea, diferentes películas se han dado a la tarea de subvertir el cliché y una de las mejores de-construcciones está en Ruby Sparks (2012), historia centrada en Calvin, un romántico y solitario escritor que crea a la chica de sus sueños: Ruby, la personificación de una MPDG, quien un día aparece en su departamento. Sin hacer grandes spoilers, esta película es una maravilla, la trama nos muestra la resistencia de Calvin cuando Ruby comienza a ejercer su agencia y las acciones que toma para asegurar que ella siga a su lado. Una trama dramática y fantasiosa que nos hace cuestionar la manera en la que percibimos las relaciones humanas y el papel que podemos jugar en ellas.

Al final del día, la Manic Pixie Dream Girl no es más que una fantasía, y las fantasías no son dañinas por sí solas, pero el valor de un personaje es la vida que trae a la pantalla, sus posibilidades dentro y fuera de la trama, y limitarla únicamente a su función romántica reduce a estas heroínas a roles secundarios en la vida de sus parejas.

Escribir un personaje perfecto, sin historia personal, imperfecciones o problemas, con la única de intención de mejorar la vida de alguien más, invisibiliza lo complejas y multidimensionales que son las relaciones humanas. Es sexista y reductivo pensar que cualquier mujer extravagante y particular cumple la función de ser atractiva y de utilidad para algún personaje masculino. Estos son rasgos personales, como los pueden ser la timidez o la introversión, y ninguno de estos responde a la narrativa de alguien más.

A través de este cliché, un crítico exigió un desarrollo de personaje complejo y sincero, y como audiencia abusamos del término. Podemos ver que el cine y los escritores se han cansado de idealizar personajes o utilizarlos como meras herramientas narrativas. Lo importante es seguir exigiendo buen cine, y mantener la humildad de reconocer cuando lo encontramos.

 

Comunicóloga. Busco entender al mundo desde las letras y escribo sobre lo que me encuentra. Feminista de izquierda, socióloga frustrada y frenemy del cine de terror.

Comparto palabras románticas en Pluma Intrusa, proyecto de copy creativo.

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