ANTIPSIQUIATRÍA Y MERITOCRACIA: LA VIOLENCIA DETRÁS DE UN “ÉCHALE GANAS”

Actualmente hay muchas personas que van a terapia o al psiquiatra, sin embargo, sigue habiendo muchas opiniones negativas al respecto y son les pacientes quienes reciben de forma violenta, comentarios al respecto. Porque de por sí ya es complicado tomar la decisión de pedir ayuda, es aún más doloroso cuando las personas alrededor tuyo, o incluso personas que no conoces, hacen juicios negativos sobre ti cuando lo que buscas es procurar tu salud mental.

Quisiera centrarme en una “crítica” que he escuchado mucho, incluso de personas que cuestionan otras ideas revictimizantes como el mito de la meritocracia y que rechazan la afirmación de que “el pobre es pobre porque quiere”. Sin embargo, de manera análoga culpan a les pacientes por tomar un tratamiento psiquiátrico e incluso les recriminan tomar medicamento sin tener en consideración todas las cuestiones que rodean la decisión de seguir su tratamiento y medicarse. Creo que a veces las personas no logran ver que cuando asumen una postura “antipsiquiátrica” y les dicen a personas neurodivergentes que deberían dejar de tomar medicamentos hacen lo mismo que una persona que cree en el mito de la meritocracia le dice a una persona en situación de abandono social, que si no logra lo que quiere es porque “no le echa las ganas suficientes”.

Quisiera aclarar que comprendo que ambas posturas no se refieren al mismo problema, por lo tanto, no son equiparables. En este sentido, la analogía que hago es meramente retórica, pero sí considero que tienen puntos de encuentro que son cruciales para comprender la violencia que ejercen las personas que emiten juicios desde su postura “antipsiquiátrica”. Además, me voy a centrar específicamente en el tema de la medicalización porque abordar los diagnósticos y todos los problemas alrededor de ellos me tomaría más tiempo y espacio de escritura.

Ahora bien, para comenzar quisiera aclarar que por antipsiquiatría me refiero a la postura que han acuñado diversos teóricos -desde las ciencias sociales, filosofía y ciencias de la salud- para posicionarse en contra del saber psiquiátrico y sus prácticas más generales: diagnosticar y medicalizar. Sin embargo, esta postura no se limita a esos campos del conocimiento; por el contrario, es una postura compartida por muchas personas independientemente de a qué se dediquen o qué hagan con su vida.

Ahora bien, por meritocracia me refiero a la creencia de que una persona puede tener “éxito” en la vida – lograr tener movilidad social ascendente- siempre y cuando se esfuerce lo suficiente para conseguirlo. Sin embargo, esta idea no toma en cuenta los sistemas económicos, raciales y patriarcales -por mencionar algunos- que ponen a todes en circunstancias diferentes donde unas personas tienen más privilegios que otras. Por lo tanto, el éxito que puede llegar a tener una persona está relacionado directamente con la cantidad de privilegios de los que ha gozado durante toda su vida y no necesariamente por el hecho de si “le echa ganas” o no.

Creer que el éxito que tenga una persona depende solamente del esfuerzo y talento es una visión no sólo reduccionista sino también es una visión altamente individualista. El problema con este individualismo radica en que nada está aislado de las demás personas, de las cosas, sistemas, instituciones, etc., y, por lo tanto, creer que las personas operan como una “burbuja” sin poros ni ventanas tiene dos consecuencias claras: no se cuestionan los sistemas de dominación y opresión que crean las desigualdades, y, por otro lado, vulnera a las personas al dejarles la entera responsabilidad de su situación. Por estos motivos, decirle a una persona que “le eche ganas” cuando claramente no ha tenido las mismas posibilidades que otras personas y que, quizás, no las tendrá, implica ignorar la complejidad de la realidad. Pero no sólo eso, implica algo más importante: violentar y vulnerar a aquellas personas con mayor precariedad haciéndoles creer que la posibilidad de cambiar su situación está únicamente en sus manos y que si no lo logran, es por su culpa.

