Andrei Tarkovsky, un poeta entre cineastas

“La teoría del auteur es un término desarrollado en los años cincuenta por el crítico de cine francés André Bazin. Este describe la forma en la que la visión y el estilo del director se ve directamente reflejada dentro de un filme. Para ser un auteur el director debe tener absoluto control de los aspectos técnicos y creativos de la producción cinematográfica.

En su ensayo La mort de l’auteur, Roland Barthes (1967) argumenta las razones por las que no se debe y no se puede relacionar el texto con su autor. Es decir, a la hora de interpretar una obra textual no se puede en ningún sentido considerar el contexto ni intención del autor ya que, de cierta forma, la obra debería hablar por sí misma.

Muchos críticos y teóricos han llevado la idea de Barthes al séptimo arte, refutando, consecuentemente, la idea de Bazin. Muchos de esos críticos y teóricos sugieren que no existe ningún cineasta que se pueda considerar el máximo representante y absoluto realizador de un filme y de ninguna manera se debe relacionar la obra con la vida del director. [1]

Barthes tiene gran razón en una cosa, pues no debería ser la intención del artista el explicarnos la obra. Por ejemplo, cuando vamos al museo y vemos un cuadro, no debería ser el texto junto a él lo que nos explique el significado; en cambio, el contenido plasmado en el lienzo debería ser lo que nos haga entender el significado. La obra se debe poder interpretar sin el artista. Pero hay algo que me puso a pensar, y es que, aunque no esté el artista para explicar la obra, jamás podremos dejar de relacionar el contenido de la obra con la vida del artista.

¿Qué hay de aquellos que dejan plasmada su alma en celuloide? ¿Qué pasa con los que crean películas que se asemejan más a un poema visual que a una genérica historia estructurada con el viaje del héroe? ¿No son estos los verdaderos auteurs?.

Los verdaderos auteurs son los que nunca rompen la relación entre su obra con su vida personal. Y estos se vuelven poetas cuando en lugar de replicar la mera realidad, crean una propia. Uno de estos grandes poetas fue Andrei Tarkovsky.

En Mayo de este año se cumplirán 40 años desde la primera proyección de Stalker (1979) en Moscú. Una película escrita y dirigida por el cineasta soviético Andrei Tarkovsky, cuya filmografía consiste de tan solo 7 filmes que logró realizar en una prolífica carrera que duró 28 años.

La vida de Tarkovsky fue bastante trágica. Durante su infancia tuvo que sobrevivir la Segunda Guerra Mundial, vivir bajo la ausencia de su padre, evacuar su ciudad natal y sufrir de tuberculosis. Su vida adulta la pasó recibiendo fuertes críticas y poco apoyo por parte del público soviético. De hecho, su filme El Espejo fue tan mal recibido por las autoridades soviéticas que se le dio una mínima distribución, arriesgando a Tarkovsky de ser acusado de gastar los fondos públicos, forzándolo a que huyera de la Unión Soviética hacia Europa.

Pero son películas como El Espejo las que verdaderamente marcan al auteur. Esta no es nada más que el reflejo de la infante alma herida de Tarkovsky. A través de este filme, él nos deja observar sus recuerdos, sus más profundos sueños, los momentos más difíciles de su infancia como la solitaria vida campal junto a su madre o la ida de su padre a la guerra. Pero también es un filme que nos hace testigos de un sueño que contempla la vida y cura la nostalgia. Y es que en él se nos da espacio para conocer nuestros propios recuerdos, nuestras propias heridas y nos enseña cómo a través del arte podemos sanar.

Tarkovsky es ejemplo de que al menos si existió el auteur, es ejemplo de que sí pueden haber cineastas cuya obra hable por sí misma, pero hable con su pensar y filosofía. Porque dentro de su cine sentimos gran parte de su persona inmortalizada en la imagen.

Aunque muchos de sus filmes sean adaptaciones, Tarkovsky logra marcar cada una de ellas con un estilo único que siempre profundiza en un rasgo personal de su vida. En La Infancia de Iván lo vemos en el protagonista, un niño que pierde su infancia por la guerra, que constantemente es acechado por el recuerdo de su madre y que tiene un vínculo directo con la juventud del director. En Stalker adapta un relato de ciencia ficción explorando lo onírico dentro de lo común en la vida; es un filme que describe la forma en la que observa y aprecia la vida; es también un filme que cuestiona el objetivo del hombre y el valor de sus sueños, una visión que Tarkovsky comparte y teoriza en su libro Esculpir el Tiempo.

Pero en sus filmes no solo vemos una lucha entre el hombre y su ser, sino que también se contempla lo más elemental de la vida. Podemos sentir la textura de la tierra, el viento haciendo bailar a las hojas, el calor del fuego, el sabor de la lluvia… Tarkovsky sugiere en su libro que sus películas se deben contemplar así cómo cuando vemos el mar o las aves volar, sin realmente escarbar el significado de lo que vemos. Quizá por este motivo resulta tan difícil entender el lenguaje cinematográfico que crea para sus películas.

A fin de cuentas, debemos tomar a Andrei Tarkovsky cómo prueba de la existencia del auteur. Debemos, no solamente los cineastas sino todos los amantes del arte, entender que el alma y la vida debe quedar plasmada en la obra y que a través del entendimiento de la misma, el hombre puede deducir más profundamente el significado no solamente de un ideal, también de su propia existencia.

Fuentes consultadas:

[1] Lo podemos leer en artículos de The Guardian, como Death of the Auteur de John Patterson o The end of the auteur? de Ryan Gilbey, o más reciente en The Conversation en un artículo llamado The death of the auteur director in the #MeToo age de Margaret Leclere.

Me llamo Carlos Siri, soy salvadoreño apasionado del cine la música y la fotografía. Actualmente estudio comunicación en la Universidad Anáhuac Mayab. Además de escribir en YucaPost, soy fotógrafo y miembro de la casa productora Malavista donde me dedico a crear contenido audiovisual.

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