Que Arda Todo

 

“Menos tu vientre, todo es oscuro”

-Miguel Hernández

 

Hacía ya varios días que estaba planeando un texto que aportara a la discusión sobre si deben o no existir los espacios “libres de niñas y niños”, pero hoy, tan pronto, hablar de ese tema me parece banal y fuera de lugar.

En mi Yucapost del 17 de septiembre pasado, me referí a México como el país que odia a las mujeres, exactamente 5 meses después, el desasosiego que motivó ese texto no se extinguió, más bien va en aumento. Hace dos semanas, escribía sobre las tormentas de enero, las de adentro y las de afuera, con la esperanza de que febrero ayudara un poco a calmar las aguas, pero esta montaña rusa social, no nos va a dejar bajarnos.

El 9 de febrero con alto horror, nos enterábamos del feminicidio de Ingrid Escamilla Vargas, cometido y confesado con lujo de detalle por su marido Eric Francisco Robledo Rosas. Funcionarios públicos filtraron las fotografías de la escena del crimen y la prensa irresponsable y amarillista, así como personas que conciben el feminicidio como un espectáculo, se encargaron de difundirlas. La rabia nos invadió nuevamente. La rabia que hace doler todo el cuerpo, la rabia que hace asquerosamente insoportable la voz o la letra de cualquier hombre queriéndote explicar qué es y qué no es un feminicidio, la rabia que nos hace intolerantes a las absurdas preguntas de “¿Qué hacía ella, tan jovencita, con un monstruo como él?”.

A pesar de todo, logramos organizar la rabia: para sepultar las infames fotografías, usuarios y usuarias de las redes sociales, en especial mujeres y mujeres feministas, inundamos las redes de imágenes de playas, atardeceres, gatitos, flores, tardes lluviosas, ilustraciones con motivos sororos… el nombre de Ingrid ahora vivía entre la belleza. Poéticamente, las “malvadas feministas”, habían revertido un pequeño aspecto de la imbecilidad institucional y mediática.

Vinieron protestas y represión del gobierno. En la Ciudad de México, la policía recibió con gas lacrimógeno a manifestantes el pasado viernes 14 de febrero, sacando ahora sí a relucir su agenda anti-violencia. ¿La respuesta del presidente ante la oleada de feminicidios? Un decálogo cuando menos idiota, condescendiente y en absoluto propositivo (“Se tiene que respetar a las mujeres”. Sí, ese es un punto del decálogo, por si quien lee estas líneas ha tenido la fortuna de no toparse con él). Solo nos tenemos a nosotras.

El fin de semana apareció el cuerpo torturado y asesinado de Fátima, de siete años. No habíamos terminado de llorar por Ingrid y ahora teníamos que sumar otro nombre más: Fátima de nuevo, así como la nena de 12 años que fue apuñalada 90 veces por sus vecinos, también en –febrero, pero de 2015.

Es escalofriante ser mujer en este país y el terror es exponencial cuando, además, eres madre. Mi hija, aquella que me llena la boca de sus hazañas, la cabeza con sus argumentos y el corazón con su sola existencia, es tres años menor que Fátima. Hoy la recogí en la puerta de su escuela. La abracé y la llené de besos como la primera vez que la vi, con ganas de nunca soltarla. Ella está a salvo y este privilegio de tenerla hoy conmigo, duele en el alma y en el vientre. Ninguna niña debe estar insegura en su casa, en su calle, en su escuela o en su país. Ninguna madre debería sentir el corazón destrozado al reconocer el cuerpo profanado de su criatura.

Hoy no pude escribir sobre “espacios libres de niñas y niños”, viviendo en un país que no puede garantizar que mañana, llegarán todos a decir “¡presente!” en su salón. Y mientras eso no suceda y mientras la respuesta del Estado sea una lista de 10 ideas balbuceadas por su titular desde la soberbia y la megalomanía, me uno a la solicitud de la madre de Fátima:

Que arda todo.

Soy psicoterapeuta, docente universitaria, cantora, feminista y mamá.

4 respuestas a «Que Arda Todo»

  1. Sí, defendí a los monumentos.
    Defendí a los comercios.
    Defendí los muros.
    Dije que no eran los modos.

    Pues ni los modos correctos ni los incorrectos fueron suficientes. En mi casa hay 3 mujeres, en mi familia hay 8 mujeres, en mi salón prácticamente la mitad son mujeres y viendo que no solo no se ha detenido esta ola de criminalidad sino que ha crecido me llena de coraje y miedo. ¿Y saben qué? También tengo ganas de salir a romper y quemar de rabia e impotencia por que no quiero llegar un día de estos a mi casa, con mi familia o a mi escuela y no saber dónde está alguna de ellas.

    Si las autoridades no son capaces de detener a los criminales, algo tenemos que hacer y ya para que actúen. Ya basta de pretextos estúpidos y de politizar estas desgracias, vivimos en un estado constante de terrorismo, secuestrados y con miedo.

    LOS MEXICANOS NO VIVIMOS EN PAZ, LOS MEXICANOS NO SOMOS LIBRES. LOS DERECHOS DE LOS DELINCUENTES VALEN MÁS QUE LOS DE LAS PERSONAS QUE TRABAJAMOS Y CUMPLIMOS NUESTRAS OBLIGACIONES Y PARECE QUE LOS FUNCIONARIOS PREFIEREN QUE NOS VOLVAMOS DELINCUENTES QUEMANDO Y ROMPIENDO PARA QUE NOS RESPETEN.

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