Ahora bien, de la misma manera como las personas que creen fervientemente en la meritocracia les reprochan a las personas no esforzarse por cambiar el nivel de precariedad en el que se encuentran, las personas que dicen “deja de tomar medicamentos” como si fuera algo insignificante, le depositan a las personas neurodivergentes toda la responsabilidad de su tratamiento. Como si el motivo de este dependiera exclusivamente de elles, que no le echan las ganas suficientes para estar bien sin requerir el medicamentos, es su culpa. No toman en cuenta que hay sistemas que han propiciado el desarrollo de ciertos trastornos, dolencias, etc. No toman en cuenta que hay padecimientos que tienen un origen fisiológico. No se dan cuenta que decir “deja de estar triste”, como si fuera una decisión, es similar a decir “el pobre es pobre porque quiere”.

Además, no tienen en cuenta toda la historia de vida que precede a cada diagnóstico. Tristeza, depresión, ansiedad, sentirse inútil por no lograr concentrarse, abrumarse por el nivel de emociones que viven en un sólo día, momentos traumáticos, intentos de suicidio, autolesiones, autodesprecio, etc. Una persona no está tranquilamente en su casa sin nada que hacer y deliberadamente decide ir al hospital psiquiátrico más cercano para buscar una cita. Lo que quiero decir es que esta actitud que toman muchas personas partiendo de “su crítica a la psiquiatría” lo único que hacen es invalidar emociones, sentimientos e historias de vida. En otras palabras, lo que hacen es vulnerar y violentar. Aunado a esto, es como si partieran de la idea de que saben mejor lo que la otra persona necesita. Como si esa persona no tuviera capacidad de juicio para discernir sobre lo que le conviene o no hacer con su salud mental.

Si bien, tengo claro que mucha de esta crítica a la psiquiatría parte de una crítica al capitalismo y la industria farmacológica (tema que no trataré en el presente escrito) quisiera mencionar que es importante hacer  hincapié en que son vidas las que están en juego. El análisis que se pueda hacer a los sistemas de dominación y explotación debe tomar en cuenta que estos sistemas están encarnados en tanto que hay personas que padecen. Por lo tanto, no sólo se trata de hablar de medicamentos en abstracto sino de vidas que mejoran una vez que comienzan su tratamiento psiquiátrico.  Así como no podemos hablar del capitalismo en abstracto como si no estuviera encarnado en personas reales que venden su fuerza de trabajo; de la misma manera, la medicalización se encarna y se vive en el cuerpo y psique, es decir, en vidas humanas que por diversos motivos optan por seguir un tratamiento.  

Si bien es cierto que también hay personas que la han pasado mal con los medicamentos o simplemente que no les agrada, considero que esto no se puede tomar como una justificación necesaria y suficiente para excluir la medicalización como tratamiento. Es como optar por los ejemplos de “personas que tuvieron éxito” y que “empezaron desde abajo” para justificar la desigualdad cultural y económica basándose en el mito de la meritocracia y entonces decir que si alguien no logra el éxito es porque no le echó las ganas suficientes.

Para finalizar quisiera aclarar que considero pertinente hacer un análisis y crítica de la psiquiatría debido a su propio carácter contingente e histórico – como todo saber humano. Sin embargo, es importante mantener presente que toda crítica tiene repercusiones materiales y a su vez concierne no sólo a instituciones sino a personas vivas. A veces parece que desde la teoría se nos olvida que son personas reales las que están inmersas en aquello sobre lo que pensamos. Este componente abstracto de la teoría es algo perjudicial al momento de abordar problemas sociales. En un ámbito más personal, considero que es importante hablar más de este tema y escuchar a las personas neurodivergentes. Ni siquiera les psiquiatras tienen la última palabra. Dejemos a un lado la idea de “salvador blanco” que va y le dice a las personas cómo vivir su vida, porque claro, sabe mejor que nadie cómo llevar una buena vida. Dejemos de infantilizar los juicios de las personas neurodivergentes como si no fueran (fuéramos) capaces de decidir sobre nuestro propio cuerpo, proceso y tratamiento. Porque no hay nadie que sepa mejor que une misme qué es lo que nos ayuda a nuestra salud mental.

Ella/Elle. No binarie. Me gusta escribir y crear; amo el cine, los gatos y el café. Estudié Filosofía (FFyL-UNAM) y me interesa la filosofía política y la estética. Feminista marxista que en sus tiempos libres dibuja, lee y pinta. Me interesa hablar de movimientos sociales, comunidad LGBT+, neurodivergencia, cine, literatura y anticapitalismo.

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