Animaciones para adultos: The Midnight Gospel

Death opens your heart. It breaks your heart open.

Our hearts have been closed because we’ve closed them.

We’ve defended ourselves against pain.

Como muchas veces nos hacen creer, las caricaturas son algo bastante digerible y, sobre todo, creado para un público infantil con el objetivo de que se entretengan a la hora de la comida; yo era una de esas personas que lo pensaba, hasta que tuve mi primera exposición a una animación enteramente pensada en los adultos: Bojack Horseman.

Después de pasar por esos dolorosos capítulos, llegué a lo que terminaría siendo mi serie animada favorita: The Midnight Gospel. Empecé a verla sin saber nada de ella, el primer capítulo nos presenta a Clancy, un ser espacial que se dedica a viajar a distintos universos para grabar un podcast. La premisa suena bastante sencilla, pero ese primer capítulo tuve que verlo al menos tres veces más para entenderlo.

La animación podría describirse, en términos básicos, como psicodélica, como si acabáramos de entrar a un viaje en ácido que no recordamos haber consumido. En todos los episodios se repite una fórmula: la línea narrativa visual difiere por completo de los diálogos que los personajes principales mantienen, son dos historias completamente distintas entre sí. Lo que me resultó más interesante de esto es la razón por la cual esto sucede, pues la animación está creada a partir de un podcast que ya existe: The Duncan Trussell Family Hour.

En este podcast y, por ende, en la serie, escuchamos a Duncan hablar de la meditación, las drogas, el perdón, la muerte, y muchos otros temas que podrían considerarse de corte existencialista, participan voces como las de Trudy Goodman, que es maestra de meditación, o Caitlin Doughty, especialista en tanatopraxia.

Clancy viaja a mundos que sufren apocalipsis zombie, a otro que está completamente vacío, e incluso planea ir a uno que tiene los más altos índices de felicidad de todos los universos, para platicar con seres de esos lugares sobre cosas que a todes nos atraviesan y que muchas veces no queremos mencionar: la incertidumbre, el miedo, las adicciones, el duelo.

Cuando tuve la oportunidad de ver el capítulo que habla sobre la muerte y el perdón, sobre las personas con enfermedades terminales que toman y practican el dicho de un día a la vez, yo estaba pasando por un proceso terapéutico a veces bastante doloroso. Recuerdo el día que entré a la sesión con mi psicoanalista y le conté todo lo que había visto en The Midnight Gospel, hablé de la muerte de mi abuelo y de un duelo generacional que venía cargando desde ese suceso y mi terapeuta dijo algo que se me quedó grabado: parece que, para vivir, es un requisito negar la realidad de la muerte.

El último capítulo de esta caricatura tiene como invitada especial a la mamá de Clancy, a la mamá de Duncan Trusell. Durante poco más de media hora, Clancy/Duncan se encuentran hablando con Deneen Fendig sobre el nacimiento y crecimiento del podcaster, mientras la animación nos muestra a un Clancy bebé, infante, adolescente, adulto y cruzando la tercera edad y una Deneen que también crece, muere y renace del vientre de su hijo.

Casi llegando al final, nos enteramos de que Deneen tiene cáncer y los médicos le han declarado pocos meses de vida, pero la vemos y escuchamos más viva que nunca. Clancy le hace una pregunta que todos alguna vez hemos sentido: ¿qué haces con el dolor? Su madre da una respuesta que en primera instancia parece bastante sencilla y obvia, pero que tiene un trasfondo mucho más profundo: pues lloras.

Netflix, The Midnight Gospel

Después de esa escena, ambos personajes se convierten en planetas y comienzan a vivir una especie de resquebrajamiento en su superficie, pero la mamá, al ver el temor en su hijo, le dice: el amor no se va a ningún lado. Deneen Fendig fallece tres semanas después de haber grabado ese podcast con Duncan.

Al finalizar The Midnight Gospel me quedó un vacío a la altura del pecho y estómago, sentía que me habían enseñado algo y después habían decidido arrebatármelo. Había pasado por una montaña rusa de sentipensares que me dejaron expueste en un limbo que, por decisiones tal vez inconscientes, no me había permitido explorar.

El discurso de cada capítulo llega a ser abrumador, somos vomitados sobre una masa de realidad que nos duele y lastima, pero que vale mucho la pena explorar porque de esa masa existe la posibilidad de que podamos salir distintes. 

Soy una persona no binaria, nacida en el 97. Estudié letras y aunque una de mis grandes pasiones es la lectura, muchas veces me inclino a la crítica social desde un enfoque cuir y feminista. Mis intereses siempre se encuentran en movimiento ya que me gusta aprender cosas nuevas. Creo firmemente que lo personal es político.
Me gusta escribir en primera persona.

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