Abolir el género sin abolir a las personas trans

-Lorena Blanco

¿Es posible reconocer la existencia de las personas trans sin reforzar el heteropatriarcado y los roles de género? Esta pregunta es quizá de las más comunes cada vez que se aborda la cuestión trans. Sin ánimos de hacer un artículo más que reproduzca lo que otras personas ya han expuesto –y mejor de lo que yo podría–, quiero compartir cómo yo me he confrontado a mí misma con esa pregunta. Y parto de la siguiente premisa: el debate ha desembocado en absurdos interminables porque lo hemos dedicado a responder la pregunta incorrecta (esa pregunta).

Aclaro que si hablaré principalmente de las mujeres trans es por ser mi vivencia personal, pero espero que muchas de estas reflexiones puedan ser igualmente aplicables a los hombres trans.

Yo no entiendo cómo alguien puede identificarse con un sexo en el cual no nació biológicamente hablando. No me hace sentido. Pero eso no quita el hecho de que yo exista. Como toda persona, mi capacidad de comprensión no determina el mundo que me rodea. Y me lo pregunto prácticamente todos los días: ¿Cómo es posible esto? ¿Por qué me identifico como mujer si “no lo soy”, si no nací con el cuerpo biológico, si no tuve ciertas vivencias patriarcales en las primeras etapas? Quizá hay algo de discriminación interiorizada pero paradójicamente es un gran punto de partida para la reivindicación: me guste o no, soy mujer trans. Lo crea o no. Me retuerza en artículos, libros y posts buscando una respuesta teórica, o no. Partamos entonces del supuesto de que todos esos cuestionamientos sobre la cuestión trans ya nos los hemos hecho las personas trans a nosotras mismas. E incluso si no nos creemos a nosotras mismas, lo somos. Existimos, pues. Y a la existencia le importa poco si tenemos o no una explicación científica o una justificación político-filosófica.

A dos pasos del cuestionamiento de nuestra existencia se encuentra el cuestionamiento de la ropa. ¿Por qué queremos vestirnos así? ¿Una mujer es usar falda? ¿Es vestirse femenino? ¿No es misógino pensar que por ponerse tacones y falda ya se es mujer? Por supuesto que sería misógino pensar eso. El problema, nuevamente, es que nos hacemos las preguntas equivocadas. O más bien, que las demás personas se hacen las preguntas equivocadas sobre nosotras y sobre los hombres trans.

Abordar el tema de la ropa de mujer en las personas trans es abordar el tema de la ropa en la identidad en general. No es un asunto exclusivo de este tema. Les pido paciencia a quienes lean estas líneas con el mayor escepticismo, pues para llegar al punto central tendré primero que abordar algunos puntos previos que no deben ser vistos en aislado.

Los seres humanos no somos la ropa, pero nos comunicamos con ella. Y no comunicamos cualquier cosa sino quiénes somos o cómo nos proyectamos al mundo. Pongo como ejemplo la anécdota de una mujer maya que, como mucha juventud indígena, creció en medio de discursos discriminatorios que le hacían repeler esa identidad maya. No le interesaba hablar el idioma, ni participar en las actividades comunitarias, ni “ser maya” para el mundo. Dado que fue educada con la idea de que “somos pobres porque somos indígenas”, solía vendérsele el antídoto de “si superas lo indígena, superas la pobreza”. Y lo compró por muchos años hasta mudarse a la capital del estado e iniciar sus estudios universitarios. Al sentir cada vez más latente la discriminación, al toparse con otras personas también mayas de otras poblaciones, entre otras experiencias, ella se “redescubrió” como maya y abrazó esa identidad que había rechazado mucho tiempo. Y es ahí cuando empezó a usar hipil. No como una moda que también ha sido adoptada por mujeres no-mayas, sino un hipil que claramente era para marcar “esta soy yo”.

Al oír esta historia no pude sino pensar en lo complejo y fluctuante de la identidad. La identidad es un proceso. No es algo que se tiene, sino que se ejerce. Una vez que se identifica y redescubre, buscamos anunciarla consciente o inconscientemente a través de distintas formas. La ropa es una de ellas. La mujer de la anécdota no es maya porque usa hipil, pero usa hipil porque es maya. El hipil no le dio una familia, una infancia, una comunidad, unas vivencias y todos los procesos por los cuales ella se ve como maya. Pero es una manifestación externa, un punto de partida para que los otros entendamos que ella está abrazando eso: ella es maya.

