Será Ley

El pasado miércoles, 29 de julio del año en curso, la Suprema Corte de Justicia falló en contra el proyecto de sentencia que buscaría decretar la invalidez de la norma que tipifica el aborto como delito en Veracruz. Con cuatro votos a en contra y uno a favor, los pañuelos celestes manifestaron el fallo como una victoria histórica ante la defensa de la vida. Es imperante cuestionarnos la composición histórico social de la afirmación anterior.

¿Es una victoria? ¿Defiende la vida? No es una victoria porque en el marcador jurídico las cosas siguen igual. La legislación no ha sufrido ni un sólo cambio a favor de la preservación del embarazo que no existiese ya.

En el caso de Veracruz el código penal decretaba que el aborto era legal bajo la condición sine qua non de que se realizara en casos de violación. Incluso bajo esa premisa, en 2016 se levantó la voz ante el incumplimiento de la norma pues se habían registrado que en varias instancias se negó el acceso a este derecho. Es alarmante ver que en su gran mayoría son menores de edad.

No sólo se ha limitado el acceso al acceso legal y gratuito del aborto, sino que el código penal condena de 6 meses a 4 años en prisión a aquellas mujeres que decidan terminar con su embarazo, y hasta dos años a aquellos médicos que las auxilien en ese proceso.

Defender la vida va más allá de lo inmediatamente tangible. En el caso del movimiento a favor de la legalización del aborto se defiende la vida, pero digna. Tanto para la portadora del embarazo como para el producto de tal.

Independientemente de la legalidad, la realidad es que el aborto es un fenómeno innegable. Sucede sí o sí separado por completo del aspecto legal, moral, religioso y médico.

La intención del amparo presentado en Veracruz no es el incentivar el aborto. Las mujeres que se encuentran en la situación en la que tienen que decidir no lo tomarán de primera opción. No se dará un cupón de descuentos elquintoesgratis. El sentido de la legislación no busca aumentar el número de abortos, sino reducir el número de muertes por abortos clandestinos, que representa la cuarta causa principal de muertes maternas en México.

No sólo está el aspecto de integridad física, sino también de integridad emocional. Uno de los factores principales que influyen en la decisión de terminar un embarazo es el peso emocional con el que cargan estas mujeres, quienes muchas veces tendrán que atravesar este proceso solas, humilladas y manipuladas emocionalmente para sentir arrepentimiento.

La educación tanto en la escuela como en la casa sigue estando sesgada por la tradición católica mexicana. Históricamente se le ha inculcado la castidad a la figura femenina, castigando a aquellas que han tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, las relaciones sáficas y todo aquel tipo de contacto sexual que no cumpla con la función explícita de reproducción. El aborto es abominación puesto que rompe con el orden natural del patriarcado, la función principal de la mujer como objeto de perpetuación del linaje y de deseo sexual. Como sumisa al dictamen de Dios dentro del campo de batalla que es la cuerpa.

Las muertes por aborto clandestino debería ser un indicador que active una alerta de género.

En el imaginario colectivo, tenemos la idea errónea de que las mujeres que abortan no quieren tomar responsabilidad de las acciones que han cometido y, por lo tanto, la ley no debería protegerlas. Con conocimiento de causa han terminado en esa situación y deberán de pagar con ese error de manera desproporcionada, mientras que la responsabilidad de su contraparte masculina puede ejercerse o no, ¿cierto?

México no es provida, sólo odia a las mujeres. Las odia porque permite que los violadores y feminicidas salgan impunes. Porque no nos permitirá acceder al aborto seguro, legal y gratuito; en el peor —y una buena parte— de los casos culminará con nuestra muerte. Nuestro error como mujeres no es abrir las piernas, nuestro error es ser mujeres.

La maternidad forzada no preserva la vida, evita la vida digna de las mujeres. Porque muchas mujeres han tenido que desertar en sus estudios, han tenido complicaciones graves debido a la corta edad, se estanca su crecimiento tanto académico como profesional. La preservación de la vida exacerba la vulnerabilidad, sobre todo, de las mujeres en condición de pobreza.

En fin, como se ha mencionado previamente, el aborto en México existe más allá de la legalidad. Todos los años suceden un gran número abortos clandestinos y de la misma manera un porcentaje de estos culminará en la muerte.

La gran diferencia sucederá el día que el aborto no sólo se despenalice, sino que sea accesible a todas las mujeres independientemente de la razón por la que lo necesiten, de su edad, de su condición socioeconómica, del estado de la república en el que residan. Que sea seguro, legal y gratuito para todas aquellas que NO deseen ejercer su maternidad. Que ninguna mujer ni niña muera a manos de la clandestinidad, que puedan decidir no sólo sobre sus cuerpos sino por el resto de sus vidas.

Ese día, realmente será una victoria para la defensa de la vida. La vida digna.

#SeráLey

Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

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