Borolas

Hoy vivimos en la época humana donde la difusión de noticias es la más expedita en la historia. Después de ocurrir algún suceso, en segundos, uno tiene una notificación informando sobre ello. Es de lo más normal recibir notificaciones de noticias en el celular, de las cuales, muchas de ellas (sobre todo en las mañanas) tienen que ver con lo que ha dicho o anunciado el Presidente de la República. Sin embargo, de todas las que he recibido, hubo una que realmente llamó mi atención hace unos días. El mes pasado, recibí una notificación respecto a un dicho presidencial:  AMLO volvió a criticar la guerra contra el narco de Felipe Calderón y hasta se burló de él. “Parecía el Comandante Borolas”. Lo interesante no fue en sí la comparación que hizo el presidente, sino que simplemente no logré entender a qué se refería. Dicho símil era hueco para mí. ¿Quién era el Comandante Borolas? ¿Por qué la comparación con Calderón?

Tras investigar un poco en internet, me enteré que Borolas era el apodo de un sujeto llamado Joaquín García Vargas, cómico del cine de oro mexicano. El período de fama del actor fue uno comprendido, más o menos, entre los años cuarenta y setenta del siglo pasado, teniendo como características su forma holgada de vestir y el uso de un bombín. Era sin duda alguien conocido, pero para los que vivieron su vida consciente en esa época. Al consultar a mis padres y personas mayores a mí en el trabajo, me sorprendí al ver que muchos no conocían al sujeto. Los pocos que lo hicieron, me refirieron al actor como alguien que vieron en repeticiones o que sus padres fueron quienes disfrutaban de su humor. Sin duda, la referencia del presidente era vieja y poco vigente. Fue entonces que me di cuenta de algo: con el comandante Borolas tenemos una frase icónica más del presidente, pero también una que se une a su lista de referencias y pensamientos de antaño. Una clara nostalgia a lo pasado.

Me canso, ganso. Fifí. Comandante Borolas. La primera, una frase de Germán Valdés “Tin Tan” en una película de 1947. La segunda, un término usado en inicios del siglo pasado para referirse a los ricos y, de la tercera, ya quedamos claro con su origen. Todas ellas frases o palabras que al día de hoy se relacionan directamente con el presidente. Pero, aparte de ello, tienen una cosa en común: son referencias y modismos del siglo pasado, de una generación muy marcada hoy respecto a su edad y que se encontraban en desuso previo a su renacimiento vía el vocabulario presidencial. Y ojo, la edad en esto no tiene nada de malo. Sin embargo, el uso de referencias que sólo un sector viejo de la población entiende y asimila refleja muy bien hacia quién se refiere el presidente en lo que dice, su población objetivo, y en la visión de lo que cree que es mejor para el país y su, irónicamente, futuro.

Según la CIA World Factbook, la población menor a 54 años en México representa al 84.86 % de la población. Siendo más específicos, los menores a 24 son casi la mitad de esta con un 43.95 %. México es un país de jóvenes, sin duda. De ahí mi cuestionamiento genuino: ¿Qué hace el presidente soltando referencias que sólo unos pocos comprenden? ¿Así le habla a la juventud del país? ¿Esta le entiende? ¿Tenemos un presidente viejo que gobierna para los viejos? Justamente esta última pregunta es la más genuina de todas, y de la que más temo respuesta.

El año pasado, el presidente anunció que busca aumentar la producción de electricidad con la quema de carbón. Igualmente, años atrás, se mostró en contra de un conjunto de generadores eólicos en la zona de la Rumorosa, Baja California. Por otra parte, se ha mostrado indiferente ante movimientos feministas y temas como el aborto, el matrimonio igualitario y la despenalización de algunas drogas. Lo anterior es un pequeño conjunto de temas que el presidente desdeña y la juventud abraza: el cambio climático y la igualdad de los ciudadanos expresada en la ampliación de derechos. Y, sin embargo, estos temas apropiados por los jóvenes no tienen relevancia presidencial, misma que una refinería de químicos contaminantes sí que lo tiene.

Si analizamos la edad promedio del gabinete presidencial, aunado a las prioridades y metas del siglo pasado en la agenda del mandatario (recuperar la soberanía nacional, por ejemplo), es clarísimo que el presidente es uno que gobierna pensando en los menos y no en quienes (espero) heredaremos el país en 10, 15 o 20 años. Ser la cabeza del Poder Ejecutivo representa gobernar para todos. Uno tiene la responsabilidad de tomar decisiones que deriven en un mejor desarrollo, en un mejor futuro. Es este futuro la meta de todo político: que sea mejor y gracias a ti. Desafortunadamente, nuestro presidente no sólo hace referencias antañas, sino que estas son reflejo de sus propuestas, las cuales viven en viejas glorias nacionalistas del siglo pasado que sólo los más viejos aplauden. Las referencias solo son un síntoma de las prioridades y la forma de pensar de Andrés Manuel, pensamiento que comparte con quienes gozaron de Borolas a mediados del siglo pasado. Que comparte con aquellos que llevan controlando el país desde hace décadas. Por eso mismo, los jóvenes debemos inmiscuirnos en los temas políticos y reclamar acción más que nunca. Si no, nuestro futuro será decidido por quienes viven en un anecdótico pasado. Pasado que buscan hacer presente de nuevo y no fue necesariamente mejor.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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