Albert Camus: El solitario desheredado que gano el Premio Nobel de Literatura

No conoció a su progenitor, al mes de nacido en la desértica tierra de Argelia, su padre fue reclutado para que combatiera por el lado francés en la Primera Guerra Mundial, situación que culminó en la muerte de aquél en el campo de batalla. Así, en sus primeros recuerdos de infancia sólo estuvieron presentes la figura materna, recuerdos de su hermano mayor y a la mudanza que realizó a la casa de la abuela materna con la finalidad de sobrevivir al impetuoso camino de la vida.

Visto lo cual, la necesidad de ingresó obligó a la madre de Albert Camus a laborar en el trabajo doméstico y a someterse a los designios de la abuela para poder gozar de su techo y de su apoyo; abuela estricta que infundió en Albert un terrible cacicazgo a base de golpes por la desobediencia y a privaciones materiales por mentiras infantiles. En efecto, entre el hacinamiento y la pobreza, la gran jerarca resultaba ser la abuela, quien tomaba las decisiones de la familia Camus y decidía el destino del poco ingreso familiar.

Por tal razón, Albert Camus siempre llegaba con miedo a casa por haber gastado de más su único par de zapatos al jugar fútbol. El terror invadía su cuerpo cuando había destinado unas cuantas monedas para comprarse un dulce o por haber malgastado su tiempo en las cálidas playas del continente africano, pues el resultado era nada menos que una tunda por parte de la abuela. Sí, la abuela infundía una repulsión en el niño Camus, sin embargo, esto duraría poco cuando el talento del niño se convertiría en el gran orgullo no sólo de la abuela, sino de toda la familia.

En efecto, desde que tuvo uso de la razón, el niño Camus destacó por su brillantez en la primaria, sus maestros subrayaban su dedicación e ingenio, así como su cálida respuesta al hábito de la lectura. Un hábito que le fue sembrado como germen, pero que se convertiría en una bella flor que destaparía la insaciable sed de conocimiento del niño. Así, estos talentos le permitirían tener la oportunidad de competir por un lugar con beca en el liceo de Argelia, una oportunidad de oro para un niño nacido en la pobreza que tenía la coyuntura de estudiar en una escuela de élite y que por tal causa, puso en entredicho a la matriarca de la familia, pues resultaba en un claro dilema entre apoyar al niño Albert para que se dedicara de tiempo completo a los estudios o que se incorporara al mundo laboral para ayudar con el ingreso familiar.

Vaya que la sí vida tiene marcado un destino, pues el niño Camus logró su ingreso al liceo y más adelante, destacó como uno de los mejores de su generación. Así, su juventud transcurrió entre los libros prestados de la biblioteca municipal, los juegos de fútbol en los campos del municipio y entre los veranos consiguiendo empleos para ayudar al ingreso de su familia. Todo ello, le permitió irse formando en una dualidad de realidad, pues mientras en el aula convivía con la élite de su país, al finalizar las clases y buscar abordar el ferrocarril para ir a su casa, se enfrentaba con una vida llena de carencias. Esto le permitió ir formando su carácter, pero también le permitió ir seleccionando sus lecturas e ir alimentando su búsqueda de identidad, la cual, le urgía construir.

Por eso, eligió buscar y adentrase en los textos filosóficos para averiguar las respuestas que tanto deseaba encontrar. Se graduó de la universidad analizando el pensamiento griego y cristiano, doctrina que diera sustento a lo que llevaba del tramo recorrido en su vida: falto de padre, con una abuela autoritaria, en un país dividido en estratos sociales muy marcados y con una nación en lucha constante por temas religiosos.

Vía Manudefilosofia

No por nada, Albert Camus es fundador de la corriente filosófica conocida como absurdismo, corriente que cuestiona la racionalidad de la vida, pues a sus ojos, los seres humanos erróneamente siempre buscamos algún sustento racional que justifique nuestro ser, el actuar y el destino al que estamos atados. Sin embargo, para Camus la vida suele ser caótica, sin un lazo de racionalidad, pues los seres humanos actuamos con base en nuestro contexto y circunstancias, las cuales ni siquiera se acercan al término de la razón.

En efecto, para Camus resultó impactante nacer en una guerra mundial, crecer entre la miseria y la riqueza intelectual, así como vivir su adultez durante las atrocidades del nazismo; de ahí que, constatara que al mundo y a las personas que habitan en él, no los mueve la racionalidad. Albert analizó que las personas nulifican el uso de la razón para vivir y tomar decisiones, la razón sólo busca justificar y dar el sustento a la explicación del mundo en que se vive, pero es incapaz por sí sola de constreñir a las personas a que no se destruyan entre ellas mismas.

Asimismo, Camus fue consciente de que su corriente filosófica podía interpretarse en el sentido de que dado que todo lo hecho por los seres humanos es caótico por vivir en un mundo caótico, se estaría entonces justificando el genocidio y otros crímenes, los cuales se buscaban justo evitar en la teoría del absurdismo. De ahí que Albert estudiara que la razón ni la religión podían ser el sustento de la vida humana, sino que la base de todo fueran valores compartidos y universales que traspasaran fronteras, tales como la solidaridad o el respeto entre pares.

Albert desenvolvió su vida profesional principalmente en periódicos de Argelia y de Francia, pues ahí encontraba el espacio suficiente para desarrollar su visión filosófica. Sus críticas mordaces a los gobiernos totalitarios y a la perversión ideológica en que se convirtió el régimen soviético, se ganaron la reputación de subversivos, lo que implicó que el argelino no fuera bienvenido en ciertos países, expulsado de otros y sobre todo, de que le llovieran una serie de amenazas de muerte por plasmar y difundir su pensamiento.

Más aún, su pensamiento filosófico no sólo resultaba incómodo a ciertos gobiernos, sino que también su obra literaria resultaba molestaba para algunos poderosos. Tanto su obra que lleva por nombre El extranjero, como la novela de La Peste y La Caída fueron censuradas en regímenes poco democráticos, ya que todas ellas ponían en duda los fundamentos del cristianismo, ponían en entredicho las promesas de los falsos gobiernos redentores e incitaba a las personas a estar en una constante revuelta que luchara en contra de todo aquello que estaba dado por sentado.

Por todo ello, en el año de 1957 fue ganador del Premio Nobel de Literatura, un premio del que sólo pudo disfrutar tres años, pues en un trágico accidente automovilístico en 1960 perdió la vida. No obstante, su pensamiento perduraría más allá, y el recuerdo de su vida profesional y personal son un claro ejemplo de que entre los lugares más abandonados puede surgir una persona capaz de revolucionar la forma de ver el mundo.

Siempre estará presente aquel niño crecido en la pobreza, con las ansias de buscar la identidad por falta de padre, que revolucionó el pensamiento filosófico de la humanidad.

Abogado por el ITAM. Me apasiona el análisis de temas políticos y
electorales. Soy un fiel seguidor de los Pumas. Apasionado de la
Historia y de la literatura.
En ocasiones soy corredor. Por destellos declamo poesía.
Frecuentemente escucho a “The Doors”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *