¿Qué es en realidad lo forzado?

Ah, ya todo es forzado. La creatividad artística en el cine, la televisión y todo lo demás está siendo asesinada por agendas que vienen a forzar sus posturas en el inocente entretenimiento. Y ya no hay espacio para quienes nomás quieren disfrutar una peli sin tener que ver cosas que nada que ver.

Bueno, no. Para nada. Pero si tienes presencia en redes sociales probablemente ya escuchaste esa línea de pensar unas cuantas docenas de veces. La cosa es que es completamente errónea, y acá te explico por qué.

En el vocabulario de cine por excelencia existe el concepto de la willing suspension of disbelief, que se traduce en algo como deliberada suspensión de incredulidad. Esto es clave para comprender cómo las audiencias aceptan o rechazan como genuino lo que les ofrece el entretenimiento.

Tú y yo sabemos que el viaje espacial a la velocidad de la luz es imposible. Sabemos que en el mundo real no existen hobbits, ni anillos mágicos, ni demogorgons, ni billonarios que sean buenas personas.

Pero nos lo creemos, porque nos gusta la historia. Esa es la esencia del principio. Las audiencias aceptan una propuesta falsa, sabiendo que es falsa, en virtud de la historia siendo contada.

La suspension of disbelief debe mantenerse continuamente, o si no se rompe. No es algo de una vez y ya. Tampoco es algo que se limite a lo fantasioso. Por eso podemos fingir que exista un alienígena de Krypton con apariencia perfectamente humana que posee capacidad de volar y superfuerza, pero luego se nos hace ridículo que por unos lentes nadie pueda darse cuenta que Superman y Clark Kent son la misma persona.

Sin embargo, muchas otras veces sí nos creemos (o por lo menos aceptamos) el gran disfraz de Superman. ¿Por qué? Sí, hay justificaciones que lo presentan como algo más que “nada más se pone lentes”, pero en realidad la razón predominante es que la audiencia ya está acostumbrada a verlo así.

Lo “creíble” de una narrativa no tiene nada que ver con qué tan fiel es a la realidad. A veces, ni siquiera tiene que ver con qué tan hábiles son las personas creativas para contar una historia convincente.

Aunque definitivamente existe cierta necesidad de verosimilitud para percibir una obra como “orgánica” y no “forzada”, es la percepción de la audiencia lo que construye estas lecturas, que a su vez está principalmente alimentada por lo que se tiende a ver con frecuencia.

Hablemos de la “diversidad forzada”

Bueno, este artículo no es sobre la suspension of disbelief. Es sobre la fuerte tendencia por catalogar de “forzada” la diversidad en todos los sentidos en cualquier serie, película, videojuego o quién sabe qué.

El entretenimiento popular, así como ha establecido ciertas formas de contar historias que se nos hacen orgánicas, también ha cementado formas de retratar a la realidad y las personas que la habitan.

Nuestro remitente para lo que es aceptable no es tan racional como pensamos, sino que es producto de las ficciones que nos crían. A lo que voy: se me hace mucho más forzado ver que tantos protagonistas sean hombres cisgénero heterosexuales blancos. La vida real no es así.

Por eso una escena corta de superheroínas en Avengers: Endgame se percibe como “forzada”…

… pero una película entera protagonizada por cinco hombres blancos y una mujer blanca, como la primera entrega de Avengers, parece perfectamente natural.

Si sueles ver solo un tipo muy limitado de personajes e historias en tu entretenimiento, cualquier cosa que se desvíe de la norma va a parecer fuera de lugar, aunque sea perfectamente representativo de la enorme diversidad de identidades que existe en la realidad.

Por ejemplo: La Sirenita. A muchas personas se les hace congruente aceptar que es una princesa en una civilización acuática de humanoides con aletas, pero… ¿muy irreal que sea interpretada por una persona afrodescendiente en el remake?

Esas personas intentan justificar su desprecio basándose en que es una historia de origen danés, pero si es eso tan importante… ¿entonces por qué en la animación de Disney hay peces de apariencia tropical y un cangrejo con acento jamaiquino? Además, las sirenas como figuras folclóricas, aunque se originan en la Antigua Grecia, se solidifican en cuentos de exploraciones en aguas caribeñas.

La razón es que no se trata de que sea “realista”. Se trata de lo que la audiencia acostumbra ver, porque eso les construye su paradigma de lo aceptable. Y una Sirenita de color les rompe ese paradigma y se percibe como “forzado”, ¡sin siquiera ver la película!

Eso sí, no todas las formas de diversidad han de ser recibidas con brazos abiertos. Hay que mantener un ojo crítico hacia prácticas como tokenismo: es muy fácil para algún ejecutivo en Hollywood decir “a la chaviza de hoy en día le gusta lo inclusivo, pon un personaje latino de fondo por ahí”. Lo mismo va para el queerbaiting: a ese mismo ejecutivo se le haría muy sencillo decir “pon personajes que dan aire de ser LGBT+, pero nunca lo confirmes, así mantenemos picada a la audiencia progre sin alienar a la conservadora”.

A eso hay que agregar: las palabras con las que se criticaba el tokenismo pueden ser, de mala fe, utilizadas para criticar la diversidad en general, sobre todo cuando no son personajes centrales o su carácter diverso no sea central a la narrativa. “Parece que el estudio puso este personaje así nada más porque sí” puede venir de alguien que quiere ver más historias diversas, pero también de alguien que solo acepta personajes mujeres o pertenecientes a una minoría si vienen con un ensayo de diez páginas justificando su existencia.

No es tan simple como “no quiero personajes diversos que sean así solo porque sí, sino que tengan una historia compleja al respecto”, porque no toda la existencia de esas personas tiene que ver con su identidad y eso está bien. Tampoco es tan simple como “no me importa su género o sexualidad mientras no lo destaquen”, porque las identidades son parte de las personas y, cuando se hace con autenticidad, pueden aportar enormemente a contar historias diferentes, genuinas y cautivadoras.

Y esa es la cosa: la gente detrás de tus películas y series favoritas ha querido contar historias diversas desde siempre. Solo que los ejecutivos no les dejaban, porque pensaban que no vendía. Ahora lo están comenzando a ver como lucrativo, pero te juro que, muchas veces, la intención del lado creativo es completamente auténtica.

Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

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