La era está pariendo el corazón

Le he preguntado a mi sombra
A ver cómo ando, para reírme,
Mientras el llanto, con voz de templo,
Rompe en la sala regando el tiempo.

Trato. Con todo mi corazón trato, pero hay días en que la realidad resulta insoportable. Mirar desde el privilegio mi alegría, mi tranquilidad y mi paz, me asquea, me produce una sensación de incomodidad indescriptible. Pero debo decir, que también hay días en que hasta mirar desde el privilegio la propia alegría es concebir su fragilidad: Es cierto, hoy no fui yo, pero en este país que odia a las mujeres nada me puede garantizar que mañana no lo seré o tal vez mi hija, mi madre, mis primas, mis alumnas o mis más queridas amigas. Hay días en que el llanto es la resistencia aferrada a la esperanza, a veces desgastada, de que las cosas pueden ser distintas.

Mi sombra dice que reírse
Es ver los llantos como mi llanto
Y me he callado, desesperado,
Y escucho entonces:
La tierra llora.

El país que odia a las mujeres nos ha enseñado a casi todas que el llanto de las madres que encontraron a sus hijas en un baldío, o el de las que las acompañan al ministerio público a interponer una denuncia por violación sin resultados, debe ser un llanto compartido también desde la empatía, desde la ternura y desde la indignación.

La era está pariendo un corazón.
No puede más, se muere de dolor,
Y hay que acudir corriendo
Pues se cae el porvenir
En cualquier selva del mundo

Debo dejar la casa y el sillón.
La madre vive hasta que muere el sol,
Y hay que quemar el cielo
Si es preciso, por vivir…

Por cualquier niña y mujer del mundo. Mientras la seguridad y la justicia no estén garantizadas, mientras los funcionarios que no hacen su trabajo no renuncien o sean destituidos, de nada sirve que queden puertas en pie, de nada sirve que hayan edificios públicos con paredes libres de pintas incendiarias, porque ninguna piedra o pedazo de madera, con toda la historia que cargue, vale más que la vida de cualquier persona. Las instituciones que son omisas son instituciones feminicidas y los edificios que las albergan, son los mausoleos de niñas y mujeres, cuyo único pecado fue nacer en un país que las odia.

Seguramente no son esas “las formas” ¿Cuándo se conquistó un derecho pidiéndolo por favor? ¿Qué les queda a las personas cuando denuncian “según las formas” y el médico legista no aplica el protocolo?, ¿Qué toca hacer cuando se filtra la información y datos personales de la víctima que ahora teme –más por su seguridad?, ¿Qué procede cuando la instancia encargada de velar por “las buenas formas de convivencia” pierde las pruebas? ¿Cuáles son “las formas” cuando tus violadores son la autoridad que debía cuidarte?

Que se llenen las estatuas de pañuelos verdes, que se inunden las calles de consignas, de cantos y de tambores, de pezones descubiertos si así lo desean, que estalle el glitter rosado en los rostros de los señores del poder, que la poética de nuestra protesta es esa: es incómoda, pero nunca ha matado a nadie, como sí lo ha hecho su sistema inoperante.

Hoy escribo con las tripas. Hoy escribo desde la rabia como postura política. Hoy escribo con la certeza de que, si un día no vuelvo, las mujeres van a quemar el cielo si es preciso. Ahora sí: La era está pariendo un corazón.

*La era está pariendo un corazón es una canción del cantautor cubano Silvio Rodríguez escrita en 1968

Soy psicoterapeuta, docente universitaria, cantora, feminista y mamá.

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