Blood and bone and wicked saints

Tengo la mala costumbre de llegar tarde cuando se trata de libros hypeados, los favoritos de la comunidad YA en Twitter e Instagram. No es porque rechace lo popular, sino un genuino “se me traspapeló” que suele terminar en tiempo de vacaciones, poco más de un año después y con la recompensa de convertirse en una de las mejores lecturas del año. Este fue el caso de Wicked Saints de Emily A. Duncan, un debut de 2019 que no se siente exactamente como debut.

Nuestra heroína es Nadezhda Lepteva, una clériga en un mundo donde eso significa mucho más que seguir órdenes sagradas de un ente religioso: está en contacto directo con el panteón dioses de Kalyazin y a través de la oración estos le otorgan poderes. Sumido Kalyazin en una Guerra Santa con el vecino, Tranavia, Nadya es la esperanza que ha sido criada en un monasterio hasta que llegue el momento de convertirse en un arma de salvación. Para mala suerte de todos, la guerra llega antes de tiempo, Nadya se ve obligada huir y aliarse con el grupo de Malachiasz, un misterioso mago de sangre proveniente de Tranavia, un “hereje” a los ojos de Nadya y un renegado. A este duo dinámico de protagonistas sumamos a Serefin, el Gran Príncipe de Tranavia, en quien se centra la otra mitad de la historia.

“Wicked Saints” por @alexisc_art

             “Blood and blood and bone. Magic and monsters and tragic power.”

Lo eslavo en Wicked Saints

Wicked Saints nos conduce por un cuento de hadas oscuro protagonizado por una chica, un príncipe y un monstruo. Es altamente eslavo, déjame decirte. Quizá es la parte más fascinante para mí, se siente eslavo pese a no ser como otros libros recientes con fuerte presencia de personajes folclóricos, como sucede en Deathless de Catherynne M. Valente, Uprooted y Spinning Silver de Naomi Novik o hasta cierto grado en The Grisha de Leigh Bardugo con su pájaro de fuego y el gran ciervo. Son estos últimos con los que Wicked Saints tiene mayor similitud, ambos parten de una influencia eslava.

Emily A. Duncan entrelaza su mundo y personajes con la esencia de esa región, en específico Rusia y Polonia. Es un mundo totalmente nuevo, hélido y oscuro como se percibe en el folclor. Eso sí, a diferencia de The Grisha, Wicked Saints se mantiene más aferrado a lo propio de la cultura y a las estructuras de los patronímicos y apellidos rusos. Aquí no se ve un “Laptev” (forma masculina del apellido), cuando debería ser un “Lapteva”; como sí sucede en The Grisha (Alina Starkov). Es un pequeño detalle, pero a mí me cae en el hígado… un poco contradictorio si hablamos de los dioses. Desconozco si Marzenya sea una variante de Marzanna, sin embargo, es una forma que se sigue apreciando como eslava y funciona.

En resumen: se nota que Emily Duncan leyó mucho de la parte más oscura del folclor eslavo y lo supo aplicar (muy natural) a su mundo.

“Wicked Saints” por Nicole Deal

De dioses y herejes

             “Symbols fell from her lips like glowing glimmers of smoke and every star in the sky winked out.”

En Wicked Saints, hay herejes y magia de herejes, dioses y magia de dioses, y una guerra que se reduce creyentes contra no creyentes para unirlos a su respectiva ideología (cualquier similitud con la realidad es pura coinciedencia). Además, gran parte de la historia se desarrolla en el país vecino, Tranavia, y Nadya se ve rodeada en su totalidad de personas que no comulgan con sus creencias. Para nada.

Si has entablado conversaciones en materia de creencias religiosas con personas ateas, agnósticas, católicas, cristianas, musulmanas, entre otras; sabrás que se puede llegar a intercambios pacíficos —o no tan pacíficos— y cuestionamientos que te hacen reflexionar. Fue este escenario el que más me intrigó en la historia, ¿cómo sería la interacción entre personas con concepciones tan distintas del universo, de la magia que utilizan? ¿Realmente entrarían a cuestionarse? ¿Se daría un cambio en alguno de ellos? ¿Podría Nadya cambiar la perspectiva de sus compañeros o viceversa?

Elaboración propia.

La respuesta llegó pronto y evoluciona con el paso de los capítulos, con las interacciones entre los personajes, Nadya y sus dioses.

             “Here in this profaned place, Nadya found herself reaching for a monster.”

En esencia, Wicked Saints es el camino que recorre Nadya de una moral religiosa muy firme a una ambigua con toda una gama de grises. Duncan no tiene miedo en hacer caer a Nadya de un pedestal una y otra vez, en hacerla bailar con la oscuridad, la posibilidad de gran poder y atractivos villanos. No es propio de la literatura juvenil y es por eso que resalta tanto, que se vuelve hasta shockeante.

¿Cuántas estrellas?

Está en mis Favoritos de Goodreads, ese es su número de estrellas.

Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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