Big Mouth, Jenny Slate y un problema racial

Hay esta experiencia universal en clase de inglés en la que preguntas “Teacher, can I go to the bathroom?” y te responden, con toda la pedantería del mundo, “I don’t know, can you?”. Ay, teacher, no se pase. Sabe lo que quise decir. Ya sé que quiere que diga “may” porque ese es de posibilidad y “can” es de habilidad. Pero ambos se usan y se pueden usar para pedir permiso.

Bueno, algo así sucede cada que da vuelta de nuevo esa conversación sobre si tal intérprete puede hacerla de tal personaje. Ese verbo “poder” es peligroso, porque puede significar posibilidad o habilidad dependiendo del contexto.

Cuando Marvel todavía no dominaba nuestras pantallas y la primera película de Iron Man era nomás una peculiaridad en el horizonte, los foros de internet se llenaron de fans dudando si Robert Downey, Jr. podría hacerle justicia a Tony Stark — llevaba una muy mala racha y no era la primera opción de nadie. Era cosa de habilidad.

Estos días, en ciertas conversaciones, usamos más ese verbo “poder” en el contexto de representación y justicia social. ¿Puede alguien cishetero personificarse de alguien que es minoría sexual o de género? ¿Pueden personas blancas hacer la voz de personajes de color?

La capacidad actoral chance la tienen. Pero hay un contexto más allá. Si tuviste el aguante de lanzarte a la sección de comentarios de casos como los que voy a mencionar, seguro te topaste con perspectivas que toman ese “poder” en términos de talento, de qué tan bien pueden actuar el rol. Peor aún, también lo encuadran en derecho, de que tienen la libertad de interpretar a quien quieran.

Seguro también viste otros que en broma decían que Zoë Saldaña no puede interpretar a Gamora en las películas de Marvel porque su piel no es verde, o que Ryan Reynolds no puede ser el Detective Pikachu porque es humano y no Pokémon.

Por ahí no va, obviamente. El “puede” se refiere a tomar consciencia de una industria cultural en la que las oportunidades no son las mismas, en la que los grandes estudios explotan las historias de minorías, mientras les niegan el mismo camino que disfrutan personas blancas, heterosexuales y cisgénero.

Personajes e intérpretes

Este año se vio reavivado el movimiento Black Lives Matter y la conversación sobre brutalidad policiaca y racismo sistémico tocó la puerta del entretenimiento, particularmente la interpretación de personajes de color por personas blancas.

Como antesala, en febrero Hank Azaria anunció que dejaría al personaje Apu, de los Simpsons, después de la controversia levantada por el documental The Problem With Apu. En junio Mike Henry anunció que dejaría de prestar su voz a Cleveland, de Family Guy.

Ese mismo junio Jenny Slate anunció que ya no interpretaría a Missy en Big Mouth.

Jenny es una mujer blanca. Su personaje, Missy, es una niña cruzando la pubertad que tiene un papá afroamericano y una mamá blanca.

Esta semana se estrenó la cuarta temporada y Slate interpreta a Missy durante casi todos los episodios — en los últimos tantos, Ayo Edibiri le toma la batuta. Creo que la retrospectiva que trae haber visto la serie trae nuevos puntos a la conversación.

Big Mouth trata, en esencia, sobre todo lo incómodo que es pasar por la pubertad. La animación sigue a un grupo de estudiantes que atraviesan la formación de su identidad en términos de género, sexualidad, amistad, enamoramiento, religión y, en esta temporada, color de piel.

Hasta donde habíamos visto cuando Jenny Slate dijo que ya no sería Missy, el personaje era solo una niña dando sus primeros incómodos pasos hacia la adolescencia. No había un componente racial para su historia. Su color de piel era casi incidental. Los recién estrenados capítulos cambian el tablero.

Casi todo el arco dramático de Missy gira en torno a su identidad como una persona negra. Presencia discriminación sistémica hacia su papá. Reconecta con sus familiares paternos y le toca ver lo despistada que puede ser su mamá blanca sobre sus experiencias. Se da cuenta de lo inocente que es la perspectiva post-racial que le dieron en casa. Comienza una amistad con DeVon, la única otra persona negra en su escuela. En general, explora un aspecto de sí misma que no le había pasado por la cabeza.

La serie no se hace a la tonta. En un episodio, Missy reflexiona que “está luchando con su identidad”: “Mi mamá es blanca, mi papá es negro, mi voz la hace una actriz blanca de 37 años”.

En otro momento, insiste que no puede decir la “palabra N”, dentro del universo, porque es una mala palabra y no tiene permiso. En el estudio de grabación, Jenny Slate definitivamente no puede decirla.

En ese entonces, cuando la actriz publicó en Instagram su renuncia, había un claro problema dentro de la industria que privilegiaba a Slate por su color de piel mientras le daba la espalda a otras personas. ¿Ahora en contexto, que ya vimos la temporada? Es algo mucho más personal, directamente involucrado con Missy, su identidad y desarrollo como personaje.

Releer lo que en su momento dijo la actriz, encuadrado en lo que ahora podemos ver, solo le da más verdad a sus palabras:

“He tomado la decisión de que ya no puedo interpretar a la personaje “Missy” en el programa animado “Big Mouth”. Al principio del show, pensé que estaba permitido que interprete a “Missy” porque su mamá es Judía y Blanca —como yo lo soy. Pero “Missy” también es Negra, y personajes Negras en series animadas deben ser interpretadas por personas Negras. Reconozco que mi razonamiento original era erróneo, que existía como un ejemplo de privilegio blanco y de los permisos hechos en un sistema de supremacía blanca social, y que al interpretar a “Missy”, estaba participando en un acto de borrado de personas Negras. Terminar mi interpretación de “Missy” es un paso en un proceso de vida de descubrir el racismo en mis acciones.”

Obligaciones y poderes

“Es una serie animada. ¿Por qué tuvieron que hacer la trama de Missy sobre su color de piel?” pone un comentario reciente en la publicación de Jenny. Palabra clave aquí es “tuvieron”, porque aparentemente tendemos a percibir las decisiones que no nos agradan como obligaciones.

Las personas detrás de la serie decidieron dar ese ángulo al crecimiento de Missy porque consideraron que funcionaba con la temática de la serie sobre crecimiento y decidieron tomar ese camino. De la misma forma, intérpretes como Jenny deciden que no es correcto hacer de personajes de color y por ende no pueden.

Hacer de esa decisión creativa un “tuvieron” es la misma pedantería que hacer de ese verbo “poder” sobre capacidad o derecho. Es pleno negacionismo del contexto en el que el poder —el que sí obliga, el que sí da y quita permisos— se interpone al talento de color y silencia lo que sus voces pueden aportar a las historias que, para muchos, son nuestra ventana hacia entender a las personas de nuestro mundo.

Ayo Edibiri hace la voz de Missy en los últimos dos episodios de la serie, que de coincidencia son en los que aterriza su arco narrativo y concilia su identidad. Creo que le hace justicia no solo a la personaje como la conocíamos antes, sino también su historia como la ha desarrollado. Ya será, de acá en adelante, esperar a verla relucir.

Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

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