¿Onvre?

Cada vez se populariza más la utilización de la palabra “onvre”, no sólo en redes sociales – donde era más común– sino también en espacios sociales, círculos de amistades, entornos laborales y desde luego en espacios de protesta. La razón principal de su uso (extensivo y en aumento) se debe a que las precursoras de incursionar en el lenguaje con este nuevo termino son mujeres feministas.

Por el momento –y tal vez nunca– tenga un espacio preponderante si la Real Academia Española reconoce o no la palabra, porque muy seguramente se seguirá utilizando sin su “validez”. También es conveniente mencionar que: i) tampoco se requiere una licencia para comunicarse libremente de manera oral y/o escrita y ii) el lenguaje se transforma constantemente, más allá de lo que un grupo de personas pretenda reconocer como válido.

¿De dónde surge el “onvre”? Realmente es difícil saberlo, pero se popularizó en internet como una narrativa para describir ciertas conductas de hombres heterosexuales que además de machistas, resultan absurdas y a veces graciosas y ridículas. Una de las mejores explicaciones sobre el origen de este nuevo adjetivo es que al hombre se le quita la «H» de honorable, la m cambiaría a una «N» por necio y la «B» de bueno pasaría a ser una «V» por violento.

Créditos: @Karlapre *La última etapa de la evolución es figurativa y no debe entenderse literalmente, no hay hombres feminisitas. El feminismo es un movimiento de mujeres para mujeres, ningún hombre puede apropiarse o formar de su movimiento porque por más sensibilizado que esté, debe reconocer que no conocerá nunca en su totalidad los problemas y vivencias que ellas atraviesan.

¿Quién es onvre?

Aunque resuene –o moleste– y a veces se comprenda poco, cuando se habla del patriarcado se conceptualizada a las estructuras sociales, económicas y políticas que favorecen a las figuras masculinas tradicionales (hombre promedio) por encima de cualquier identidad femenina o diversa. En ese contexto, se cobija y legitima toda clase de conductas y creencias que perpetúen y manifiesten de forma directa o indirecta la satisfacción de los deseos de las figuras masculinas tradicionales.

Lo anterior –muy desafortunadamente– implica que la sociedad se ordene y actúe de acuerdo a ciertas normas conductuales (roles de género tradicionales), creando una especie de matrix machista de la cual es difícil salir, independientemente del género que tenga cada persona. Por lo anterior, si se es hombre también es muy probable que se sea onvre; siendo mujer, implica resentir la existencia de todos los onvres que se cruce a lo largo de su vida.

Entonces ¿Qué hace onvre a un onvre? Es fácil: la repetición de un modelo de masculinidad que replica conductas violentas, que ha interiorizado de los mandatos del patriarcado y que se niega a cambiar este comportamiento, a veces a propósito y a veces no. Aunque lo segundo no resta responsabilidad.

En otras palabras, a cualquier persona que nazca con genitales masculinos se le educará y socializará como hombre durante su vida, dentro y fuera del seno familiar. En ese proceso, se enfrentará a una cultura que configura y predispone a la realización de ciertos actos que van a favorecer (o inclusive exigir) un modelo de comportamiento.

Nadie quiere ser un onvre

Pareciera que la realidad indica que muchos hombres quieren ser onvres ¿Y por qué? Aunque seguramente existen muchas razones –explicadas perfectamente en estudios académicos extensivos con marcos teóricos perfectos– lo cierto es que (1) es difícil dejar de ser/hacer algo que no se ha identificado que se hace, en este caso, reproducir todas las conductas negativas que pueden realizar los hombres. (2) Hay pocos espacios de reflexión y cuestionamiento de lo masculino porque los pocos reproches sociales no logran hacer suficiente eco a nivel colectivo. De igual forma (3) algunos espacios de reflexión parten del discurso de la otredad, es decir, que otros hombres en procesos de deconstrucción más “avanzados” tienden a ver como inferiores a sus iguales, negando que todos los hombres somos socializados y muchas veces reproducimos conductas de violencia. Punto y aparte, aunque las mujeres son las más afectadas por la existencia de este tipo de masculinidad, no es su responsabilidad educar onvres y cualquier esfuerzo que hagan en este sentido es por su empatía o porque están cansadas de lidiar con muchas situaciones.

Nadie quiere ser un onvre (realmente), pero hay y habrán onvres hasta que todos los espacios de convivencia social estén configurados sin parámetros de violencia, discriminación y normalización de conductas que afecten a las personas, respetando la amplia gama de diversidad que ya existe. Es importante que, para crecer como sociedad, los hombres que ya han iniciado procesos de cuestionamiento y deconstrucción de su masculinidad tradicional, se acerquen a sus círculos familiares, de amistad y laborar para empatizar y acompañar y detonar nuevos procesos en otros hombres.

Menos onvres y más masculinidades

Hay muchas cargas (estereotipos) vinculadas a la existencia de los hombres. A pesar de que algunas sean percibidas como positivas –como la posibilidad de tener una vida sexual libre y con múltiples parejas sexuales–, tienen efectos negativos –como el distanciamiento emocional propio y poca empatía sexual con las parejas, mismas que derivan en abandonos por parte de sus parejas o relaciones sexoafectivas poco satisfactorias– que afectan a nivel individual, familiar, laboral y social.

Los hombres tienen emociones, sienten angustia, estrés, miedo, felicidad y otra gama de emociones que tienen menos valía que la “valentía”, “audacia” u “osadía” frente a otros hombres; lo cual tampoco ayuda a la salud mental. La exigencia de un modo de actuar como regla general, coacciona y limita a los individuos masculinos, moldea sus expectativas y también impone deberes que muchas veces no son compatibles con sus decisiones personales por más cotidianas que sean.

Desde luego que se puede vivir replicando las conductas que históricamente han significado una vida aparentemente sencilla y (materialmente) llena de privilegios, pero cada vez son menos los espacios donde esas conductas tienen cabida, porque todas y todos se están dando cuenta del poco sentido que tiene seguir siendo idiota y desinteresado por sí mismo y por las demás personas. Será mejor entonces, que cada hombre construya su identidad y su masculinidad de acuerdo a valores individuales y colectivos positivos, en lugar de replicar modelos que ya no se ajustan a los intereses y porvenir de las nuevas generaciones; por su bien y por el de la sociedad, menos onvres y más masculinidades positivas.

Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.