Se pensará entonces que concluyo misóginamente que la ropa considerada femenina o “de mujer” es como una “vestimenta tradicional de las mujeres”. No he dicho eso, ni lo pretendo. No es ese el punto por el que tomo la anécdota de ejemplo. Lo que considero comparable a la cuestión trans es que la manifestación estética no hace al ser, pero anuncia que algo que ocurre internamente está interactuando con el mundo externo. Al comunicarse con el mundo externo también adopta los códigos y lenguajes del mundo externo. Y ojo: esa interacción no necesariamente es positiva o idílica.

Es ahí cuando regreso a mí, a nosotras, las personas que no sabemos ni entendemos por qué, pero somos trans. Una vez que abrazamos esa identidad nos damos cuenta que solo hay dos formas de poder vivir socialmente con ella: decir que somos personas trans o que “se note” que somos personas trans. La primera es incómoda por su protocolo, sin hablar del temor a las reacciones que pudiera generar. Tener que decirle a cada persona con la que interactuamos, sea por lo que sea, que somos personas trans. La segunda opción nos ahorra ese incómodo momento y no requiere palabras, pero presenta dos grandes problemas. El primero es preguntarse cómo luce una mujer trans para que se note. Y eso nos lleva a preguntar cómo “luce” una mujer. ¿Cómo la sociedad entiende que se ve una mujer? Y sí, justamente hay un parámetro imperante: el patriarcado (retomaré este punto en unos instantes). El otro problema es que no queremos “que se note que somos mujeres trans”. Queremos vivir como mujeres. Créanme cuando se los digo, nadie quiere ser una persona trans y no me gusta tener que pasar por este proceso que me tocó vivir. Solo quiero vivir en paz sin que mi identidad sea objeto de escrutinio público. Quiero vivir como cualquier otra mujer, con todo lo que eso implica, porque así me entiendo yo.

Es ahí cuando surge un concepto muy importante en la vivencia trans: el “pase”. Pasar desapercibida, que no “noten” que soy mujer trans sino que me vean solo como una mujer. El pase no es únicamente una búsqueda nostálgica por las vidas que no nos fueron asignadas al nacer, sino que es una necesidad para poder vivir en paz y para no ser víctimas de violencia. Tener el pase o no define el grado de exclusión social que puedes sufrir. Si “se nota” que eres trans puedes ser objeto de burlas, memes, cuestionamientos, rechazos, miradas, insultos, golpes e incluso atentados contra tu vida. Por supuesto tener el pase no implica para nada liberarse de la violencia que de por sí sufrimos todas las mujeres. Pero al menos puedes ir a cenar sin que te vean raro, sin sentir que la gente quiere mantener una sana distancia como si fueses a contagiarla de algo o simplemente sin temor a ser objeto de burla por ser ese “fenómeno del género”.

Reconocer el patriarcado y resistir a él no hace en sí mismo que desaparezca. Me pongo a mí como ejemplo: Si yo salgo con pantalones de mujer la gente me sigue tratando como hombre. Si visto como me nace vestirme algunas personas pensarán que soy queer y otras en el extremo opuesto que soy “un maricón”. Pero la gente me trata como hombre, porque no tengo el pase y porque no voy con un letrero que diga “persona trans”. Y mientras eso ocurre veo que la gente me ve, que se extraña, que conviven conmigo incluso con la mayor apertura posible pero siempre con esa sutil tensión parecida al sonido de una mosca que se aleja y acerca al oído.

Entonces cuando voy a ciertos espacios con ciertas amistades con las que he salido del closet considero ponerme cosas más “agresivas”: faldas, tacones, maquillarme de más. No lo necesito. Podría ir como realmente se me antoja y ser yo. Pero quiero vivir mi identidad, no que esta se interponga en cada espacio, que cada interacción se vuelva una experiencia más para contar lo difícil que es ser trans y que esa identidad se vuelva objeto de constantes aclaraciones. Pero lo más importante, me da miedo que me agredan por ser trans. Necesito el pase. Es sumamente jodido, pero así son las reglas del juego llamado patriarcado.

Sí, si las mujeres trans nos vestimos femenino puede ser por dos motivos. Por un lado, porque simplemente hay gente a la que le gustan los tacones, las faldas y el maquillaje. La ropa no es el género, ni los roles de género. La ropa es tela, un artefacto vacío. Las reglas, discursos, opresiones, exclusiones, violencias y otro tipo de dinámicas que el patriarcado le pone a una falda son el problema. Lo que queda sin ellos son retazos costurados.

