Amistades nuevas para resistir mejor la adultez

¡Qué lio ser adulto! Jamás olvidaremos la famosa frase que nos decían en nuestra infancia: “Aprovecha ahora, que cuando seas adulte te vas a quejar de no hacerlo”. Y bueno, simplemente nos molestaba escucharla porque ya queríamos decidir sobre nuestra vida, sin que nadie nos regañara o dijera algo al respecto. Ahora, aquí estamos, en un momento en el que quisiéramos que nos dieran la guía de supervivencia a la vida adulta.

A pesar de todas estas situaciones en las que vivimos con el estrés del trabajo, los estudios profesionales, el pago de impuestos, de servicios, del manejo de las tarjetas de crédito, del pago de renta y demás; buscamos espacios que nos otorguen paz. Un lugar seguro, donde podamos ser libres, donde encontremos refugio; ese espacio son nuestras amistades.

@dibujosdecamilo

Durante el trayecto de nuestra vida, hemos formado vínculos con diferentes personas. Algunos de estos vínculos han perdurado y otros han llegado a una conclusión. No obstante, algo que arrastra la vida adulta respecto a las amistades, es el hecho de precarizar la creación de nuevas relaciones sociales. Nos limita en muchos aspectos, e incluso a veces somos nosotres mismes quienes lo hacemos.

Conforme transitamos la vida adulta, dejamos los espacios de convivencia cotidiana, es decir, nos enfocamos a círculos sociales más cerrados. Por ejemplo, ya no asistimos a clases de licenciatura, donde coexistíamos con decenas de personas, y había una diversidad de actividades recreativas que nos encausaran a la socialización. Habrá quienes estudian un posgrado, pero ahora tienen más ocupaciones como para ir por una cerveza el viernes saliendo de clases, por lo tanto, el acercamiento se limita.

El espacio laboral se vuelve predominante para la formación de nuevas amistades, sin embargo, no podemos descartar que el estrés del trabajo inhibe ver a este ambiente como el más ideal. No vamos a ser rivalidades en un lugar donde pasamos gran parte de nuestro día, pero también, nuestra mente nos pide despegarnos de las cosas y personas que nos recuerdan a aquello que nos cansa, claro, existen muchos casos de encontrar excelentes amistades ahí, solo que, salir con personas del trabajo, puede reducir nuestros temas de conversación, a cuestiones laborales, incluso a seguir trabajando en momentos de descanso. Esto último supone una difícil situación.

El descanso se vuelve una parte primordial y esperanzador dentro de nuestra vida adulta. Después de días agotadores, sólo queremos llegar a casa, quitarnos la ropa incómoda del trabajo, recostarnos y ver nuestra serie favorita. Pero, entonces, nos acordamos que hay que preparar la comida, que se quedaron trastes sucios de la mañana, que debemos hacer las compras de la semana, y claro, no olvidar a nuestra querida mascota. Entonces, pareciera que no existe como tal un espacio libre para destinar a la socialización. Porque ahora lo vemos como un sacrificio, un gran esfuerzo. 

Nuestras energías se ven desgastadas por los trabajos abrumadores, el tráfico horrible, las distancias de movilización, la inflación, los problemas sociales, familiares, económicos, en fin, la lista es larga. Todo este desgaste nos hace preferir descansar, u ocuparnos de las tareas del hogar, a tener que salir a platicar con nuevas personas, sobre temas que hemos repetido muchas veces (a qué me dedico, dónde vivo, qué estudié, etc.). Y bueno, preferimos a las amistades de siempre para ir al mismo lugar conocido, y pedir el mismo platillo. Porque, qué agotador es experimentar cosas nuevas con personas diferentes ¿No? Nuestra vida llena de ansiedad no nos lo permite.

Y no digo que nuestras viejas amistades y el tiempo destinado a ellas están mal. La reflexión está encausada a la imposibilidad de crear amistades nuevas. En mi caso, cuando llegué a la Ciudad de México hace 6 años, tenía la esperanza de hacer muchas amistades. Habría de diferentes sitios del país, edades, profesiones y más. Pero, me establecí en espacio laboral en donde las personas tenían incluso el doble de mi edad, lo que hizo de nuestros contextos de convivencia muy diferentes. Y pues, al ser extraño para esta Ciudad, no podía tener salidas para conocer personas mientras le perdía el miedo.

