A propósito de Alejandra Pizarnik: Romantización del cuerpo enfermo

Este artículo no tiene el objetivo de realizar una crítica en relación a la obra poética de la escritora argentina; más bien, es un análisis que realizo para dar a conocer cómo Alejandra Pizarnik ha sido elogiada por razones equivocadas. Sin duda, su poesía es devastadora para quien se atreve a sumergirse en los adentros cavernarios de Alejandra o de las múltiples Alejandras que se desdoblan de ella: Alejandras de antaño; mujeres de un pasado que ella palideció y a las que prefirió enterrar en su memoria.

Pizarnik vivió una tormentosa senda de soledad, ansiedad, desconsuelo y una profunda tristeza. Convivió con el hecho de ser inmigrant, lo cual la hizo sentirse alienada de la sociedad argentina, tenía una tartamudez que la acomplejaba, vivió una situación de dolor habitando su propio cuerpo, algo que la orilló a tomar narcóticos para bajar de peso, padeció de desórdenes mentales y alimenticios que podrían tener explicación en las débiles redes de apoyo con las que contaba: una familia que no la comprendía, una complicada relación con su hermana debido a que esta la agredía y con la cual era comparada debido a las exigencias puestas por sus padres que eran cumplidas a cabalidad por su hermana.

Una lista de desamores y desencuentros amorosos, un estado que transitaba entre la felicidad y el sufrimiento, entre la euforia y el insomnio y la convivencia con una profunda depresión hace de la obra poética de la escritora argentina una poeta de culto para quienes la leen. Me parece desmerecido y equivocado que se le adjudique a Pizarnik esa figura de escritora maldita, de que sea un símil de una Janis Joplin literata o que le atribuyamos su éxito a una salud mental afectada negativamente debido en parte a una sociedad machista que descuidaba a las mujeres obligándolas a vivir penurias, a ser víctimas del gaslight y de las relaciones amorosas con poca o nula responsabilidad afectiva y al odio interiorizado que el patriarcado les había hecho creer que merecían debido a no cumplir con los cánones de belleza impuestos por este.

Si asumimos la postura de quedarnos con una única versión de Alejandra Pizarnik, nos estaríamos quedando cortos al explicar su grandeza. No sólo es una visión simplista y machista que martiriza a la poeta; sino que también es un discurso peligroso para el cuidado de la salud mental. Mejor sería analizar cómo ella no sólo era sus desórdenes mentales sino que también un candil para el movimiento feminista. Su poesía está plagado de sexualidad femenina, de vaginas abiertas en flor, de pieles diversas en su lecho, tuvo el valor para alzar la voz y gritarle al mundo lo que otras mujeres habían guardado en una caja de silencios en contra de su voluntad. Ella será recordada también por haber puesto en diálogo la idea de conversar sobre erotismo, frustración, tristeza o atrevimiento. Ella escribió desde una óptica del feminismo, sin nada que esconder, como un cuerpo  dispuesto a ser descubierto y con la consigna de ser desnudado. Habría que reflexionar ¿qué habría pasado de haber contado con una Alejandra Pizarnik que hubiera gozado de una salud mental positiva? La tarea que nos toca hacer es tener una visión crítica de lo que estamos romantizando. La salud mental de las mujeres ha sido dañada desde hace mucho tiempo, no podemos seguir consumiendo producción literaria sin antes cavilar sobre los cuerpos políticos que se están consumiendo en el proceso.

Para finalizar dejo un poema de la misma escritora para el goce de quienes estén leyendo este artículo:

Hijas del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

 

Fuentes consultadas:

http://revistaanestesia.com/la-obsesion-suicida-de-la-nina-monstruo-alejandra-pizarnik/

Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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