Por otro lado, más común de lo que se cree, las trans llegamos a usar todo eso por miedo. Por imposición. Por la gran desesperación de que nos dejen en paz y podamos vivir un día normal siendo nosotras. Y lo notamos: hay más posibilidades de que me traten como mujer en un espacio público cuando voy con faldas y tacones. Incluso, aun no teniendo el pase, veo que la gente que  me mira de reojo pareciera no darse cuenta de que hay “algo raro” y no voltean la mirada de sorpresa como sí lo hacen cuando me visto de otra forma. Estamos sujetas a las mismas reglas del patriarcado porque éste impone las condiciones en las que podemos vivir en paz.

Vía: Metro.co.uk

¿Es posible reconocer la existencia de las personas trans sin reforzar el heteropatriarcado y los roles de género? Esta pregunta es un error en el planteamiento porque reconocer la existencia de las personas trans implica reconocer cómo el heteropatriarcado y los roles de género nos imponen los únicos permisos que tenemos para escapar de la violencia y para tener una vida más o menos “normal”. Y sí: las enormes privilegiadas son las mujeres trans con pase, que logran pagarse un tratamiento hormonal (y que tienen las condiciones de salud para poder hacerlo) o una intervención quirúrgica, las que nacieron con características físicas parecidas a los estándares de belleza que se les impone a todas las mujeres, las que pueden ejercitar su voz… en fin. Se les perdona a las que para expiar las culpas por ser una disidencia en las identidades logran cumplir con los máximos estándares de belleza impuestos a las mujeres.

La pregunta confunde identidad con género. Por supuesto que hay que abolir el género, pero no así a las identidades. Y mucho menos abolir a las vivencias y formas de existir que no son elegidas, así las podamos explicar y justificar racionalmente o no. Confundirnos de pregunta me lleva a responder con otras preguntas: ¿qué hago conmigo misma entonces? ¿Desaparezco? ¿Regreso a vivir como antes a pesar de que mi salud mental estaba peor? ¿Reprimo que me duele ser tratada como hombre y finjo que no pasa nada? Porque esas serían la respuesta a creer que lo que vivimos es producto del heteropatriarcado y no una manifestación más del poder que tiene sobre nosotras. Y es, paradójicamente, utilizar una de sus más efectivas herramientas de tortura: negar existencias y vivencias.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

5 respuestas a «Abolir el género sin abolir a las personas trans»

  1. Todas las personas que habéis respondido como la persona que escribió este texto sois maravillosas y me ha encantado leeros. Debo decir que nací mujer, con genitales femeninos, me he encontrado googleando “abolir el género” porque ya hace varios días vengo pensando a raíz de ver algunas radfem en redes sociales preguntándose qué era ser mujer porque aunque siempre he admirado a las mujeres trans por su valentía y su fuerza y en casa siempre se ha tratado con normalidad el tema ya que mis padres tienen amigas trans desde su niñez, nunca me había planteado que si se aboliera el género y simplemente estuviéramos diferenciados como machos y hembras o cualquier otra variante biológica y tuviéramos libre elección de pronombres y gustos sin tener esa cultura que nos dice qué es de chicos y qué es de chicas quizá no haría falta que las personas transicionaran (operaciones y hormonas) y podrían decir que son hombres si nacieron hombres pero ser tratados en femenino y utilizar la ropa que les apeteciera (hace poco he conocido a un par de personas trans que tienen este caso, son dos chicos autodenominados homosexuales cuya estética es lo que se entiende actualmente como femenino y se han operado los genitales porque antes pensaban que eran mujeres, algún retoque estético y utilizan medicación aunque ahora se han arrepentido de los cambios físicos) bueno, que al final he tenido una crisis de fe por así decirlo sobre que quizá no estamos haciendo bien en promover el que existan niños trans, igual estamos imponiendo roles de género demasiado pronto y que quizá sí estamos condicionando a algunos niños con nuestras actitudes de adultos. Luego se me ha sumado que me parece un poco mal la autodeterminación de género porque primero me parece peligroso para la gente trans más joven que se puedan llevar a cabo cirugías de reasignación de sexo o mastectomías y luego al no haber tenido ayuda para constatar que efectivamente esa persona se sentía hombre o mujer y que no tengan que hacer detransicion y luego que como han dicho en repetidas ocasiones por todas partes los hombres que se identifican con el género masculino hagan un mal uso de esta ley para aprovecharse de ella, las reasignaciones de sexo y género de Irán para acabar con los homosexuales…
    En fin, llevo todo este tiempo sintiéndome una persona horrible por tener estos pensamientos y verme bombardeada por este tipo de información en redes y leer este blog me ha ayudado muchísimo a entender un poco más vuestros problemas y vuestras razones, perdonad si he dicho algo ofensivo de verdad que solo quería desahogarme en algún sitio seguro, he visto que erais bastante abiertos y comprensivos y es que si digo algo de lo que sentía en casa o con alguien de mi entorno me hacen la cruz para siempre y me quedo sin amigos ni familia xD quién lo diría el mundo al revés jaja Os deseo muchísima suerte en todos vuestros objetivos, seguid divulgando y haciéndolo tan bien