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Hasta el momento, ha sido difícil lograr la consolidación de nuevas amistades. Y es que, también, nuestros intereses cambian y se modifican. Ya no pretendemos invertir tiempo en personas que consideramos no nos puedan aportar a nuestro crecimiento. Nos volvemos intolerantes ante comportamientos, actitudes y comentarios que denotan grandes diferencias o controversias. Buscamos el apoyo, y no el hecho de que alguien nos desgaste de forma abrupta. Y claro, no negaré que se permea los intereses de crecimiento profesional o apoyo en condiciones de necesidad.

Sin embargo, para lograr amistades nuevas, es necesario ajustar nuestras expectativas. En mi caso, cuando cambié de trabajo a principios de año, quise agradecerle a mis compañeres por su apoyo, y les traje pan oaxaqueño. Les mandaba mensajes para ver qué día nos podíamos reunir y entregarles lo que les había traído, pero tristemente, nunca pudieron, solo hubo largas y largas, y bueno, al final me terminé comiendo el pan. Como foráneo, creo que ya me acostumbré a que me suceda frecuentemente 🙁 (luego por eso les dejamos de traer cosas de nuestro rancho, pero ese no es el punto).  Considero que, a veces, el hecho de vivir tan apresuradamente, y con niveles altos de estrés, nos conduce a cerrarnos a las mismas personas, evitando que alguien más pueda integrarse a nuevos círculos, en donde podrían aportar cosas buenas y hermosas.  

Y claro, siempre es importante comunicar nuestros intereses con la mayor transparencia. Esto sucede principalmente en redes sociales. Un espacio que nos permite conocer a nuevas personas. No obstante, recibir un mensaje invitándonos a tomar un café puede ser una oportunidad agradable o un escenario catastrófico. Yo le acepté una vez a una persona salir a platicar por un café. Le invité a uno de mis favoritos. Al final, me dijo que quería una relación sentimental y que quería comenzar lo antes posible, porque se iría de la Ciudad. Y bueno, le comenté que no era algo que yo pretendía, pero le ofrecía mi amistad, le dije que lo pensará. Pasaron varios meses de espera, y en vísperas de navidad me envió un mensaje para decirme que no le interesaba. Vaya, eso te afecta, a tal grado de que no he querido salir con personas de redes sociales, por el mismo temor. Pero no satanizo las redes, también es posible conocer buenas amistades, incluso, a aquella persona especial para formar una relación.

Todes podemos parecer personas intensas. También debemos quitarnos esa manía hacia los demás, de suponer que pretenden más. Hay que darles la oportunidad de conocerles, de aprender de ellas, muy probablemente puede que nos aporten algo, o incluso, que nos brinden un espacio de refugio. Porque de eso se tratan las amistades; construir una red de apoyo necesaria para enfrentar las difíciles adversidades de estas realidades actuales. En donde un refugio y una persona de confianza, nos brinde un espacio de seguridad. Así que no cerremos nuestros círculos, y tengamos claridad también cuando, sinceramente, alguien no cuadra dentro de nuestra vibra; es mejor que evitarles o ignorar. Y si nos lo dicen, dejar de insistir y no invadir límites. 

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No he abandonado mi sueño de tener nuevos círculos de amistades. Que podamos compartir experiencias geniales, e incluso, quienes somos de otros estados, compartir parte de nuestra cultura juntes. ¡Imagínense si todes fuéramos amigues! Créanme, en mi caso, van a disfrutar de pancito y chocolatito oaxaqueño a quienes lleguen a ser mi espacio seguro.

Este mes cumplo 6 años en la CDMX, le dedico este texto a las amistades que me han acompañado y a las futuras que vendrán. Mi recomendación musical de este mes es: Stop Crying Your Heart Out (Thank You for the Good Times) de Oasis.

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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