Canciones del litoral

Hace ya algunos años, trabajaba en un restaurante en el Centro Histórico cantando con mi guitarra. Por su ubicación, era visitado por muchos turistas que disfrutaban muchísimo de la comida, la terraza central y en muchos afortunados casos, la música. Recuerdo con mucha emoción una ocasión en la que una familia argentina, de Entre Ríos si no me equivoco, me pidió prestarles el micrófono, la guitarra y el escenario para que cantaran una canción. Quienes trabajábamos ahí, teníamos prohibidísimo hacer ese tipo de concesiones salvo que supiéramos de primera mano que la petición venía de alguien que no hiciera a los comensales salir corriendo, pero por esa vez, me salté la regla sin saber porqué.

Subieron al escenario una mujer y su hijo de unos 30 años, ella cantaba y él tocaba la guitarra mientras le hacía algunas voces. Cantaron una canción para mí desconocida en ese momento, un chamamé hermoso llamado “Oración del remanso”. El chamamé es un género folklórico argentino típico de la región del litoral, es decir, de las provincias bañadas por el río Paraná. Son cantos de pescadores y esto es notable en el ritmo que tiene la cadencia de una barca de remos sobre el breve y tenue oleaje del Paraná. Fue esa noche, donde en mi guitarra, pero con otras manos, conocí a Jorge Fandermole.

Fandermole es un poeta imprescindible, autor de muchos chamamés, que hoy se ha convertido en uno de mis compositores favoritos. Argentino de Rosario, viene de una generación de músicos como Fito Páez, Baglietto y Silvina Garré, representantes en los ochenta de la llamada Trova Rosarina. Obsesiva como soy con algunas cosas, cuando escuchaba alguna canción suya que me impresionara (es decir, casi todas porque de hecho, no he encontrado alguna que me parezca mala), me ponía a investigar sobre ella: ¿Qué la inspiró?, ¿Cuál era el contexto social y político en ese entonces?, ¿Quiénes más la han versionado? Pues porque, grandes composiciones tienen grandes historias detrás ¿no? A partir de ese momento, desarrollaría una relación de amor-desconcierto con el compositor rosarino y a continuación explico con algunos ejemplos por qué.

Cuando escuché por primera vez “Era en abril”, canción que habla en primera persona sobre la pérdida antes de nacer de un bebé amorosamente esperado, quedé muy conmovida y hasta triste: pensé que solamente una persona que había vivido algo así de fuerte podría escribir esa letra.

“Se me ha hecho duelo de trinos y sangre la voz…”, es uno de los versos de la primera estrofa. Cual fuera mi sorpresa al leer en una entrevista a Fandermole, donde relata que la escribió cuando tenía tan solo 17 años y que él no había pasado por esa desgarradora experiencia. Me quedé con la boca abierta ¿Cómo era posible que un muchacho de 17 años escribiera cosas como: “no pudo llenarse la boca de voz” o “¿qué hacemos ahora mi dulzura y yo con dos pechos llenos de leche y dolor?”. Y bien, decidí dar el beneficio de la duda a que alguien de esa edad podría gozar de una sabiduría y sensibilidad extraordinarias.

De hecho, me sucedió lo mismo con “Oración del remanso”, canción donde un pescador habla con melancolía sobre su jornada y el amor que le espera en la otra orilla. Yo pensaba que seguramente la composición nacía de hablar con alguien de las aldeas de pescadores del río Paraná o alguna leyenda de amor que se contara en ellas, pero tampoco: en una entrevista Fandermole cuenta que paseando por el río vio una figura del Cristo de los pescadores y ahí simple y sencillamente nació la inspiración para versos como “Que ando pensando en ella, mientras voy vadeando las estrellas, que el río está bravo y ando cansado para volver…”

“Canto versos” y “Cuando” son dos de mis canciones favoritas de toda mi historia con la música latinoamericana. Ambas forman parte de mi lista de himnos personales, de esas canciones que te salvan la vida, de las que te tatúas en el corazón para cuando necesitas recordar las cosas que valen la pena. Solía escucharlas y pensar que hablaban obviamente del período posdictadura, que eran el alma de un pueblo que resurge tras el horror de la violencia y la represión, como canta en “Cuando”: “Si lo consumado y lo posible, tienen siempre la cara del horror, en esta patria de lo inaccesible, en este tiempo olvidado de Dios. Yo digo que mis ávidos amores, son fuertes y viven más que yo, son gigantes fuertes como flores que alientan a este turbio corazón”. Estos versos fueron escritos a finales de la década de los 90, durante la fuerte crisis económica que atravesó su país. Por otro lado, “Canto versos”, dice el autor, surge simplemente como “un ejercicio de composición”. Así, no más: un día se sentó y escribió unas ideas que rimaran y listo (y una aquí, comprometida emocionalmente y con la piel chinita agradecida por tener esa canción en su vida): “SI en la mirada dura un fulgor, atravesando tanto dolor, yo canto versos de mi sentir y los condeno a sobrevivir…”

Hace unos días, una querida amiga de Córdoba me presentó “Canción del Pinar” y me pareció LA declaración final de amor más bella, cuyas figuras te transportan al malecón de Rosario, a un atardecer frente al Paraná. En esta ocasión me abstuve a investigar sobre el origen de la canción. No quiero enterarme que Fandermole la escribió mientras observaba a un pescador sacarle el anzuelo a una mojarra o a un bagre. Decido esta vez quedarme con lo que me hace sentir, con las ganas de vibrarla entre las cuerdas de la guitarra y de la garganta, con las mariposas en el estómago (con las canciones nos pasa lo mismo que con las personas) y con los suspiros arrebatados.

Y es así como a través de su obra, Fandermole me ha enseñado no solo que las diosas de la poesía y la canción tienen a sus hijas e hijos predilectos, a quienes bendicen con el poder de escribir versos que se sienten como estampidas en el corazón, sino también a no idealizar los procesos, ni los creativos, ni los de vida y que se vale sentir mucho, aunque a veces no entendamos de dónde viene (me gusta racionalizar, pero no siempre es necesario hacerlo). 

Así que gracias por existir, Jorge Fandermole, usted siga sacándose de la manga odas entrañables, así puedo encontrar tantas formas infinitas de nombrar a la melancolía, la nostalgia y la esperanza.

Soy psicoterapeuta, docente universitaria, cantora, feminista y mamá.

Una respuesta a «Canciones del litoral»

  1. Excelente observación Regina! Música para nuestros oídos y caricias para el alma… Simplemente… Dejarse llevar imaginando de acuerdo a nuestras propias experiencias y darle un sentido propio a lo q está escrito es recibir un noble regalo de quién lo ideó y le dió música… Nada más solidario!

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