Decepción Electoral

El pasado domingo fue la primera vez que votaba de forma presencial en unas elecciones españolas. Si bien lo había realizado previamente desde México y por correo, la verdad es que el mecanismo en sí no era nada distinto al envío de una carta a la antigua. Ahora, el votar directamente en una mesa electoralsí que era algo novedoso para mí, haciéndome esperar con ansias la fecha de la convocatoria para poder ejercer mi voto y, a su vez, poder comparar cómo es que un país europeo elige a sus representantes. Si la forma quisquillosa de votar en México me encantaba, no podía dejar de contar los días para poder, finalmente, ver la complejidad y forma de votar en urna. Tardé cinco segundos en votar y sí, salí completamente decepcionado.

Hay que aclarar que la decepción no vino en sí derivada del acto de votar en sí mismo, sino en que la realidad fue totalmente distinta a las expectativas que yo tenía. Votar en México es casi un ritual con sus debidos ritos y pasos; por lo que quedé realmente desencantado con que nada de ello se realiza aquí. No hay líquido indeleble, no hay listas nominales con foto y no hay boletas foliadas y hechas con papel de seguridad. La palabra que usaría para describir la experiencia es simplicidad. Claro, conservando siempre las garantías electorales que un proceso así exige.

Como primer paso, antes de la urna, uno se encuentra con una mesa en donde se encuentran las boletas de los distintos partidos con sus respectivos candidatos. Significa mucho, pues al ser un sistema parlamentario, en España se eligen a partidos con listas cerradas de candidatos, por lo que, al votar, uno vota por el partidocompleto. Ya una vez teniendo los resultados, se asignan de forma proporcional y en el orden en el que estaban en la lista. En fin, uno toma la hoja del partido al que quiere votar y la introduce en un sobre, el cual debe ser cerrado posteriormente. Uno puede hacer esto en una mampara, por aquello del voto secreto, o simplemente tomar la hoja, meterla al sobre y dirigirse a la mesa en donde está la urna.

Es tal el nivel de confianza que se tiene, que las boletas están a mano de todos. Es más, los partidos políticos las suelen enviar a casa junto con la propaganda electoral. Nada de hojas foliadas, con sellos de seguridad, candados de luz ultravioleta ni papel de seguridad. Simples hojas que cualquiera podría imprimir en casa. Esto es, sin duda, una gran área en donde el costo aumenta entre un voto español y uno mexicano.

Para votar, básicamente uno hace una fila. Llega uno a la mesa y le piden a uno una identificación oficial con foto (documento de Identidad, pasaporte, licencia de manejo, etcétera). Aquí la segunda gran diferencia: mientras el ciudadano se identifique oficialmente, basta. No se necesita un documento en concreto ni mucho menos uno expedido por la autoridad electoral, misma que, por cierto, sigue adscrita al gobierno y no es un ente autónomo.

Ya que la o el presidente de la mesa confirma que quien está buscando votar es quien dice ser según su documento, se marca en una lista simple (no una lista nominal con foto y papel de seguridad, sino una hoja cualquiera con una tabla con los datos de los votantes esperados). Posteriormente, uno introduce el sobre en la urna y ya ha votado. Fin.

Cuando salí, después de dejar el voto, me sentí vacío. Estoy mal acostumbrado a la desconfianza y me sentí raro sin el líquido indeleble que gritaría a lo lejos que ya he votado en caso de querer hacerlo de nuevo. Me quedé con las ganas también de que marcaran mi documento oficial con la identificación de la elección, para igualmente no poder repetir. Nada. Si lo hubiese intentado, tampoco sería tan fácil, pero bastaría con coludirme con sólo tres personas y llenar de votos la urna (tampoco es tan simple).

 

Una de las mayores críticas del gobierno federal actual en México es el costo de las elecciones. De ahí que uno de los misiles recurrentes en contra del Instituto Nacional Electoral (INE) sea el de la poca austeridad y el supuesto derroche. Y creo que no es incorrecto decir que las elecciones mexicanas son carísimas. La cantidad de candados de seguridad hace que el costo individual se eleve en demasía, siempre gastando más en busca de acotar los posibles espacios a través de donde hacer fraude. Y justamente creo que aquí es en donde se encuentra el problema de fondo: aquí en España las elecciones son simples y baratas porque nadie tiene la intención de llevar a cabo fraude. Es tal la confianza en las instituciones y el compromiso democrático de todos los jugadores que esa posibilidad no existe. El génesis de la democracia mexicana justamente parte del miedo al fraude y de jugadores dispuestos a robarse la elección a toda costa.

¿Las elecciones son muy caras en México? Sí. ¿Hay motivos para que lo sean? Desafortunadamente, sí.México está muy lejos del nivel de institucionalidad europeo y la materia electoral no es ajena. Para rebajar el costo electoral, antes debe haber un cambio radical de los jugadores. Si sabemos que cualquiera a la menor posibilidad intentará hacer trampa, no vale la pena el relajar los mecanismos de seguridad que justamente evitan esto, en el sentido de tener un resultado electoral válido. Al final, ambos sistemas llegan a lo mismo: validan la elección democrática de un representante. Se puede realizar de otro modo, sí, pero no es el momento aún.

Extra: TODOS Y TODAS ganamos con la extradición de Lozoya y Duarte a México. Las y los ciudadanos, porque se inicia el procedimiento de la aplicación de justicia en casos evidentes de corrupción. El gobierno, porque al menos así hacen la finta de que realmente han roto con el pasado y que combaten la corrupción. ¡Nadie pierde más que los corruptos!

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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