El derecho no es para todas las personas

Ya lo decía Ducan Kennedy en su texto: “La educación legal como preparación para la jerarquía”: las facultades de derecho son un entrenamiento ideológico para servir voluntariamente a la jerarquía del Estado de bienestar empresarial.

Las escuelas y facultades de derecho, en muchas formas, son reproductoras de los sistemas de opresión e injusticia del mundo exterior. Son un modelo a escala de nuestro país: las dirigen y predominan en sus plantas docentes hombres blancos, heterosexuales y de clase alta. Reproducen y deciden ignorar la corrupción que impera en sus procesos de política estudiantil. Sus procesos internos son sumamente burocráticos e inflexibles. Permiten la interferencia de intereses políticos y limitan la libertad de expresión bajo una relación estrictamente vertical entre abogade y estudiante de derecho.

Nunca voy a olvidar que, en mi primer semestre en la facultad de derecho, un compañero hizo una pregunta a la que el profesor respondió; Sin embargo, a pesar de que el estudiante le expresó su desacuerdo de forma respetuosa, el profesor le respondió: “cuando termines la carrera y seas abogado, puedes hablar de derecho conmigo”.

Algo que nadie te dice antes de ingresar a la escuela de derecho, es que no es para todas y todes. En realidad, es para todos los hombres heterosexuales. Que la justicia no debe ser ciega, que debe responder a los sistemas de opresión y desigualdad a los que estamos inmerses. Que no vas a aprender a pensar. Que tienes que aprenderte el sistema y operar bajo él.

Nos enseñan que el derecho es formalismo puro. Desde la vestimenta a traje y corbata, o en el caso de nosotres en la península, a guayabera blanca. Que el buen abogade, es aquel que hace el lenguaje más inalcanzable. Que el buen abogade es el que litiga. Que mientras más locuciones latinas tenga tu escrito, más sabes de derecho. Que el inglés jurídico es obligatorio y el derecho de las personas indígenas es optativo. Que está bien que los homosexuales se casen porque ya lo dijo la Corte, pero no que adopten. Que el sistema de justicia penal beneficia a las mujeres y solo denuncian para arruinarle la vida a los hombres. Que los derechos humanos son idealismos.

Muchas personas hablan, señalan y hacen crítica del sistema jurídico mexicano. Es correcto. Está bien. Pero creo que hablar de una transformación al sistema jurídico, debe comenzar por transformar la enseñanza del derecho.

No es ningún secreto que en mi facultad cada elección del consejero alumno o presidente de la sociedad de alumnos, hay compra de votos. No es ningún secreto que los abogados reproducen el sistema jerárquico en sus despachos pagando una miseria mientras recorres toda la ciudad o incluso el estado para hacer sus trámites. Que la enseñanza debe costarte a ti y no a elles porque te pagan con conocimiento. Que no importa si llegas tarde a tus clases porque el derecho se aprende litigando. Que el derecho es pragmático, solemne y riguroso. Que tu opinión no importa.

Formarme bajo este tipo de enseñanza ha sido bastante confrontativo. He llegado a cuestionar mi compromiso con la carrera y sentir vergüenza del gremio al que voy a pertenecer. Que, a mis compañeres, profesoras y profesores, no les importan mis derechos como LGBT+ y mucho menos los derechos de mis compañeras mujeres.  Básicamente, que los derechos humanos son secundarios o el adorno woke de una demanda.

Debo decir que todo esto se sintió un poco menos pesado cuando encontré otro camino, el de los derechos humanos. Un camino que la mayoría de las escuelas y facultades de derecho no enseñan o lo hacen de forma optativa y pragmática. Claro, una buena enseñanza de los derechos humanos cuestiona y confronta el status quo, algo que las facultades o escuelas de derecho nunca incentivan porque se contrapone al punitivismo penal. Un camino que incluso otras profesoras y profesores hacen menos. Que une abogade o una abogada que a su vez hace activismo o litigio estratégico, no es une buen abogade o abogada. Incluso podrían referirse a elles no como abogade o abogada, sino únicamente como activista.

Nos enseñan que une no debe hablar «mal» del derecho o de su universidad, porque como dice el famoso decálogo del abogado: debes estar tan orgullose de tu profesión, que hasta tus hijes quieran ejercer el derecho. Una vez alguien me dijo “deberías defender mejor tu carrera”. Me hizo pensar mucho, pero creo que la mejor forma de amar y ejercer el derecho es señalándolo, criticándolo y cuestionándolo. Una vez, una de las mejores abogadas que he conocido dijo en clase: el derecho es la coyuntura a otras ciencias. Esa frase, para esa abogada pudo implicar poco o insignificante, pero me devolvió la fe de que otro tipo de derecho es posible. Uno en el que el derecho no lo es todo ni es incuestionable.

Ojalá este texto no se perciba como un ataque o algo personal. Al gremio de la abogacía le cuesta mucho señalar y cuestionar su práctica, porque la han puesto en un altar de glorificaciones. Porque por años ha representado estatus y poder.

Nos urge reconocer que la enseñanza del derecho es preparación para la jerarquía. Es misógino, homofóbico, transfóbico, capacitista, clasista, colonial y patriarcal. Nos urge dejar de pensar en que el derecho es formalismos absurdos en la ropa y en el lenguaje inalcanzable. Que debe ser accesible para todas las personas, sin que esto signifique abandonar el rigor académico o técnico que se requiere como disciplina. Parece simple decirlo, pero debemos hacer que el derecho sea realmente para todos, todas y todes.

Este texto fue escrito con “-e” para visibilizar a las personas no binarias o personas LGBT+ que se sienten más cómodas con esta forma del lenguaje. El derecho es una de las disciplinas que más se resiste a cambiar el masculino genérico. Claro, el hombre heterosexual lo escribió y se representó así mismo.

Tengo 22 años, a veces me considero estudiante de derecho y soy un sobreviviente diario del síndrome del impostor. Me interesa saber y escribir sobre diversidad y fiscalidad con enfoque de derechos humanos.

Todo lo politizo y me lo cuestiono a través de la empatía.

Amante del café, la NFL y la música en español.

Bi. 83

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