Big Little Lies o por qué no deberías de cancelar HBO

Es normal que, al comenzar a ver Big Little Lies, recordar los nombres de las protagonistas resulte complicado. Fue por ello que, en mi mente, les puse nombres clave: “la rubia que habla demasiado” (Reese Witherspoon), “la rubia tirando a pelirroja”… o viceversa (Nicole Kidman), “la de The Fault In Our Stars” (Shailene Woodley) y “la que actúa como la madre en esa misma película o, para términos prácticos, la protagonista de Jurassic Park” (Laura Dern). Dos capítulos más tarde, ya no era complicado recordarlos y tener noción de la vida casi entera de Madeline, Celeste, Jane y Renata (los personajes antes descritos en ese orden). Si estabas pensando en cancelar tu HBO GO ya que ya no habrá más Game of Thrones, piénsalo dos veces.

Es probable que la pregunta que surja ahora es: “¿por qué vería otra serie sobre señoras estilo Desperate Housewives?” Si ese fuera el caso, respondería: ¿que no acabas de leer el espectacular reparto que tiene? (Sin contar a Meryl Streep que aparecerá en la segunda temporada, cuyo estreno es el 9 de junio). Y este argumento no es únicamente por los estelares nombres, es decir, cuántos contenidos con actrices de ese calibre no fueron un fracaso. Sin embargo, ese no es el caso de Big Little Lies, cuyas actuaciones son permítanme el adjetivo soberbias.

A pesar de ello, la historia no gira en torno a la vida del grupo de mujeres antes descrito, y cuyo denominador común es el hecho de ser madres, sino a una tragedia: alguien murió durante un evento de gala, pero no sabemos ni quién, ni cómo y, mucho menos, quién es el o la culpable. Lo que sí sabemos es que no fue un suicidio, no era una conmemoración familiar y la manera en la cual se plantea este asunto está muy bien elaborada a través de cortes rápidos con los testimonios de distintos testigos, mismos que contarán eventos del pasado que construirán la trama hasta el presente, en el cual ocurre la muerte. O sea, esto no es La Casa de las Flores.

Aunado a esto, y como ingrediente extra, los testigos implican como causales las relaciones de los hijos e hijas de las protagonistas y cómo esto se bifurca en otras pequeñas tramas. De esta manera nos enteramos de que Madeline (Reese Witherspoon) es una mujer excesivamente preocupada por su estatus e imagen social que aún carga el estigma del fracaso que supuso su primer matrimonio, pero que ahora está casada con Ed, un aparente emprendedor de Silicon Valley, que parece no resultar suficiente. Celeste (Nicole Kidman) se muestra como una mujer madura cuyo matrimonio es tan perfecto que enferma. Jean (Shailene Woodley) acaba de mudarse y es madre soltera, lo que la hace sentirse como un bicho raro en medio de tanta opulencia. Y Renata, perfeccionista y directora de una importante empresa, lo cual la vuelve neurótica y sobreprotectora.  

“Es posible que si ella no se hubiera caído nadie habría muerto” menciona un hombre durante su interrogatorio, haciendo referencia al momento en el que se conocen Madeline y Jean. Posteriormente se unirá Celeste, formando un trío de amigas y, lo que las pondrá tras una serie de distintos sucesos en el lugar y momento equivocado será la acusación de Amabella, hija de Renata, hacia Ziggy —sí, sí es por Bowie— hijo de Jean, por un aparente intento de asfixiarla. Ya saben, cosas de niños de 6 años.

Los diálogos para exhibir lo privilegiado y elitista que es Monterey (California), lugar en el que ocurre el programa, cargados con una dosis de sarcasmo, son increíbles. Por ejemplo, Madeline intentando que Jean se sienta bienvenida: “Esto es Monterey, es avasallante la amabilidad”, “y letal”, complementa Celeste, como un augurio. O como cuando Renata le presenta a la nueva niñera de su hija a sus amigas presumiendo que “es francesa, eso es muy bueno para los niños” y confunde a Jean, nueva en la localidad, comentándole de manera condescendiente que la servidumbre debería de tener su propio círculo. Pura comedia involuntaria.

Conforme avanza la serie nos vamos percatando de que los testigos son el resto de padres de familia. Es por ello que tienen una noción bastante completa de los hechos anteriores y que son provocados por los niños y niñas. Precisamente, como toda gente chismosa, pueden echarse verdaderas joyas del cotilleo como: “Jean no encajaba aquí. Era como un Prius sucio estacionado frente a Barney’s”

Además de la sutil manera en la que está narrada, Big Little Lies utiliza la música como otra protagonista, acompañando de forma particular a cada personaje, haciendo que podamos adentrarnos en sus pensamientos y sentimientos sin necesidad de diálogo. Celeste la escucha para aislarse, Jean para desahogarse y, en el caso de Madeline, es Chloe, su hija, una pequeña melómana con mentalidad adulta la encargada de darle play a la canción correcta en el momento oportuno… literalmente.

Son este tipo de detalles, así como una acertada narrativa que nos hace venir del presente al pasado insertando el factor misterio, y el descubrimiento de la vida —aparentemente inquebrantable de las protagonistas— gracias a los comentarios de terceros, que Big Little Lies es, junto con otros tantos contenidos, una muy buena razón para no dejar de ver HBO.

P.D. Hay vida post Game of Thrones. ¿Ya vieron Chernobyl, The Wire, The Sopranos, BIG LITTLE LIES? Y, próxima a estrenarse, Watchman.

Guionista yucateco radicado en la CDMX. Escribo sobre películas, series y debates del momento.

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