  2. Me enfrento al mismo cuestionamiento. Soy trans con una identidad muy monstruosa. Según el radfem es abolir el genero y lo entiendo. Entiendo que hay que erradicar la relacion genero-sexo de las personas y que no hayan diferencias por nuestra genitalidad y que los comportamientos no tengan genero. Tambien entiendo que el genero se basa en el binarismo heteropatriarcal. Entiendo tambien lo que dice esta chica que prefiere y entiende a su modo la lucha con su feminidad y como ella se expresa para no tener que sufrir tanta violencia. Tambien entiendo que abolir el genero quitaria toda esa carga porque nos podríamos comportar como quisieramos. Lo que no entiendo es como abolimos el genero. Que hago entonces con mi identidad. Osea segun la construccion patriarcal a mi me gustan las cosas femeninas por que siento que soy mujer y eso es misógino?. ¿Por
    que reproduce comportamientos patriarcales de lo que es ser mujer? Ademas llenen esa pregunta con las respuestas de muchas radfem que dicen que somos hombres femeninos siguiendo aun el juego de sexo-genero. Entiendo a mi ser marxista que me dice destruir toda la opresion capital de nuestros cuerpo. Pero en la práctica, ¿que sucede realmente? A las personas que no tenemos una identidad patriarcal definida se nos hacen muchos problemas de identidad. Ademas de la violencia. Se que abolir el genero me quitaria esos problemas. Pero cuando y como? Ademas quien es fiel participe de seguir el camino de abolir el genero y se sale del binarismo de genero? Las primeras personas que se me viene a la mente es la gente no binaria. Con etiqueta y todo. Porque para mi son las que mas se asemejan al cambio. No son ni las radfem, ni les trans. En fin, disculpen mi ortografía y quizas mi poca informacion.

  3. La identidad es importante, pero la lucha trans se encuentra en muchos puntos en un sentido contrario al objetivo feminista de abolir el género. No significa que haya algún derecho de lastimar, discriminar ni violentar de ninguna forma a ninguno de los colectivos, pero señala la necesidad de seguir con los cuestionamientos. Por ejemplo, cuando dices que quieres que te traten como mujer, ¿cuál es ese trato que reciben las mujeres distinto a los hombres? ¿No es ese trato distinto el mismo que ha puesto límites a mujeres y hombres apoyándose en el género?

    1. Nunca me puse a pensar esa preguntas, pero ya que lo decís quiero decir lo que a mi percepción sucede. Cuando las personas trans dicen que los traten por lo que son yo entiendo que con trato se refieren a que quieren que lxs demás se refieran a ellxs con sus pronombres, es decir que reconozcan su identidad. Puede que se aplique a algunas personas trans lo que vos decís (que inevitablemente es caer en los roles de género), pero yo creo que si un/a mujer u hombre trans pide que los traten por lo que son respectivamente, lo único que están pidiendo (como dije anteriormente)¡es que les reconozcan su identidad! Además ser una persona trans no implica necesariamente encajar con el estereotipo, más allá de que ambas cosas inevitablemente se puedan asociar, por que ya de por si hay muchas personas que además de sentirse identificada con un genero no asignado lo expresan de forma masculina o femenina porque así lo sienten.. ¡pero también hay personas trans no binarias! (es decir, no se identifican ni con el género masculino ni el femenino), osea que la identidad de las personas trans no se reduce solo al binarismo de chico trans y chica trans, por lo que si nos lo ponemos a pensar de esa forma el hecho de abolir el genero no choca tanto (yo cambiaria la expresión por abolir los roles y estereotipos de genero).
      Espero que algún día podamos vivir en una realidad donde los estereotipos dejen de ser tomados en cuenta como modelos de genero, y para eso creo que como sociedad tenemos que ir madurando y dejar atrás ciertos prejuicios.

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