Las pirámides y los cultos del Siglo XXI

La modernidad protagónica del siglo XXI se ha caracterizado por la secularización de la vida cotidiana. A pesar de que México sigue siendo un país donde la religión no sólo permea en las formas de vida políticas sino hasta culturales, la tendencia en los últimos veinte años ha sido al alza del ateísmo. Las estadísticas en México son antiguas aún no se actualiza la base de datos del INEGI–, pero es observable el aumento de espacios vacíos para el discurso religioso.

Con la contingencia sanitaria, a raíz del coronavirus, la normalidad ha sufrido una transformación impredecible –justo hablo sobre la configuración del hogar aquí y ha sembrado en todes nosotres un sentimiento de incertidumbre. Las respuestas sobre la duración de la pandemia se sienten cada vez más distantes en Yucatán, con la implementación del toque de queda y la amenaza del cierre de la Ola 1 de reactivación económica e incompletas.

Se siente como una realidad completamente ajena el escuchar en las bocinas del súper las medidas sanitarias que se necesitan llevar a cabo para evita,r en medida de los posible,el contagio. Los meses en que pudimos abrazarnos se sienten muy lejanos.

En el espacio donde coexisten estas afirmaciones un vacío religioso y un clima poco alentador es el más vulnerable a caer en las crueles garras de los cultos.

¿Suena absurdo? Sí. ¿Lo es? Parcialmente.

He hablado ya de los cultos en esta entrada y si algo vale la pena recuperar de eso es que la idea de culto que tenemos puede estar muy sesgada por el periodismo sensacionalista.Dentro del imaginario colectivo, la idea de culto puede limitarse a las historias de terror y suicidio, como lo fueron Jonestown y Heaven’s gate. Sin embargo, la idea de culto es muchísimo más problemática en términos metodológicos y pone sobre la mesa una discusión muy importante: ¿es la época moderna verdaderamente libre de religiosidad?

El término culto es problemático en el sentido de que se presta mucho a la desinformación y al estigma. La definición común de culto se entiende como un sistema religioso y de devoción hacia una figura u objeto. Bajo esa premisa es fácil utilizar de manera imprudente el término y categorizar como culto a cualquier forma de organización que no nos agrada. Es por eso que existe el modelo BITE de Steven Hassan, donde señala los cuatro pilares de los cultos: Control de la conducta (Behaviour Control), Control de la información (InformationControl), Control del pensamiento (Thought Control) y Control de las emociones (Emotional Control).

Si bien la vida en la pandemia ha traído incertidumbre y miedo, la cienciología no ha venido a tocar tu puerta. ¿Quiénes lo han hecho? Las economías multinivel.

Por más absurdo que suene el tono de este artículo, es una realidad que en la duración de la pandemia ha habido una reconfiguración de la vida en materia económica. La recesión que viene arrastrando el país desde febrero y la bancarrota del gobierno federal han propiciado que las economías multinivel y los esquemas piramidales amplifiquen su capital social, dejando más males que los bienes que promete.

¿Cómo lo hacen? Siguiendo el modelo BITE de Hassan a partir de violencias simbólicas. Las economías multinivel tienen un determinado demográfico con una serie de características en común.

En el caso de LuLaRoe, su reclutamiento va dirigido a mujeres amas de casa y madres primerizas que, dadas las circunstancias de su nueva maternidad, se han quedado en condición de desempleo y alejadas de sus círculos sociales. A partir de la venta de los productos LuLaRoe que se ha demostrado son de mala calidad y empaquetados en formas poco sanitarias, estas mujeres construyen comunidad condicionada bajo la creencia del producto y el respeto de las jerarquías. Se les hace creer que su producto va más allá de un valor de uso práctico leggins y vestidos de estampadosino como un estilo de vida.

El producto se forja en función de las inseguridades del demográfico que busca atraer. Es por eso que en medio de la pandemia mundial es común que haya un mayor mercado de venta de productos naturistas o que prevengan enfermedades que pueden venir de las mismas ollas de tu casa. Su estrategia radica en crearte un miedo y solucionarlo a través de la ilusión de salud y emprendimiento cuando realmente los esquemas multinivel han sido comprobados como poco redituables e incluso alienantes.

La meritocracia y el mito del emprendedurismo han propiciado la existencia de este nuevo tipo de religiosidad. Una comunidad unida bajo el mismo fin de veneración de un producto y de evangelización de sus propiedades curativas y harmónicas. Que tenemos que anunciar a todes nuestresconocides (B), que van más allá del terrible big farma (I), que me cambiarán la vida y me unirán con otras personas que han descubierto la verdad (T), que me garantizará un espacio de bienestar donde mis superiores se preocupan por mi bienestar y mis ventas (E).

Los cultos del siglo XXI no tienen dioses. Tienen escalones, encuentran químicos dañinos en los rincones de tu casa y en el fondo de tus vasos. No tiene profetas, pero sí tienen CEO’s. Tienen eventos masivos, tienen olvidados al fondo de la pirámide que no sólo no recuperan sus inversiones, sino que pierden dinero.

Los testimonios son súmamente interesantes y desgarradores, desde bancarrotas hasta ostracismo de grupos sociales.

Hay que tomar todo con mucha crítica. En estos tiempos de incertidumbre somos más vulnerables que nunca a caer en cualquier cosa que pueda ofrecernos respuestas y soluciones a la infinidad de preguntas que han surgido en estos meses.

Esta va por la señora que me intentó vender moringa en el trabajo y el conocido que nos vendió ollas.

Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

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