A un año del paro nacional de octubre

Por Emiliano Samaniego

Hace un año, el Ecuador vivió el histórico Paro Nacional de Octubre. Este levantamiento fue el primero en más de una década y se produjo en respuesta a un paquete de medidas económicas estatales impulsadas por el FMI. La más controversial era el recorte del subsidio a los combustibles. El campesinado, principalmente compuesto por comunidades indígenas, era el sector más perjudicado.

El Paro empezó el 3 de octubre con una huelga de transportistas. Días después, alcanzó mayor intensidad cuando miles de personas indígenas se movilizaron a Quito. Tras su llegada a la capital, el papel de la población urbana pasó a un segundo plano. Distintas colectividades e individualidades quiteñas se convocaron en albergues humanitarios, la recolección de víveres y el cuidado de personas heridas en las manifestaciones.

Los días siguientes estuvieron marcados por el caos y el miedo. Justificándose en los daños a la propiedad, la Policía mató a más de una decena de personas y dejó secuelas permanentes en muchas otras. Muchas más perdieron la vista, el oído o el olfato por impactos de bombas lacrimógenas. Los medios de comunicación masivos se concentraron en la violencia de la protesta, no así en la desmesura de la represión.

Vía Lu Andrade (@luilustradora)

El 12 de octubre se dio la Marcha de las Mujeres, que terminó en un ritual de resistencia en el monumento de Isabel la Católica. Mientras tanto, los barrios de Quito empezaban a plegarse al Paro, pero el gobierno anunció un toque de queda y militarizó la ciudad. Como los colectivos indígenas no se retiraron de la capital y ratificaron sus medidas de hecho —como el corte de carreteras—, el Gobierno accedió a dialogar con su dirigencia, en un debate televisado en vivo.

Durante el debate, la delegación indígena acribilló con argumentos a un gobierno incoherente. Al final se pactó la eliminación de las medidas. Acordaron una mesa de trabajo conjunto para recalcular el subsidio. Esto puso fin al Paro. Pese a que la sensación generalizada fue de victoria, esta promesa nunca se cumplió. Entre noviembre de 2019 y agosto de 2020, el gobierno reintrodujo las medidas.

Las comunidades indígenas del Ecuador, y de toda América, están acostumbradas a resistir. Sin esta resistencia el sistema redoblaría su marginación. En ese contexto, el Paro fue una válida demostración de fuerza. También una victoria, más mediática que política.

Sin embargo, para las clases medias urbanas, la movilización fue un golpe de realidad. Vivimos un levantamiento y nos enfrentamos a una represión que las generaciones de 18 a 25 años solo habíamos visto por TV. Desde octubre, nos dimos cuenta de que tenemos que organizarnos y formarnos políticamente.

Pero, en esencia, constatamos que este país es Andino, Amazónico y principalmente rural. El Ecuador no es de las quiteñas y quiteños de clase media, como yo. Es de las campesinas y campesinos.

Hoy, sabemos que el Estado ecuatoriano no nos cuida. De hecho, es responsable de la muerte de doce manifestantes. Ante este hecho, sabemos que las soluciones para los problemas de las clases populares deben venir de la propia organización, horizontal y colectiva.  Como dicen grafitis por todo Quito: “Solo el pueblo salva al pueblo”.

Para más información sobre el tema, recomiendo el contenido de @Wambra Radio, @Gato Gamín, y @Aktitú Radio Zine.

Psicólogo clínico, incipiente periodista.

Nací en Quito. Soy hijo de un quiteño y una tucumana. El punk siempre fue mi pasión. Creo fielmente en la palabra escrita como continente de la memoria, vehículo del alma y agente de cambio. Escribo sobre música, política y psicología.

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